Diagrama de temas
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Fundamentos históricos del sistema internacional y orígenes de las RI
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Introducción
Las Relaciones Internaciones (RI) son una disciplina académica que oficialmente surgió como consecuencia de la I Guerra Mundial, en un contexto de una profunda crisis del sistema internacional y de una creciente necesidad de diseñar mecanismos institucionales para prevenir futuros conflictos armados. Sin embargo, el estudio de los asuntos internacionales tiene raíces mucho más profundas, vinculadas a la formación de los Estados modernos, las dinámicas coloniales, los procesos de expansión imperial y los intentos de establecer una normativa universal para controlar el comportamiento estatal.
El campo de las RI ha estado históricamente diseñado a través de la perspectiva del Norte. Stanley Hoffmann (1977) estableció que las RI eran una “ciencia social americana”, refiriéndose a su desarrollo exclusivamente desde las universidades europeas y estadounidenses, bajo las categorías de interés nacional, balance de poder y soberanía. Esta geopolítica del conocimiento ha sido desafiada por intelectuales del Sur Global, quienes resaltan la necesidad de incorporar narrativas, actores y epistemologías alternativas al canon disciplinario (Acharya & Buzan, 2010). Esta clase propone un acercamiento histórico y crítico a las bases fundacionales del sistema internacional, cuestionando las narrativas universales y exponiendo las jerarquías invisibilizadas en su creación. Comprender los orígenes del sistema internacional moderno nos permite desarrollar herramientas analíticas sólidas para interpretar las dinámicas de poder, cooperación y conflicto actuales.
Decolonial
Se trata de una perspectiva crítica de las ciencias sociales que principalmente cuestiona las estructuras de poder originadas en la colonización y sus consecuencias en todos los ámbitos del desarrollo social.
Postcolonial
Es la perspectiva crítica que se centra en el período posterior a la descolonización por parte de las potencias extranjeras. Su enfoque está en el análisis de las consecuencias tanto del imperialismo como del colonialismo y se extiende a todas las ciencias sociales.
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2. Fundamentos históricos del sistema internacional y orígenes de las RI2.2 Colonialismo y construcción del orden internacional moderno
2.1 La Paz de Westfalia y el nacimiento del sistema interestatal
La Paz de Westfalia, en 1648, puso fin a la Guerra de los 30 años en Europa y es referida como el punto de partida del sistema internacional moderno. Este acuerdo institucionalizó los principios clave, tales como la soberanía estatal, la integridad territorial y la no injerencia en asuntos internos. Este modelo westfaliano estableció los fundamentos del sistema estatal contemporáneo, en donde los Estados son reconocidos como actores autónomos y racionales.
Desde una perspectiva crítica, sin embargo, la centralidad de Westfalia ha sido cuestionada. Osiander (2001) estableció que la narrativa tradicional alrededor de la Paz de Westfalia es un mito que exagera su impacto e ignora que muchos de los elementos de las relaciones entre Estados existían antes de 1648. Aún más, el modelo westfaliano no era universal: mientras que Europa acogía la soberanía estatal, muchas regiones del mundo estaban sujetas a la dominación colonial, revelando una contradicción profunda en la aplicación del principio de igualdad soberana.
Stephen Krasner (1999) también se refirió a la soberanía como un concepto que históricamente ha sido una ‘hipocresía organizada’, en donde los países poderosos han violado constantemente el principio de no intervención cuando sus intereses han estado en juego. Esta visión desafía la noción de soberanía como un valor absoluto y revela la instrumentalidad cuando se utiliza en la política internacional.
Así, aunque Westfalia representa un hito importante para comprender el orden moderno, su interpretación debe ser contextualizada y sujeta a la crítica histórica. Más allá de un punto de partida, refleja un momento de reconfiguración dentro de un proceso más amplio de construcción del sistema internacional Eurocéntrico.
Figura 1
Línea de tiempo desde la Paz de Westfalia

Nota. En esta figura se puede ver cómo se identifican los principales hitos de las relaciones internacionales desde la Paz de Westfalia hasta la II Guerra Mundial. Reproducido de: Universidad de Sonora. (n.d.). 12 Línea del tiempo [Course material]. Studocu. https://www.studocu.com/es-mx/document/universidad-de-sonora/caracteristicas-de-la-sociedad-actual/12-linea-del-tiempo/111449913 2.1.1. Contexto histórico: la Guerra de los 30 años y la fragmentación religiosa
La Paz de Westfalia se firmó en 1648, tras uno de los conflictos más destructivos de Europa: la Guerra de los 30 años. Lo que comenzó como una guerra religiosa, entre Estados católicos y protestantes del Sacro Imperio Romano Germánico, evolucionó rápidamente a una lucha política más amplia, que involucró a los Habsburgo, Francia, Suecia y otras potencias regionales. Sus consecuencias fueron devastadoras: se estima que un tercio de la población de los estados alemanes murió a causa de la violencia, las hambrunas y epidemias. Este prolongado conflicto devastó gran parte de Europa central y puso de manifiesto la necesidad de una nueva base para la coexistencia, más allá de la autoridad religiosa. Los tratados de Münster y Osnabrück, conocidos como la Paz de Westfalia, no solo pusieron fin al conflicto, sino que marcaron un giro hacia la diplomacia moderna y el reconocimiento de una pluralidad política y religiosa en Europa.
2.1.2. La soberanía Westfaliana
La Paz de Westfalia se considera tradicionalmente el origen del sistema internacional moderno basado en la soberanía estatal. Tres principios fundamentales se asocian a menudo con el ‘modelo westfaliano’:
- Igualdad soberana: Todos los Estados son jurídicamente iguales, independientemente de su poder.
- Integridad territorial: Cada Estado tiene la autoridad suprema dentro de sus fronteras.
- No intervención: Los Estados no deben interferir en los asuntos internos de otros.
Estas ideas se convertirían en la base del Derecho Internacional y de la diplomacia. Sin embargo, pronto surgieron contradicciones. Los imperios europeos, si bien afirmaban su soberanía entre sí, continuaron expandiéndose en el extranjero, negando esa misma soberanía a los pueblos colonizados. Por lo tanto, el orden westfaliano se aplicó de forma selectiva, con un carácter más normativo que universal.
2.1.3. Eurocentrismo y exclusión
El ‘orden westfaliano’ se aplicó principalmente a los Estados cristianos europeos y excluyó al resto del mundo. Si bien la soberanía se institucionalizó en Europa, en ese mismo período se produjo el auge de la expansión colonial en África, Asia y América. Los sistemas de gobierno indígenas fueron desmantelados o ignorados, y a los súbditos coloniales se les negó el reconocimiento internacional. Así, Westfalia estableció un doble rasero: soberanía para algunos, dominación para otros. Esta crítica es fundamental para la teoría de las Relaciones Internacionales (RI), que argumenta que los orígenes de la disciplina no son solo eurocéntricos sino también cómplices de la violencia imperial.
El Derecho Internacional clásico reforzó este esquema al justificar la conquista a través de doctrinas como el terra nullius o la doctrina del descubrimiento, que declaraban ‘vacíos’ los territorios de pueblos no europeos.
Este sesgo eurocéntrico no solo configuró el sistema político internacional, sino también la disciplina de las Relaciones Internacionales. Como han señalado Arlene Tickner y David Blaney (2012), los orígenes de la disciplina son cómplices de la violencia imperial porque universalizaron experiencias históricas europeas y convirtieron al resto del mundo en ‘periferia’ o en ‘casos’ de estudio. De allí que los enfoques decoloniales sostengan que el sistema internacional moderno no puede comprenderse sin reconocer que nació vinculado a la colonización y al racismo estructural.
Así, más que un punto de partida universal, Westfalia debe entenderse como un momento de exclusión fundacional, que institucionalizó la soberanía hacia adentro de Europa mientras negaba esa misma condición a la mayor parte del planeta.
2.3 Estado soberano y principio de no intervenciónEl orden internacional moderno no puede ser entendido sin considerar el rol fundamental del colonialismo. Entre los siglos XVI al XX, los poderes europeos se expandieron en su control territorial, político y económico sobre gran parte de Asia, África y Latinoamérica. Este proceso no solo rompió las estructuras locales sino que diseñó la arquitectura internacional que permanece hoy en día en forma de desigualdades estructurales.
Autores como Anibal Quijano (2000) han conceptualizado este fenomeno como la “colonialidad del poder”: una forma de dominación que no terminó con los procesos de independencia, sino que continúa operando a través de jerarquias epistémicas, económicas y raciales. La colonialidad también permeó la formación de la teoría de las relaciones internacionales, excluyendo voces, experiencias y lógicas del Sur Global.
A un nivel sistémico, el colonialismo estableció una división internacional del trabajo que permanece evidente en los patrones de la dependencia económica. El sistema estatal westfaliano, en este sentido, coexistió con un sistema imperial que negó la soberanía a la mayoría de los países del mundo. Esta contradicción ha sido enfatizada por Immanuel Wallerstein (1974) a través de su Teoría del Sistema-Mundo, en donde el centro se enriquece a través de la subordinación estructural de la periferia.
El colonialismo también construyó las representaciones culturales de las relaciones internacionales. Edward Said (1978), a través del concepto del Orientalismo, demostró cómo el Occidente construyó al ‘otro’ como irracional, exótico e inferior, legitimando la dominación moral y civilizatoria. Estas imágenes han influenciado la política internacional hasta el día de hoy, incluyendo las intervenciones humanitarias y las misiones de paz en territorio, asentadas desde una lógica paternalista.
De esta manera, la historia del colonialismo no es un capítulo cerrado sino una estructura activa, que permanece en el sistema internacional actual, manifestado a través de la deuda externa, las condiciones desiguales de comercio y la exclusión epistémica.
2.2.1. El colonialismo como una lógica de orden global
El colonialismo no fue simplemente una serie de conquistas, sino un principio estructurador global que moldeó las fronteras políticas, los flujos económicos y las jerarquías culturales. Entre los siglos XVI y XX, los imperios europeos emplearon el derecho, la violencia y la ideología para organizar el mundo en una jerarquía racializada de civilización. Conceptos como ‘la carga del hombre blanco’ o ‘misiones civilizadoras’ justificaron la dominación colonial, al tiempo que negaban a los pueblos colonizados cualquier participación en la construcción del sistema internacional. Doctrinas como el ius gentium, el terra nullius o la doctrina del descubrimiento legitimaron la ocupación y despojo de territorios habitados, al considerarlos ‘vacíos’ de soberanía legítima si no respondían a parámetros europeos de Estado o de religión cristiana.
Esta estructura tuvo efectos duraderos: las fronteras políticas trazadas por las potencias coloniales, como en la Conferencia de Berlín (1884–1885), definieron la geografía de muchos Estados actuales en África y Asia, generando conflictos y tensiones que persisten hasta hoy. En el plano económico, el colonialismo configuró una división internacional del trabajo, donde las colonias fueron especializadas en la extracción de materias primas y los centros imperiales, en la producción industrial; así se reprodujo un esquema de dependencia estructural.
En el plano cultural y epistémico, la colonización impuso la superioridad de la racionalidad occidental, deslegitimando los saberes indígenas, africanos y asiáticos. Esto consolidó lo que Aníbal Quijano denomina la “colonialidad del poder”, es decir, una forma de dominación que no desapareció con la independencia formal, sino que continúa operando en las jerarquías raciales, económicas y cognitivas del sistema internacional contemporáneo.
En consecuencia, el colonialismo debe entenderse no como una etapa superada, sino como una lógica constitutiva del orden internacional moderno, cuyas huellas se manifiestan en la desigualdad estructural entre el Norte y el Sur globales, en los patrones de dependencia económica y en la exclusión epistémica de voces no occidentales.
Figura 2
El mapa colonial del siglo XIX

Nota. En esta figura puede identificarse gráficamente el proceso imperialista y colonizatorio durante el siglo XIX, periodo de mayor expansión colonial. Reproducido de: https://www.pinterest.com/pin/311874342923496810/ 2.2.2. Dependencia y periferia
Teóricos latinoamericanos de la dependencia, como Prebisch y Frank, demostraron cómo el colonialismo creó un sistema centro-periferia que persistió hasta la era poscolonial. Las economías periféricas (colonizadas) se estructuraron en torno a la exportación de materias primas y la dependencia de las importaciones, condenándolas a ciclos de subdesarrollo estructural. Incluso después de la descolonización formal, las instituciones financieras internacionales y los regímenes comerciales mantuvieron estos patrones, a menudo mediante la deuda, las condicionalidades y el acceso desigual a los mercados.
Figura 3
Teoría de la dependencia de Raúl Prebisch

Nota. Representación gráfica de la Teoría de la Dependencia. Refleja en su círculo interior al centro del sistema y los influjos a los que está expuesto, evidenciando el poder del Norte en él. Alrededor está la periferia, la que sufre los efectos de los ‘inputs’ y ‘outputs’ de las acciones del centro. Reproducido de: https://www.instagram.com/p/DOZnWXXDP_2/ 2.2.3. La colonialidad del poder
Aníbal Quijano introdujo la idea de la ‘Colonialidad del Poder’ para explicar cómo las relaciones coloniales sobrevivieron a la independencia; él argumenta que la modernidad, el capitalismo y el conocimiento eurocéntrico continúan reproduciendo jerarquías globales. De esta manera, la colonialidad opera a través de:
- Clasificación racial: Vincular el trabajo y el valor a la raza.
- Dominación epistémica: Privilegiar la ciencia occidental y silenciar el conocimiento indígena.
- Gobernanza global: Las instituciones reflejan patrones coloniales de autoridad.
La colonialidad no es un vestigio del pasado, sino una estructura viva arraigada en las relaciones internacionales.
Figura 4
El colonialismo de forma gráfica

Nota. El colonialismo debe entederse como un sistema político y económico en el que un Estado domina y explota a otro pueblo denominado colonia. Se establece a través de la fuerza y conlleva componentes religiosos o ideológicos. Reproducido de: https://www.ecured.cu/Colonialismo 2.2.4. La resistencia y el pensamiento decolonial
Pensadores y movimientos anticoloniales, desde Toussaint Louverture hasta Fanon, han cuestionado la legitimidad del sistema internacional y exigido su inclusión. La Conferencia de Bandung (1955) reunió a los nuevos Estados independientes para promover la descolonización y la cooperación Sur-Sur. Estos esfuerzos sentaron las bases para instituciones como el Movimiento de Países No Alineados y el Grupo de los 77. Pese a la resistencia, el canon dominante de las RI ha ignorado en gran medida estas contribuciones, reforzando el argumento a favor de la descolonización de la disciplina.
2.4. Primeros debates epistemológicos en el estudio de lo internacionalEl principio de soberanía estatal, entendido como la autoridad suprema dentro de un territorio, se consolidó como norma fundacional del sistema internacional a partir de los acuerdos de Westfalia. Desde entonces, la soberanía ha funcionado como el fundamento legal y político que define la legitimidad de los Estados y su reconocimiento internacional. En estrecha relación con este principio, emerge la doctrina de la no intervención, según la cual ningún Estado puede interferir en los asuntos internos de otro.
Sin embargo, este ideal de soberanía igualitaria ha sido históricamente limitado en la práctica. Durante la era colonial, vastos territorios fueron negados como sujetos soberanos bajo la lógica civilizatoria de las potencias europeas. Incluso en el siglo XX, múltiples casos muestran la fragilidad del principio de no intervención: golpes de Estado, ocupaciones militares, guerras preventivas o intervenciones ‘humanitarias’ son todas prácticas que tensionan dicho principio (Marks, 2011).
Desde una perspectiva crítica, Hedley Bull (1977) señalaba que el sistema internacional se caracteriza por una ‘sociedad anárquica’, en la cual los Estados coexisten sin una autoridad superior, pero con normas compartidas, entre ellas, la soberanía. Sin embargo, también advertía que estas normas pueden ser manipuladas por los actores más poderosos. Por su parte, Martti Koskenniemi (2004) ha argumentado que el Derecho Internacional utiliza el lenguaje de la soberanía de forma ambigua: a veces para proteger a los débiles, otras para legitimar la intervención de los fuertes.
Hoy en día, el principio de soberanía enfrenta nuevos desafíos ante fenómenos como la globalización, la emergencia de actores transnacionales y la doctrina de la ‘responsabilidad de proteger’ (R2P), que autoriza la intervención internacional en casos de genocidio o crímenes de guerra. Esto plantea preguntas fundamentales sobre quién decide cuándo intervenir y con qué criterios, reabriendo el debate sobre los límites del poder soberano en un mundo interdependiente.
Figura 5
El principio de no intervención

Nota. Uno de los mejores ejemplos de la violación al principio de la no intervención es el embargo cubano. Reproducido de: https://www.slideshare.net/slideshow/derecho-de-injerencia-y-no-intervencion-11395104/11395104 2.3.2. Los fundamentos legales de la soberanía
El concepto moderno de soberanía se fundamenta en la teoría jurídica y política de la temprana modernidad. Pensadores como Jean Bodin y Thomas Hobbes enfatizaron la necesidad de una autoridad suprema dentro de un territorio para prevenir el desorden. Bodin, en Los seis libros de la república (1576), fue uno de los primeros en definirla como el poder absoluto y perpetuo del Estado, entendido como indivisible e ilimitado dentro de un territorio. Posteriormente, Hobbes, en Leviatán (1651), vinculó la soberanía con la necesidad de un poder central fuerte, capaz de garantizar el orden social y prevenir el caos derivado del ‘estado de naturaleza’, caracterizado por la guerra de todos contra todos.
En el Derecho Internacional, la soberanía se tradujo en la idea de que ningún actor externo puede legítimamente interferir en los asuntos internos de un Estado reconocido. Esta concepción se consolidó progresivamente en la práctica diplomática y fue reafirmada en el siglo XX con la Carta de las Naciones Unidas, en el artículo 2.7, que establece expresamente que la ONU no podrá intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados.
No obstante, la noción de soberanía también fue moldeada por contextos históricos específicos: en el siglo XIX sirvió para consolidar la independencia de los nuevos Estados americanos tras las guerras de emancipación, mientras que en el siglo XX se convirtió en bandera de los movimientos anticoloniales en Asia y África, que reclamaban el derecho a la autodeterminación frente a los imperios europeos. De esta manera, la soberanía pasó de ser un principio teórico de orden interno a convertirse en una norma fundamental de reconocimiento externo en la sociedad internacional moderna.
2.3.3. La selectividad de la no intervención
A pesar de su peso normativo, el principio de no intervención se ha violado repetidamente. Estados poderosos han intervenido en países más débiles bajo diversos pretextos:
- EE.UU. en América Latina: (p. ej., Chile en 1973, Nicaragua en la década de 1980).
- URSS: en Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968).
- OTAN: en Kosovo (1999) y Libia (2011).
La doctrina de la Responsabilidad de Proteger (R2P), adoptada en 2005, introdujo criterios humanitarios para la intervención, pero ha sido criticada por permitir nuevas formas de imperialismo bajo el pretexto de la moralidad.
La doctrina de R2P, adoptada en la Cumbre Mundial de la ONU en 2005, representó un intento de conciliar el principio de soberanía con la protección de los derechos humanos frente a atrocidades masivas. Según esta doctrina, cuando un Estado no puede o no quiere proteger a su población de crímenes de guerra, genocidio, crímenes de lesa humanidad o limpieza étnica, la comunidad internacional adquiere la responsabilidad de actuar. Esta actuación debe seguir una lógica gradual: prevención, asistencia y, en última instancia, intervención coercitiva autorizada por el Consejo de Seguridad.
Sin embargo, la R2P ha generado fuertes controversias. Sus críticos sostienen que, aunque parte de un principio humanitario legítimo puede convertirse en un instrumento selectivo utilizado por las potencias para justificar intervenciones militares con fines estratégicos, como el caso de Libia en 2011, citado frecuentemente como ejemplo de cómo la R2P puede degenerar en una nueva forma de imperialismo bajo el pretexto de la moralidad.
Además, la falta de aplicación coherente, en situaciones como las de Siria, Palestina o Myanmar, ha debilitado su credibilidad y ha reforzado la percepción de que la doctrina se utiliza de manera desigual, según los intereses geopolíticos en juego.
Figura 6
Intervención de la OTAN en Kosovo (1999)

Nota. La OTAN lanzó una campaña aérea de 78 días de duración contra la entonces Yugoslavia, después de que fracasaran numerosos intentos políticos para detener la violenta represión y los asesinatos de personas de etnia albanesa en Kosovo, empezando el 24 de marzo de 1999. Reproducido de: Author unknown. (n.d.). Kosovo: El negocio de la OTAN. Eslavia. https://eslavia.com.ar/kosovo-el-negocio-de-la-otan/ 2.3.4. Soberanía vs. gobernanza global
En el siglo XXI, la soberanía se ha visto cada vez más cuestionada por actores e instituciones transnacionales:
- Las decisiones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) pueden invalidar las leyes comerciales nacionales.
- Las normas de derechos humanos presionan a los gobiernos en asuntos internos.
- La Corte Penal Internacional (CPI) puede procesar a funcionarios estatales.
Si bien algunos argumentan que esto promueve la rendición de cuentas, otros lo ven como una erosión de la soberanía, especialmente en el Sur Global, donde la supervisión externa a menudo se impone, no se negocia.
Figura 7
El Sur Global

Nota. Esta imagen permite graficar geográficamente la territorialización del norte y el Sur Globales. Reproducido de: https://share.google/images/0KhsF3J8xqQlUNuRc 2.3.5. Soberanía como ideología
Stephen Krasner (1999) estableció la noción de que la soberanía es una “hipocresía organizada”. Los Estados la invocan cuando les conviene y la violan cuando es estratégico. La soberanía funciona más como una herramienta política que como un principio jurídico consistente. Por ejemplo, las intervenciones en Irak o Afganistán se consideraron excepciones, mientras que acciones similares de Estados más débiles serían condenadas. Esto expone la aplicación desigual de las normas internacionales y revela cómo el poder moldea la legalidad.
La constitución de las RI como disciplina académica ha estado atravesada por debates epistemológicos sobre qué tipo de conocimiento es válido, quién lo produce y desde qué lugar. Los primeros enfoques disciplinarios –como el idealismo de entreguerras o el realismo político posterior– estaban fuertemente influenciados por el contexto histórico de Europa y Estados Unidos, en particular las guerras mundiales y la Guerra Fría.
Durante el llamado Primer Gran Debate, el idealismo defendía la posibilidad de construir un orden internacional pacífico a través de instituciones, Derecho Internacional y cooperación. Sin embargo, el fracaso de la Sociedad de Naciones y el ascenso del nazismo llevaron al predominio del realismo, representado por autores como Hans Morgenthau, quien defendía una visión del ser humano como inherentemente egoísta y centrado en la lucha por el poder (Morgenthau, 1948).
Este cambio no solo implicó una transformación teórica, sino también epistemológica: se impuso una visión positivista del conocimiento, basada en la objetividad, la causalidad y la observación empírica. Esto marginó otras formas de saber, como el historicismo, el normativismo o el conocimiento situado. En palabras de Steve Smith (2002), las relaciones internacionales se convirtieron en “una ciencia social americana”, donde el conocimiento legítimo era aquel que reproducía los intereses y valores del Atlántico Norte.
Autores como Arlene Tickner y David Blaney han denunciado la “geopolítica del conocimiento” en las RI, al mostrar cómo las teorías dominantes son producidas y validadas en centros académicos hegemónicos, mientras que las realidades del Sur Global son tratadas como ‘casos’ o excepciones. Esta crítica ha hecho surgir enfoques alternativos como los Estudios , las teorías feministas y las propuestas de “teorías no occidentales de relaciones internacionales” (Acharya & Buzan, 2010).
Este debate epistemológico no solo es académico, tiene implicancias políticas, ya que los marcos desde los cuales se interpreta la realidad internacional inciden directamente en las políticas de cooperación, seguridad y desarrollo.
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