Diagrama de temas
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Enfoques críticos y debates metodológicos
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Introducción
Las teorías dominantes de las Relaciones Internacionales (RI) han priorizado tradicionalmente el análisis del comportamiento estatal, las dinámicas de poder y la cooperación institucional. Sin embargo, enfoques críticos y alternativos han desafiado estas ortodoxias al enfatizar las fuerzas estructurales, las desigualdades históricas y las exclusiones epistemológicas inherentes al sistema internacional. Esta clase presenta cuatro perspectivas críticas claves en las RI: Marxismo y Teoría de la Dependencia; Constructivismo; Poscolonialismo y Decolonialidad; y Teoría Crítica. Cada marco reorienta el estudio de la política internacional al destacar ideologías, estructuras históricas y actores desatendidos.
Los teóricos marxistas y de la dependencia se centran en la desigualdad material y la explotación de clase en el capitalismo global. Los constructivistas enfatizan la construcción social de la realidad, argumentando que las ideas, las identidades y las normas configuran el comportamiento internacional. Los académicos poscoloniales y decoloniales revelan cómo las jerarquías coloniales persisten a través de los sistemas de conocimiento, la gobernanza global y las políticas de identidad. Finalmente, los teóricos críticos, especialmente aquellos inspirados por Gramsci y la Escuela de Frankfurt, cuestionan los fundamentos ideológicos de la teoría de las RI y abogan por un cambio emancipador. Al interactuar con estos marcos, se anima a los estudiantes a reflexionar no solo sobre cómo funciona el mundo, sino también sobre los intereses de quiénes se benefician de determinadas teorías y cómo se produce y se cuestiona el conocimiento dentro de la disciplina.
Paradigma de la modernización
Es una teoría del desarrollo que conceptualiza el progreso como un proceso lineal y evolutivo mediante el cual las sociedades tradicionales evolucionan hacia sociedades modernas, industrializadas y democráticas. Enfatiza el papel del crecimiento económico, el avance tecnológico, la educación, la urbanización y la institucionalización política como impulsores claves de la modernización.
Conocimiento eurocéntrico
Se refiere a una cosmovisión o enfoque epistemológico que centra la historia, los valores, las experiencias y las categorías de pensamiento europeas como el estándar universal para comprender el mundo. A menudo margina, devalúa o ignora formas de conocimiento, historias y perspectivas no europeas.
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2.1. Marxismo y Teoría de la Dependencia en América Latina2.2. El constructivismo y el rol de las ideas y las normas
2.1.1. Materialismo histórico y sistema capitalista global
La teoría marxista ofrece una perspectiva crítica y estructural sobre el orden internacional, fundamentada en la concepción materialista de la historia. Según esta visión, las relaciones internacionales no pueden comprenderse de forma aislada, sino que forman parte de un sistema capitalista global interconectado, en el que las relaciones de clase y la explotación económica definen las dinámicas del poder global. Desde este enfoque, el Estado no es un ente neutral que representa el interés general, sino una estructura institucional al servicio de la clase dominante, que garantiza la reproducción de las relaciones de producción y la acumulación de capital, tanto dentro de las fronteras nacionales como en el plano internacional.
Autores clásicos como Karl Marx y Friedrich Engels no elaboraron una teoría de las relaciones internacionales en sentido estricto, pero sus ideas sentaron las bases para interpretaciones críticas posteriores. En el siglo XX, pensadores como Vladimir Lenin desarrollaron el concepto de imperialismo como fase superior del capitalismo, en la cual las potencias capitalistas exportan capital y dominan territorios periféricos para garantizar su expansión económica. Por su parte, Antonio Gramsci introdujo el concepto de hegemonía, aludiendo a la capacidad de una clase dominante para ejercer liderazgo no solo a través de la coerción, sino también mediante el consenso ideológico y cultural.
En América Latina, la tradición marxista fue reinterpretada en función de las condiciones históricas y estructurales de la región. Así nació la Teoría de la Dependencia, una corriente crítica que surgió en las décadas de 1960 y 1970, como respuesta a las limitaciones de la teoría de la modernización, predominante en los estudios de desarrollo promovidos desde Estados Unidos y organismos internacionales. Mientras la modernización suponía que todos los países transitaran las mismas etapas hacia el desarrollo siguiendo el modelo occidental, los teóricos de la dependencia argumentaron que el subdesarrollo no era una etapa transitoria, sino una condición estructural producida y reproducida por el sistema capitalista mundial.
Figura 1
Marxismo y dependencia

Nota. La figura ilustra que el capitalismo no está únicamente determinado por los medios de producción; los elementos históricos, sociales y culturales son parte de este constructo. Reproducido de: Instituto Tricontinental de Investigación Social. (2023). Dossier N.º 67: ¿Qué es la teoría marxista de la dependencia? https://thetricontinental.org/es/dossier-67-teoria-marxista-dependencia/?hl=es-U Pensadores como Raúl Prebisch, Theotonio dos Santos, Ruy Mauro Marini y Enzo Faletto, entre otros, sostuvieron que los países latinoamericanos ocupaban una posición periférica en la economía mundial, caracterizada por la exportación de materias primas, la dependencia tecnológica y financiera, y la vulnerabilidad frente a las decisiones de los centros de poder económico. Esta relación centro-periferia no era accidental, sino constitutiva del orden capitalista global, y explicaba por qué los intentos de desarrollo seguían reproduciendo desigualdades.
Más allá del plano económico, el pensador peruano Aníbal Quijano (2000) propuso una ampliación epistemológica de esta perspectiva al introducir el concepto de colonialidad del poder. Para Quijano, la dependencia no se limita a los factores económicos, sino que también incluye la imposición de formas de conocimiento, categorías raciales, estructuras del saber y de la autoridad, que han sido naturalizadas desde la colonización y siguen vigentes en el presente poscolonial. Esta colonialidad configura una estructura de poder global que subordina no solo a los estados periféricos, sino también a las culturas, identidades y saberes no occidentales.
Desde esta perspectiva, las relaciones internacionales no pueden analizarse únicamente en términos de interacción entre Estados soberanos, sino como una expresión histórica de las relaciones de dominación, donde el subdesarrollo, la desigualdad y la exclusión no son anomalías, sino productos sistémicos del orden global. La Teoría de la Dependencia y la Teoría Marxista Latinoamericana, por tanto, invitan a repensar críticamente las categorías dominantes de la disciplina, como desarrollo, soberanía, cooperación y seguridad.
Figura 2
Marxismo

Nota. Se puede ver a Karl Marx como máximo representante del marxismo, guiando al pueblo hacia el conocimiento en función de su propuesta teórica. Reproducido de: Velázquez, C. (2023, julio 11). Apuntes sobre la teoría marxista de la dependencia. Buzos de la Noticia. https://buzos.com.mx/noticia/apuntes-sobre-la-teoria-marxista-de-la-dependencia?hl=es-US 2.1.2. Teoría de la Dependencia: Aportes Latinoamericanos 2
La Teoría de la Dependencia representa uno de los aportes más influyentes de América Latina a la teoría crítica de las relaciones internacionales y al pensamiento del desarrollo. Esta corriente surge como respuesta a la inadecuación del , que proponía una ruta lineal y universal de progreso basada en la experiencia de las potencias occidentales. Frente a esta visión, los teóricos de la dependencia latinoamericanos desarrollaron una crítica estructural del sistema económico global, enfocándose en cómo la inserción subordinada de los países periféricos impide su desarrollo autónomo.
Entre los principales referentes se destacan Raúl Prebisch, Theotonio Dos Santos y Enzo Faletto, quienes articularon un marco teórico que analiza el subdesarrollo no como una fase transitoria, sino como una condición estructural inherente al sistema capitalista mundial.
En el marco de esta teoría, los países periféricos no son simplemente ‘atrasados’ o ‘rezagados’, sino que están integrados activamente en una estructura global jerárquica que reproduce relaciones de dependencia. Esta integración subordinada limita la posibilidad de desarrollo autónomo, impone modelos de consumo y producción foráneos, y genera vulnerabilidad ante crisis externas, como se evidenció durante la crisis de la deuda de los años 80.
En este sentido, la dependencia no es solo económica, sino que abarca dimensiones políticas, culturales y epistémicas, donde la construcción del conocimiento, la legitimidad de las instituciones y la configuración del poder están también condicionadas por el legado colonial.
Figura 3
Teoría de la Dependencia

Nota. Descripción gráfica de la perspectiva que ofrece la Teoria de la Dependencia. Reproducido de: GoConqr. (s.f.). Teoría de la Dependencia [Mapa mental]. GoConqr. https://www.goconqr.com/mindmap/6060806/teoria-de-la-dependencia Figura 4
Raúl Prebisch

Nota. Ideal. (2021, septiembre-noviembre). Economía como ideología disfrazada de ciencia. Instituto Ideal. https://institutoideal.la/economia-como-ideologia-disfrazada-de-ciencia/ El sociólogo peruano Aníbal Quijano (2000) dio un paso más allá al introducir el concepto de colonialidad del poder, que enriquece la teoría de la dependencia al destacar que el legado colonial no desapareció con la independencia formal de los estados, sino que persiste en formas de dominación que estructuran las jerarquías raciales, epistémicas y laborales en el sistema-mundo moderno.
Según Quijano, la colonialidad es la otra cara de la modernidad: mientras Europa se presentaba como centro del conocimiento y la razón, imponía un orden social global que inferiorizaba los saberes, identidades y estructuras sociales de los pueblos colonizados. Esta dominación se manifiesta en:
- Clasificación racial de la población mundial.
- Imposición del conocimiento eurocéntrico como universal.
- Subordinación de formas de trabajo no capitalistas (como servidumbre, trabajo esclavo o informal).
- Exclusión de epistemologías indígenas, africanas y populares.
2.1.3. Marxismo en las Relaciones Internacionales (RI) contemporáneas
En el contexto contemporáneo, la teoría marxista en las RI mantiene plena vigencia como marco crítico para analizar las dinámicas globales de poder, desigualdad y dominación estructural. Aunque ha sido históricamente marginada en los enfoques dominantes de la disciplina —particularmente por la hegemonía anglosajona de escuelas como el realismo y el liberalismo—el marxismo ha sido clave para cuestionar la naturaleza del sistema internacional, sus fundamentos históricos y su orientación hacia la acumulación capitalista a escala planetaria.
Uno de los conceptos centrales que el marxismo aporta al estudio contemporáneo de las RI es el de “desarrollo desigual y combinado”, formulado inicialmente por León Trotsky. Este concepto permite entender cómo regiones, pueblos y Estados se desarrollan de manera asimétrica pero interdependiente, dentro de un sistema capitalista global. Mientras unas regiones se industrializan rápidamente, otras permanecen subordinadas o se especializan en funciones marginales, como la exportación de materias primas o mano de obra barata.
Esta forma de desarrollo no es accidental ni transitoria; responde a una lógica de acumulación que se expande globalmente y profundiza la polarización entre regiones centrales y periféricas. Así, el marxismo en RI nos invita a observar la política internacional no solo como una competencia entre Estados, sino como un campo atravesado por contradicciones sistémicas, que reproducen estructuras de explotación y dominación.
Uno de los desarrollos contemporáneos más influyentes del marxismo aplicado a las relaciones internacionales es la Teoría de los Sistemas-Mundo, propuesta por el sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein (2004). Inspirado por la teoría de la dependencia y el análisis histórico-estructural marxista, Wallerstein plantea que el mundo no debe entenderse como un conjunto de Eestados soberanos aislados, sino como un sistema capitalista mundial interconectado, que funciona a través de una división jerárquica del trabajo.
En este sistema, el mundo se organiza en tres grandes zonas funcionales:
- Centro: países con economías diversificadas, tecnológicamente avanzadas y con fuerte capacidad de innovación y control financiero.
- Semiperiferia: Estados intermedios que actúan como bisagra entre el centro y la periferia, combinando características de ambos polos.
- Periferia: regiones subordinadas que proveen recursos naturales, fuerza de trabajo barata y mercados dependientes para el centro.
Esta clasificación no es estática, pero las relaciones de dependencia entre estas zonas tienden a mantenerse a través de mecanismos estructurales, tales como el comercio desigual, la inversión extranjera directa, las instituciones internacionales y las relaciones geopolíticas.
La teoría del sistema-mundo permite ver cómo el capitalismo, en lugar de unificar al mundo en términos de desarrollo y bienestar, lo ha organizado en funciones estructurales diferenciadas, que refuerzan el privilegio del centro y marginan al resto. Esto proporciona un marco útil para comprender fenómenos contemporáneos como:
- Neocolonialismo financiero y comercial
- Vulnerabilidad del Sur Global frente a crisis económicas mundiales
- Concentración del poder tecnológico, mediático y militar en el Norte Global
- Fragmentación del trabajo global
Figura 5
Sistema-mundo

Nota. Aquí el G8 ilustra el sistema-mundo en su distribución de poder. Reproducido de: Social Hizo. (s. f.). El sistema mundo. https://www.socialhizo.com/politica/el-sistema-mundo 2.3. Poscolonialismo y decolonialidad: Crítica al eurocentrismo en las RI2.2.1. Del poder material al poder ideacional
El constructivismo es una de las corrientes teóricas más influyentes del pensamiento contemporáneo en RI. Surgió en las décadas de 1980 y 1990 como una reacción crítica al materialismo ontológico dominante en las escuelas realista y liberal, que explicaban el comportamiento de los Estados principalmente en función de intereses estratégicos y capacidades materiales (militares, económicas o tecnológicas).
A diferencia de estas teorías, el constructivismo sostiene que el sistema internacional no existe como una estructura objetiva e inmutable, sino que se construye socialmente a través de significados, valores, normas, instituciones y prácticas intersubjetivas. En otras palabras, las relaciones internacionales están impregnadas de elementos ideacionales, y son tan importantes como los elementos materiales para entender el comportamiento estatal y el orden global.
En el enfoque constructivista, las ideas, valores y normas no son simplemente adornos superpuestos a la estructura material del sistema internacional, sino que son fuerzas constitutivas que moldean la identidad de los actores, sus intereses y sus comportamientos.
Esta perspectiva rompe la visión neorrealista de anarquía como una condición objetiva y peligrosa. Repasemos la célebre frase Alexander Wendt: “La anarquía es lo que los Estados hacen de ella.” Esto significa que la anarquía internacional no tiene un significado intrínseco; más bien, los Estados interpretan esa anarquía en función de su cultura estratégica, historia y relaciones mutuas. Así, un sistema anárquico puede volverse hostil, competitivo o cooperativo según los significados compartidos que los actores sociales (Estados, oenegés, organismos internacionales) le atribuyen.
Desde esta perspectiva, el interés nacional no es dado, sino que se construye a partir de la identidad colectiva de los Estados. Estas identidades no emergen en el vacío; son el producto de procesos sociales, discursos, interacciones históricas y educación política. Este análisis permite entender por qué Estados con capacidades materiales similares pueden actuar de manera muy distinta en el escenario internacional.
Otra gran contribución del constructivismo es su capacidad para explicar el cambio en el sistema internacional. Mientras el realismo tiende a asumir un sistema inmutable de competencia, el constructivismo reconoce que las normas, valores e ideas pueden transformarse con el tiempo, dando lugar a nuevas prácticas e instituciones, como por ejemplo la emergencia de la norma de ‘Responsabilidad de Proteger’ (R2P).
Estas transformaciones no pueden explicarse solamente por cálculos estratégicos o redistribución de poder, sino por cambios en las ideas predominantes sobre legitimidad, justicia y autoridad.
El constructivismo también ayuda a redefinir el concepto de poder en las RI. Mientras el enfoque tradicional enfatiza el poder duro (militar, económico), los constructivistas abren la puerta a formas ideacionales de poder, como el poder normativo, simbólico y discursivo.
Figura 6
Constructivismo

Nota. En esta figura se ilustran los pilares del Constructivismo a la luz de la propuesta de Wendt Reproducido de: Romero, G. (2015, 9 de abril). Constructivismo – Entendiendo la construcción del conocimiento | Infografía. Gesvin Romero. https://gesvinromero.com/2015/04/09/constructivismo-entendiendo-la-construccion-del-aprendizaje-infografia/ 2.4. Teoría crítica y el cuestionamiento de la hegemoníaEl enfoque poscolonial y decolonial representa una de las contribuciones más disruptivas y necesarias del pensamiento crítico del Sur Global. Estos marcos teóricos nacen de una tensión profunda: la contradicción entre la pretendida universalidad del pensamiento occidental y la persistente exclusión de otras formas de conocimiento, historia y experiencia en la construcción del orden mundial.
2.3.1. Desafiando el eurocentrismo en las RI
Las teorías dominantes en las RI —realismo, liberalismo e incluso institucionalismo— han sido tradicionalmente eurocéntricas; es decir, han formulado sus supuestos desde las experiencias históricas, políticas y filosóficas de Europa y, posteriormente, de Estados Unidos. El poscolonialismo en las RI se dedica a desenmascarar estas raíces epistémicas y a mostrar cómo esta perspectiva ha silenciado, inferiorizado o exotizado al Sur Global.
Uno de los principales referentes del pensamiento poscolonial es Edward Said, quien en su obra fundacional Orientalism (1978), argumenta que el Oriente no es un espacio geográfico neutral, sino una construcción discursiva creada por Occidente para reafirmar su propia identidad y superioridad. Según Said, esta representación transforma a Oriente en un ‘otro’ irracional, atrasado, exótico y peligroso, en contraste con un Occidente civilizado, racional y moderno. Esta dicotomía no solo ha justificado el colonialismo, sino que sigue operando en la forma en que se entienden las dinámicas internacionales actuales, desde el desarrollo hasta la seguridad global.
El legado colonial, por tanto, no es solo un hecho del pasado: está vivo en los marcos teóricos, en los currículos académicos, en las organizaciones internacionales y en las estructuras de poder global. El poscolonialismo exige confrontar ese legado y descolonizar tanto las instituciones como los saberes.
2.3.2. Acharya y las Relaciones Internacionales (RI) globales
El académico singapurense Amitav Acharya ha sido una de las voces más influyentes en los últimos años en la promoción de un enfoque más inclusivo y verdaderamente global de las RI. En su artículo Global International Relations (IR) and Regional Worlds (2014), Acharya propone un giro paradigmático: superar la centralidad de Occidente en la teoría de las relaciones internacionales y reconocer la multiplicidad de experiencias y tradiciones políticas existentes en otras regiones del mundo.
Acharya plantea que las RI, como disciplina, deben:
- Reconocer las contribuciones intelectuales del Sur Global, tanto a nivel conceptual como empírico. Esto implica recuperar tradiciones políticas e intelectuales no occidentales, como el confucianismo, el panafricanismo o el constitucionalismo andino, como fuentes legítimas de teoría.
- Repensar la universalidad: no todo lo que se origina en Occidente debe considerarse automáticamente universal. Acharya llama a cuestionar los supuestos universales y a buscar principios más contextuales y dialogantes.
- Aceptar las interacciones global-locales: las RI deben analizar cómo las normas globales son reinterpretadas, resistidas o adaptadas por los actores locales. Esto incluye prácticas como la localización de los derechos humanos o la reinterpretación de la soberanía en contextos indígenas.
- Descolonizar la teoría y la pedagogía: esto implica revisar los programas académicos, bibliografías, métodos de enseñanza y formas de evaluación, para incorporar epistemologías diversas y críticas.
Esta agenda busca avanzar hacia una ‘pluralización de las RRII’, en la que múltiples voces, tradiciones y experiencias coexistan sin jerarquías impuestas.
2.3.3. Mignolo y la desobediencia epistémica
El pensamiento decolonial latinoamericano, aunque relacionado con el poscolonialismo, tiene un desarrollo particular. Uno de sus principales exponentes es el académico argentino Walter Mignolo, quien introduce el concepto de ‘desobediencia epistémica’ como una estrategia fundamental para cuestionar el monopolio del conocimiento occidental.
Según Mignolo, la modernidad no puede entenderse sin su otra cara: la colonialidad. Mientras Europa desarrollaba ideas como la razón, la ciencia, el progreso y la democracia, simultáneamente establecía sistemas de dominación colonial, racismo estructural y jerarquías de saber. Por ello, la decolonialidad no se limita a una lucha política o económica: es, ante todo, una lucha por el derecho a pensar, interpretar y conocer desde otros horizontes civilizatorios.
La desobediencia epistémica es el acto de rechazar el saber hegemónico eurocéntrico como único marco válido y, en su lugar, reivindicar conocimientos indígenas, afrodescendientes, populares, espirituales, ancestrales y periféricos como igualmente legítimos. Se trata de desenganchar el conocimiento del proyecto civilizatorio occidental y revalorizar lo que ha sido históricamente marginado.
En diálogo con Aníbal Quijano y su concepto de colonialidad del poder, Mignolo propone que el orden mundial no solo está organizado en términos económicos o militares, sino también a través de un orden del saber que legitima unos conocimientos y subordina otros.
La teoría crítica en las Relaciones Internacionales representa una ruptura radical con los marcos dominantes que explican el mundo tal como es, sin cuestionar los fundamentos estructurales de la desigualdad y la dominación. Inspirada en el pensamiento de la Escuela de Frankfurt y desarrollada por autores como el economista canadiense Robert W. Cox, esta perspectiva plantea que toda teoría está ligada a intereses sociales y políticos y, por tanto, debe asumirse como una herramienta de transformación, no solo de explicación.
2.4.1. “La teoría siempre es para alguien y con algún propósito”
Una de las contribuciones más influyentes de Robert W. Cox (1981) es su afirmación de que: “La teoría siempre es para alguien y con algún propósito”.
Esta frase cuestiona la supuesta neutralidad de la ciencia y denuncia el carácter ideológico de las teorías dominantes en las Relaciones Internacionales, como el realismo o el liberalismo, que pretenden ofrecer modelos ‘objetivos’ o ‘universales’ del comportamiento internacional. Según Cox, estas son teorías de resolución de problemas: buscan hacer que el sistema existente funcione mejor, sin interrogar sus orígenes ni su legitimidad.
En contraste, la teoría crítica se orienta a desnaturalizar el orden establecido, a revelar sus condiciones históricas de posibilidad y a plantear alternativas emancipatorias. No se limita a describir el mundo, sino que lo interroga: ¿quién se beneficia de este orden?, ¿qué voces son silenciadas?, ¿qué otras formas de organización global son posibles?
2.4.2. Estructuras históricas y órdenes mundiales
Cox propone una metodología alternativa basada en el análisis de estructuras históricas, que combina tres elementos interrelacionados:
- Capacidades materiales. Incluyen recursos económicos, tecnológicos y militares disponibles para los actores en un momento dado.
- Instituciones. Estructuras formales e informales que organizan y legitiman el ejercicio del poder (por ejemplo, la ONU, el FMI, la OMC).
- Ideas. Visiones del mundo, ideologías, normas y valores que otorgan sentido y justificación al orden existente.
Estas tres dimensiones no operan aisladamente, sino que se refuerzan mutuamente para conformar órdenes mundiales históricos. Por ejemplo, el orden liberal posterior a la Segunda Guerra Mundial no puede entenderse sin considerar:
- La supremacía económica y militar de Estados Unidos (capacidad material).
- La creación de instituciones multilaterales como el Banco Mundial o el GATT (instituciones).
- La hegemonía del pensamiento liberal-democrático y capitalista (ideas).
Pero este orden, advierte Cox, no es natural ni eterno. Es históricamente contingente y está sujeto a transformaciones profundas a partir de luchas sociales, cambios tecnológicos o fracturas ideológicas. De ahí que la teoría crítica se interese tanto por el cambio histórico como por la posibilidad de alternativas.
Figura 7
Enfoque de la dependencia - Distribución inequitativa de la riqueza y el poder

Nota. Reproducido de: Pinterest. (s. f.). Enfoque de la dependencia [Pin]. Pinterest. https://es.pinterest.com/pin/enfoque-de-la-dependencia--934285885172788259/ Aprende más
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