La religión en el mundo contemporáneo se manifiesta en un contexto marcado por el pluralismo, la secularización y los profundos cambios sociales, culturales y tecnológicos. Aunque las estadísticas muestran que la mayoría de la población mundial sigue adscribiéndose a alguna tradición religiosa, esta pertenencia es con frecuencia de carácter sociológico o cultural, sin que necesariamente implique una vivencia personal, crítica o coherente con las creencias que se profesan.
En este escenario, la religión enfrenta tensiones y desafíos: por un lado, la pérdida de influencia social y el avance del pensamiento científico-técnico; por otro, la persistente búsqueda humana de sentido, verdad y trascendencia. Comprender la situación actual de la religión —y en particular del cristianismo— permite analizar sus transformaciones, críticas y posibilidades futuras, así como reflexionar de manera personal sobre el sentido de la vida y la respuesta que cada persona da a los grandes interrogantes de la existencia.
Secularización
Es el proceso mediante el cual la religión pierde influencia social, cultural e institucional en una sociedad, siendo progresivamente relegada al ámbito privado. Este fenómeno se asocia a una concepción del ser humano como autónomo y a una visión del mundo basada en la ciencia, la técnica y la racionalidad, lo que reduce el papel público de los símbolos y prácticas religiosas.
Catolicismo cultural
El catolicismo cultural se refiere a una forma de pertenencia religiosa basada principalmente en la tradición, la herencia cultural y la identidad social, más que en una vivencia personal y comprometida de la fe. En este tipo de religiosidad, la afiliación no siempre se traduce en prácticas coherentes ni en un compromiso ético y transformador en la vida cotidiana.
Con estadísticas y mapas podemos hacernos una idea aproximada del número de creyentes y de su agrupación geográfica. Nos referimos a creyentes desde el punto de vista sociológico, es decir, los que por costumbre o herencia cultural pertenecen a una religión sin que haya influido en dicha pertenencia una decisión personal clara. Es, por tanto, normal que muchas de esas personas no vivan de acuerdo con todas las normas externas que su religión les marca, o que, aun cumpliendo parte de ellas, sus creencias estén poco personalizadas.
Este fenómeno se da también dentro del área que cubre el cristianismo, o sea, el llamado occidente y sus zonas de influencia, principalmente antiguas colonias. Se le puede llamar «cultural-cristianismo».
Por otra parte, las encuestas o sondeos de opinión nos pueden orientar respecto a la realidad interior o porcentaje de convencimiento personal. No se trata de comprobar la ilustración de la fe en un determinado país y momento, pero no cabe duda de que los conocimientos influyen en la personalización de las creencias.
Los siguientes datos proporcionados por World Religion Database (Institute on Culture, Religion and World Affairs – Boston University) nos pueden servir de ejemplos:
Poblaciones de las religiones del mundo en 2020
Tabla
Principales tradiciones religiosas y población estimada
N.º
Tradición religiosa
Población estimada
1
Cristianismo
2.521.460.000
2
Islam
1.899.103.000
3
Hinduismo
1.090.592.000
4
Agnosticismo
744.166.000
5
Budismo
530.612.000
6
Religiones populares chinas
457.672.000
7
Religiones étnicas o tribales (principalmente en África)
288.022.000
8
Ateísmo
147.009.000
9
Nuevos movimientos religiosos (Asia)
67.463.000
10
Sijismo
29.254.000
11
Espiritismo y espiritualidad
14.805.000
12
Judaísmo
14.800.000
13
Bahāʾī
9.150.000
14
Taoísmo
8.767.000
15
Confucionismo
8.755.000
16
Jainismo
6.344.000
17
Sintoísmo
2.773.000
18
Zoroastrismo
205.000
Nota. Las cifras corresponden a estimaciones globales de población por tradición religiosa.
Cristianismo
2.521.460.000
Islam
1.899.103.000
Hinduismo
1.090.592.000
Agnosticismo
744.166.000
Budismo
530.612.000
Religiones populares chinas
457.672.000
Religiones étnicas o tribales
(principalmente en África)
288.022.000
Ateísmo
147.009.000
Nuevos movimientos religiosos
(Asia)
67.463.000
Sijismo
29.254.000
Espiritismo y espiritualidad
14.805.000
Judaísmo
14.800.000
Bahāʾī
9.150.000
Taoísmo
8.767.000
Confucionismo
8.755.000
Jainismo
6.344.000
Sintoísmo
2.773.000
Zoroastrismo
205.000
Tendencias Clave:
Crecimiento del Islam: Se proyecta que el Islam crezca significativamente, acercándose al tamaño del Cristianismo para 2050.
Cambio Geográfico Cristiano: El Cristianismo se está expandiendo en el Sur Global (África, Asia, América Latina), mientras que disminuye en Europa.
Secularización: Aunque la mayoría del mundo es religiosa, hay una tendencia global hacia un mayor secularismo en algunas regiones, como Asia y Europa, aunque la religiosidad crece en América del Norte y Oceanía.
Aprende más
Respecto a la situación del catolicismo en América Latina, nos puede iluminar algo un estudio realizado en la Pontificia Universidad Católica del Perú, el año 2024, por Carlos Piccone Carmere ¡Accede aquí!
“El catolicismo en América Latina, profundamente enraizado en la religiosidad popular, el imaginario colectivo y las prácticas culturales, enfrenta un desafío contemporáneo que trasciende las meras estadísticas de afiliación religiosa. La paradoja que surge es la siguiente: ¿cómo es posible que, a pesar de la adhesión mayoritaria a una fe basada en las enseñanzas evangélicas de Jesucristo y respaldada por una Doctrina Social de la Iglesia que promueve una opción preferencial por los pobres, centrada en principios de justicia, compasión y solidaridad, la región continúe experimentando alarmantes niveles de corrupción, desigualdad social y crisis éticas?
Según el último informe del Latinobarómetro, la afiliación católica en Perú ha experimentado una disminución notable, pasando del 90.5 % en 1995 al 66.4 % en 2023. Sin embargo, el desafío del catolicismo en América Latina no se limita a este decrecimiento estadístico, sino que radica, sobre todo, en una desconexión entre la identidad religiosa y su práctica efectiva. Los mismos datos revelan que, en 2023, solo un 8.8 % de la población se declaraba “muy practicante” y un 35.8 % se consideraba “practicante”; en otras palabras, menos de la mitad de los que se identifican como católicos participan activamente en prácticas religiosas. Este panorama no solo subraya la realidad de un fenómeno que podría describirse como (uno de los tipos de espiritualidad católica identificados por Manuel Marzal, SJ, a inicios del milenio), sino que también ayuda a resolver la aparente paradoja, formulada en el párrafo anterior, de cómo un continente mayoritariamente católico sigue enfrentando problemas endémicos sin vislumbrar un derrotero más esperanzador. Esta desconexión, en la que la afiliación religiosa no se traduce en un compromiso activo, limita la capacidad de la fe para desempeñar un papel transformador en contextos de crisis y desafíos sociales.”
Mucho se ha hablado de la crisis religiosa en el mundo actual y no siempre con la debida objetividad. Sin embargo, es un hecho que ciertas características propias de nuestro mundo someten a la religión a un proceso ambivalente: unas veces la purifican y otras la ahogan.
La más fácil comunicación de ideas y personas, junto con los avances de la ciencia y de la técnica,produce una creciente socialización e interdependencia incluso de países lejanos, plasmándose en una sociedad urbana de carácter pluralista y secularizada. En este contexto, problemas como la paz, la limitación de la energía, lasrelaciones norte-sur, la evolución de la pirámide de edades, la ecología, el sistema monetario internacional, etc., ocupan un amplio horizonte. Afirmar que nuestra sociedad es pluralista índica que nadie puede pretender con sentido el ordenar, dominar, estructurar o manipularlo todo. Sólo los estados totalitarios abrigan esta intención, sin conseguir no obstante sustraerse a la evolución, desarrollo y diversidad del resto. Este pluralismo impide que una religión pueda cumplir, como antes, su función en una sociedad: ser cementoque consolida y cohesiona a todo el entramado social, dándole un principio de identidad para todos sus miembros y legitimando el poder. Sin embargo, aunque en un determinado país pueda haber distintas religiones, solo la que tradicionalmente ha sido propia y peculiar podrá seguir cumpliendo este papel, aunque sin la efectividad de antaño. Únicamente ella formará parte de su historia anterior y de su folklore. Sus símbolos y sus ritos pertenecerán de algún modo a la comunidad nacional, a su patrimonio cultural irrenunciable.
Por otra parte, nos encontramos en una sociedad secularizada, entendiendo la como un proceso adverso a la implantación social de la religión. Esto lleva consigo una pérdida de prestigio social de sus símbolos e instituciones y una tendencia a «privatizarla», es decir, a hacerla socialmente invisible, una vez confinada en sus ámbitos y recintos propios.
La secularización es efecto de una concepción del mundo y del hombre como seres autónomos, adultos y dominadores de la naturaleza, constructores de la historia del mundo y artífices del desarrollo de los pueblos. (Calvo, 19) Todo esto es inconciliable con una concepción primitiva de dios como tapahuecos de las deficiencias humanas. Es de notar, también, que la creciente atención de los grupos religiosos por asuntos del presente, desinteresándose en cierto modo del más allá, sumada al pluralismo en materia de religión, hace que ninguna de las religiones coexistentes en una concreta sociedad pueda ya cumplir completamente el papel de integración y legitimación social que antes representaba.
La mentalidad, científica ha transmitido al hombre moderno la convicción de que sólo es verdadero lo que se puede comprobar experimentalmente. Esto puede causar cierta deshumanización al considerar exclusivamente la parte racional del hombre, ya que no sólo la experiencia religiosa, sino otras muchas son de un orden distinto, al que la ciencia experimental no puede llegar. El hombre de mentalidad cerradamente científica considerará la religión como un mero fenómeno histórico o cultural, lo cual puede dificultarle de forma notable el acceso a la fe.
Gracias a la técnica, el hombre posee una gran cantidad de poder físico capaz incluso de acabar con su propia existencia y de controlar en mayor medida que antes a la propia naturaleza. Muchos creyentes tenían una imagen de dios como explicación de los fenómenos concretos y del misterio general de las leyes cósmicas; sin embargo, el hombre técnico no precisa a dios como explicación, considerándolo como algo superfluo e inútil.
Una sociedad de producción y consumo, expresión última del capitalismo, se caracteriza por la creación de nuevas necesidades que el hombre tiene que resolver creándose otras nuevas. Este proceso origina elementos contrarios a los valores que ofrece la religión. La comodidad como valor, la despersonalización, el hombre unidimensional, el materialismo, el individualismo o la incapacitación para el sacrificio en beneficio de otros, pueden ser algunos ejemplos. Así, se puede permanecer intelectualmente creyente, pero la vida cotidiana estará regida por un ateísmo materialista práctico.
El hombre ateo era en las antiguas sociedades la excepción que confirmaba la regla. Hoy el panorama es distinto y se suele calificar al ateísmo como fenómeno de masas. No obstante, el resultado en sondeos y encuestas sobre este hecho da mayoría a las creencias religiosas, si bien, como advertíamos antes, no practicadas y poco personalizadas. El indiferentismo y el agnosticismo son expresión más frecuente en las sociedades industriales y urbanas. La falta de una adecuada información sobre el tema tiene también peso decisivo en la situación.
Tampoco podemos ignorar que las posturas tradicionalmente conservadoras de la religión y su apoyo al poder han llevado a importantes sectores, como la juventud o los obreros, a juzgar la religión desde valores sólo exigibles a la fe cristiana. En este sentido, se puede decir que la «religión cristiana» oculta el verdadero rostro de Jesús de Nazaret en múltiples ocasiones, provocando el abandono de lo que se creía verdadero cristianismo. La dinámica de progreso y la justicia no son asumibles solamente desde Jesús, sino que constituyen parte esencial de las actitudes deducibles de su mensaje.
El contratestimomo de los propios creyentes es confesado por la misma iglesia en un documento del Concilio Vaticano II: «En esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes en Cristo que, con el descuido de la educación religiosa o con la exposición inadecuada de la doctrina y también con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión» (IM, n. 19).
El marxismo, por su presencia en el mundo como grupo sociológico ateo y por recoger sistemáticamente todas las críticas a la religión, es un elemento importante en el problema.
Simplificando al máximo, lo cual lleva consigo ser inexactos, podemos decir que para el joven Marx la religión es expresión de la situación de miseria del hombre, protesta ineficaz que consagra esa miseria y consuelo ante la situación de impotencia del mismo. (Calvo,20)
La religión es el opio del pueblo. No el opio que se echa al pueblo para adormecerlo, que diría Lenin, sino el opio que se toma el pueblo para consolarse; la aspirina que sólo calma el dolor, pero no quita la infección e incluso evita que se tomen medidas para quitarla. La miseria del hombre está provocada por la mala organización social, económica y política. El Marx adulto (1845) viene a decir que la religión es fruto de la alienación radical producida por el sistema económico; éste es el que produce y manifiesta la alienación humana en lo político, lo filosófico y lo religioso. El hombre es en definitiva el que se fabrica la religión. Dios no es más que lo que el hombre es. Cuando se muden definitivamente las relaciones y condiciones de la vida laboral práctica, la religión desaparecerá.
La evolución posterior de la crítica marxista a la religión ha seguido múltiples caminos, siendo los más importantes el del marxismo-leninismo y el del marxismo occidental. No es éste el momento de entrar en ello, pero baste ver la diferencia que existe entre la persecución religiosa defendida por unos a lo expresado por el marxista español M. Azcárate: «La religión ¿es sólo opio? Pensamos que no. Es necesario profundizar más de lo que se ha hecho hasta aquí en la idea expresada por Marx en el texto citado más arriba, que presenta la religión como protesta contra el desamparo del hombre. Esta concepción se refleja en otros trabajos clásicos del marxismo. Es un aspecto fundamental sin el cual una serie de hechos históricos y actuales escaparían a nuestra comprensión» («Realidad», 5-5-65, 68).
Para el psicoanálisis de Freud, el hombre es un animal evolucionado que tiene que liberarse de sus represiones, explotando las posibilidades que se esconden en lo más íntimo de él mismo. Una traba importante es la religión, la cual no consiste más que en una ilusión infantil o, lo que es peor, en una neurosis obsesiva y universal. Dios es una ilusión fabricada por los hombres para tener seguridad y ternura.
La negación de la trascendencia para este hombre al que se reconoce inacabado y lleno de deseos es común a Marx y Freud.
Hablar del futuro con pretensiones de seriedad no es fácil; por ello recurrimos a las opiniones de personas que pueden, por sus conocimientos, aportarnos alguna luz.
El historiador británico Arnold J. Toynbee afirma: «Estoy convencido de que ni la ciencia ni la tecnología pueden satisfacer las necesidades espirituales a que todas las posibles religiones tratan de atender, por más que consigan desacreditar algunos de los dogmas tradicionales de las llamadas grandes religiones. Visto históricamente, la religión vino primero, y la ciencia nació de la religión. La ciencia nunca ha suplido a la religión, y confío en que no la suplirá nunca... ¿Cómo podemos llegar a una paz duradera? Para una paz verdadera y permanente, es una revolución religiosa, de ello estoy seguro, conditio sine
qua non. Por religión... entiendo la superación del egocentrismo, (Calvo, 21) tanto en los individuos como en las colectividades, a base de entablar relación con la realidad espiritual allende del universo y poner nuestra voluntad en armonía con ella. Tengo para mí que ésta es la única clave para la paz, pero aún estamos muy lejos de tenerla en la mano y poder utilizarla, y así, hasta que lo consigamos, la supervivencia del género humano seguirá puesta en duda».
Es ahora el teólogo Hans Küng el que opina: «Los verdaderos expertos en sociología de la religión, desde Max Weber y Emile Durkheim hasta los contemporáneos, están de acuerdo: siempre habrá, al igual que arte, también religión. Y la religión seguirá siendo, pese a todos los cambios, de capital importancia para la humanidad: sea preferentemente como factor de integración en la sociedad, en el sentido de Durkheim (pertenencia a una comunidad); sea más como elemento de orientación y valoración racional, en el sentido de Weber (instalación en un sistema interpretativo); sea directamente en favor de las relaciones personales e interhumanas, pero con formas sacrales (Thomas Luckmann, Peter Berger); sea indirectamente en favor de las instituciones y estructuras sociales conservando sus formas sacrales (Talcott Parsons, Clifford Geertz); sea, en fin, que desempeñe una función orientadora e integradora a base de formar unas élites de avanzadilla en las sociedades pluralistas (Andrew Greenley).
Los sondeos socio-religiosos hechos hasta el presente se han fijado casi exclusivamente en el material estático de la asistencia a los servicios litúrgicos y otras prácticas religiosas. Innegable es, sin embargo, la persistencia del interés por la religión en capas sociales aparentemente alejadas de ella, como ha sido recientemente ratificado por el nuevo material estadístico, en contra de algunas suposiciones y prejuicios descontrolados. El control extensivo de la religión ha remitido: la religión ejerce cada vez menos influencia directa en los ámbitos de la ciencia, la educación, la política, el derecho, la medicina y el bienestar social. Pero, ¿puede deducirse de ahí que el influjo de la religión en la vida del individuo y de la sociedad en general ha remitido en la misma medida? En lugar de control y tutela extensivos, puede darse un influjo moral más intensivo e indirecto».
Para la fe cristiana es esperanzador el proceso de mayor personalización que se observa, heroico en algunas ocasiones, que van adquiriendo ciertas comunidades. Se puede decir, sin sobrevalorar el dato, que la fe alienante y desencarnada está a la baja. (Calvo, 22)
El interrogante sobre el sentido de la vida, el por qué y el para qué puede resultar teórico y por tanto prácticamente inútil para muchas personas en determinadas situaciones. Para responder de una forma comprometida, es necesario que la pregunta sea vivenciada, provenga del interior de la persona y no se plantee como algo meramente exterior de carácter retórico o como entretenimiento filosófico o académico. No basta preguntarse quedándose fuera de la cuestión. Es preciso sentirse implicados en la pregunta. Estudiar al hombre como una cosa más de las que existen es prescindir de lo más peculiar del hombre: la conciencia de sí mismo.
Hay ocasiones y modos de ser que pueden hacer fácil que la pregunta exterior llegue a ser pregunta personal e interior. La edad y la capacidad de interiorización, o determinadas experiencias límite pueden tener mucho que ver en ello. Lo cierto es que la pregunta sólo podrá ser contestada cuando de verdad el sujeto se interroga a sí mismo. La pregunta se puede escamotear, y vivir distraídamente, pero no por ello se detiene la vida, sino que simplemente se le quita consciencia.
¿Qué sentido le estoy dando a mi vida?, ¿adónde camino de hecho?, o ¿qué sentido quiero darle a mi vida?, ¿a dónde quiero ir? son variantes de un mismo tema, aunque el punto de partida sea distinto.
Aparecimos en la vida, nos nacieron sin ninguna decisión nuestra y de hecho seguimos viviendo, caminando, pero... ¿hacia dónde? El hombre es un ser inacabado y por tanto lleno de deseos que anda sin descanso y espera llegar, pero... ¿a dónde?
¿De dónde sacar la contestación? ¿Qué o quién me puede ayudar a responder? ¿Cómo han llegado otros a darse contestación? ¿Existe una respuesta objetiva y evidente? ¿O realmente el hombre y su existencia es un misterio sólo abordable desde la fe y el convencimiento sin demasiados argumentos externos? ¿Creer que sí, creer que no, creer que qué sé yo»? ¿Puede ayudar la ciencia o tal vez las ideologías o quizá las religiones?
¿Es Jesús respuesta para nosotros? ¿Por qué? ¿Qué hacer? ¿Cómo aceptamos sus valores?