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Jesucristo y aprendizajes vitales v2
Aula Base 2026-01
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Dios Uno y Trino: El Padre resucita al Hijo con el poder del Espíritu
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1. EL FRACASO DE JESÚS
Juzgado y condenado legalmente, excomulgado por los religiosos de su pueblo, expulsado y rechazado por sus compatriotas, Jesús queda absolutamente solo en su estrepitoso fracaso. Pero hay más: Dios tampoco parece defender su causa. Hasta él lo ha abandonado. San Marcos pone en boca del crucificado agonizante las palabras del Salmo 22: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
2. LO INESPERADO
Sin embargo, inesperadamente las cosas cambiaron. Los discípulos dispersos se congregaron y una especie de «explosión inicial» puso en marcha la iglesia.
La incredulidad inicial, la obstinación, las dudas, las burlas, la resignación y el miedo no pudieron impedir esta confesión: «Dios ha resucitado a este Jesús, de lo que somos testigos todos nosotros» (Hch 2, 32). La actitud reservada y crítica que se mantiene al principio y, sobre todo, la disposición a morir si fuese preciso por mantener la verdad de esta experiencia, hablan en favor de la credibilidad de los discípulos.
Pero ¿qué se quiere decir al afirmar que Jesús ha resucitado?
3. EL CONCEPTO DE RESURRECCIÓN
No estará de más recordar que no se trata de un retorno a la vida anterior para disfrutarla con la misma calidad que antes tuvo, y al cabo de cierto tiempo morir definitivamente, como podría ser el caso del resucitado Lázaro. Jesús no solamente vive, sino que ha sido exaltado, ya no muere más y la calidad de su vida es, valga la frase, infinita y plena.
Figura 47
La tumba vacía al amanecer

Nota. Representación artística del sepulcro vacío de Jesús, signo central del anuncio pascual y de la victoria de la vida sobre la muerte (cf. Mt 28, 1-10; Jn 20, 1-9). Imagen de uso pedagógico. Lo que se atestigua es que Jesús ha superado la muerte y la limitación de la necesidad, para vivir en la libertad con una forma de vida plena en calidad y cantidad. Ha sido exaltado, ha ascendido a la derecha de Dios, ha sido glorificado: son otras tantas maneras de decir que ha resucitado.
Él es por tanto el primer nacido de entre los muertos (Col 1, 18; 1 Cor 15, 20) y el comienzo de una nueva creación o mundo nuevo. Por lo sucedido en él, saben los hombres que sus esperanzas más profundas pueden tener y tendrán cumplimiento.
4. CÓMO SUCEDIÓ
La resurrección de Jesús no es un hecho histórico en el sentido en el que lo son otros datos de su vida terrena en Palestina. Quienes saben lo que es la investigación histórica comprenden que la resurrección no se puede comprobar con argumentos históricos.
Histórica es, sin embargo, la fe pascual de los primeros discípulos, es decir, su convicción subjetiva refrendada por su disposición a dar la vida si fuera preciso para mantener que Jesús vive. Recordemos que mártir significa «el que atestigua» y que fueron muchos los que lo hicieron a costa de su eliminación física.
Sin embargo, los apóstoles no proclamaban la resurrección del Señor como una mera convicción personal o como una conclusión que ellos habían sacado de los acontecimientos vividos. La anunciaban como un acontecimiento real que le había sucedido a Jesús, y que probaba claramente que él era el Cristo. Su credo más corto queda encerrado en esta palabra: Jesucristo. Su interpretación de los hechos ha llegado hasta nosotros, pero la verdad del contenido de sus afirmaciones no podemos conocerla por métodos históricos. ¿Cómo llegaron los discípulos a esta convicción?
5. LOS TESTIMONIOS ESCRITOS
Dos son los modelos para hablar de Jesús después de su muerte empleados por la iglesia primitiva: uno, el de la exaltación o glorificación y otro, el de la resurrección. Los dos tienen el mismo contenido, pero resaltan diferentes aspectos.
En el esquema de glorificación, se usa el simbolismo de lugar: Jesús pasa de una existencia abajo en la tierra a otra arriba en el cielo. Así se subraya la distinción entre la vida terrena de Jesús y su vida gloriosa. Las cartas a los filipenses y las primeras a los corintios y tesalonicenses usan este esquema. San Lucas habla en dos lugares distintos de la ascensión de Jesús a los cielos (Lc 24, 50-53 y Hch 1, 9-11) y sorprende en sus divergencias entre los dos textos. Es evidente que Lucas no ve ninguna contradicción entre sus dos versiones, porque su interés se centra en el tránsito de Jesús desde este mundo al mundo de Dios, que es un proceso invisible relatado en forma de arrebato visible. Su interés es fundamentalmente teológico y de contenido más que de narración.
En el esquema de resurrección, el simbolismo usado es el del tiempo: Jesús pasa de una existencia anterior a su muerte a otra distinta después de ella. Se pone el acento en que el crucificado es la misma persona que ha resucitado.
Dos son también los puntos de apoyo en los que los discípulos basan su cambio de actitud: el sepulcro vacío y las apariciones. Nadie vio la resurrección. A lo largo de los discursos de los apóstoles contenidos en el libro de los Hechos y entre las reflexiones de algunas cartas de san Pablo se hallan unas fórmulas, muy cortas, que llamamos confesiones de fe. Son textos anteriores a la composición de los evangelios. La más destacada de estas confesiones de fe la encontramos en la Primera carta a los Corintios: «Os transmití ante todo lo que yo había recibido: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, y que fue sepultado y que ha sido resucitado al tercer día, según las Escrituras, y que se apareció...» (1 Cor 15, 3-5).
6. EL SEPULCRO VACÍO
Figura 48
El sepulcro vacío al amanecer

Nota. Representación artística del interior del sepulcro vacío de Jesús al amanecer, símbolo del anuncio pascual y de la victoria de la vida sobre la muerte (cf. Mt 28, 1-6; Jn 20, 1-9). Imagen con fines educativos. Esta tradición se debió formar en Jerusalén. La predicación allí no hubiera sido posible si el cuerpo de Jesús se hubiese podido encontrar todavía en el sepulcro. Ningún adversario en polémica con los cristianos negó este punto. Unos afirmarían que lo habían robado los apóstoles o ladrones de tumbas, pero nadie niega que el sepulcro está vacío.
Sin embargo, ningún evangelista utiliza el sepulcro vacío como prueba de la resurrección de Jesús. El dato es ambiguo. Únicamente a partir de las apariciones concedidas a testigos escogidos, el sepulcro es un signo o indicio que habla a todos y los invita a la fe, pero no conduce todavía a ella. La fe en la resurrección no tuvo su origen en el descubrimiento del sepulcro vacío, ni en el testimonio de las mujeres, sino en las apariciones a los apóstoles.
7. LAS APARICIONES
Cualquiera que los lea con detenimiento, observará que es imposible armonizar los distintos relatos de apariciones; quizá por ser tradiciones que circulaban de forma autónoma no pueden ser unidas sin una cierta violencia literaria. Los relatos no pretenden ser una crónica periodística, sino afirmar que Jesús se ha dejado ver por sus discípulos. Con ellos, los discípulos querían expresar que ellos experimentaron un encuentro con Jesús vivo después de su muerte. Ellos han tenido esta experiencia personal. ¿En qué consistió exactamente?
Figura 49
Aparición del Resucitado a los discípulos

Nota. Representación artística de la aparición de Jesús resucitado a sus discípulos, manifestación pascual que confirma la victoria sobre la muerte y fortalece la fe de la comunidad (cf. Lc 24, 36-43; Jn 20, 19-23). Imagen con fines educativos. La redacción de los evangelios nos la presenta como una presencia real y carnal de un Jesús que come, camina, dialoga e incluso es tocado por ellos. Un Jesús que lleva siempre la iniciativa. Él se deja ver y a los discípulos sólo les queda el reconocerle. Aunque no podamos precisar el carácter concreto de esta experiencia, el hecho de distinguir entre los que han visto y por eso creen y aquellos que creen sin haber visto confiere a las apariciones una realidad distinta de la mera visión imaginativa o la simple experiencia interior. No es la fe de la primera comunidad la que crea o inventa la resurrección, sino la resurrección la que se encuentra en la base de esa misma fe.
8. QUÉ SIGNIFICA PARA NOSOTROS HOY
Jesús posee un significado determinante para nosotros porque resucitó. La hierba no creció sobre su tumba. Si no hubiera resucitado, nuestra fe no tendría ningún contenido y seríamos los más alienados de todos los hombres. Así razona Pablo en el capítulo 15 de su Primera carta a los Corintios. Pero sólo por la fe podemos conocer nosotros el hecho de la resurrección.
La resurrección nos dice que el rostro de Dios, que presentó Jesús, es el auténtico, y que su causa es la causa del hombre y, más en concreto, la de los pobres. Así no es un sinsentido vivir y morir para los otros y para Dios, como lo hizo Jesús de Nazaret. El verdugo no triunfa sobre la víctima, ni el mal sobre el bien, ni la muerte sobre la vida.
La piedra que desecharon los constructores resultó ser la piedra angular. El reino que no pudo concretarse por el rechazo ambiental ha tenido ya una completa realización al menos en la persona de Cristo llegado a plenitud y portador de una liberación completa y, como tal, gracia de Dios. Es la realización de la utopía humana ahora en Jesús como primicia y luego en todos como total cumplimiento (2 Cor 4, 14). Las más hondas aspiraciones del hombre se pueden cumplir y se cumplirán. Hay alguien que ha vencido ya la limitación humana. Un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia son posibles (2 Pe 13). El hombre conoce cuál es su meta. No la posee en la realidad todavía, pero ya ia tiene en esperanza.
Por su resurrección, Jesús continúa animando entre los hombres su lucha liberadora. Todo crecimiento verdaderamente humano, todo lo que signifique auténtica justicia en las relaciones sociales, todo lo que implique aumento de vida constituye una forma de actualizar y anticipar la resurrección y de preparar su plenitud futura.
Jesús es el Cristo, el que el hombre necesita. Jesús es la palabra que da sentido a la existencia. Jesús es el único camino.
9. LA DIVINIDAD DE JESUCRISTO Y LA TRINIDAD DEL ÚNICO DIOS
Figura 50
La Santísima Trinidad en gloria

Nota. Representación artística de la Santísima Trinidad: el Padre y el Hijo en comunión, con el Espíritu Santo simbolizado en forma de paloma, rodeados de ángeles. La escena expresa el misterio central de la fe cristiana y la revelación plena del amor trinitario. Imagen con fines educativos. Aunque diversos pueblos antiguos consideraban que sus reyes eran seres divinos, era a todos evidente que no es posible identificar un ser humano, por más importante que sea, con Dios omnipotente. Por eso no nos debe extrañar que, en vida de Jesús, jamás se le hubiera dicho que él se identificaba con Yahveh, el Dios de Israel.
Lo que sí se dio en época de Jesús, es que, para referirse a Dios, Jesús lo llamara “Padre” y nos enseñara que a Dios lo debemos llamar “Padre nuestro”. Según el evangelio de Juan, precisamente por esta razón los judíos buscaban matar a Jesús, “pues no solo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su padre, haciéndose igual a Dios” (Jn 5,18). Esta afirmación del carácter divino de Jesús aparece también en otros textos del evangelio de Juan, escritos después de la resurrección de Jesús. Así, en el primer versículo de este evangelio se dice sobre Jesús: “Al principio era el Logos, y el Logos estaba en Dios y el Logos era Dios” (Jn 1,1), y luego, en el capítulo 10 se pone en boca de Jesúa las siguientes afirmaciones: “Yo y el Padre somos una sola cosa” (Jn 10,30) y “el Padre está en mí y yo en el Padre” (Jn 10,38)
Luego de la muerte y resurrección de Jesús, los evangelios nos transmiten afirmaciones claras de fe en la divinidad de Jesús, como cuando el centurión exclama “éste es el Hijo de Dios” (Mc 15,39) y, más claramente, cuando Tomás se dirige a Jesús resucitado como “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28); lo que humanamente era impensable, Aquí hay que observar que no solo el título de Dios tiene una dimensión “divina”, sino el mismo título de “Señor” (Kyrio), con el que en la versión griega del Antiguo Testamento se designaba a Yahvéh, el Dios de Israel.
Pablo, el primer teólogo de la Iglesia, en su himno en la carta a los Filipenses, proclama a Jesucristo como “Señor”, verdadero Dios y verdadero hombre:
“Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús, quien existiendo como Dios, no se aferró a su condición de Dios, sino se anonadó, tomando la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y en la condición humana, se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte, una muerte de cruz; por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, la tierra y las regiones subterráneas, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil 2,5-11).
En la carta a Tito no se vacila en llama a Jesús nuestro “gran Dios y Salvador” (Tito 2,13).
10.- EL ESPÍRITU SANTO
Para graficar la acción de Dios en el mundo, la Biblia nos presenta al Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, por el cual, desde el primer momento, Dios se hacía presente en el mundo (cf. Gn 1,2). También en el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo se hace presente en la encarnación del Hijo de Dios (cf. Lc 1,35), en el bautismo de Jesús en el Jordán (cf. Lc 3,22) y en toda su obra pública (cf. Lc 3,16), en la muerte de Jesús (cf. Lc 23,46) y en el envío de los discípulos para que anunciaran el Evangelio (cf. Hch 2,4 y Jn 20,22), es decir, en el nacimiento de la Iglesia.
En ningún momento el Espíritu Santo es concebido como un enviado de Dios, sino como Dios mismo que actúa. Se trata del amor de Dios en acción, que procede del Padre y es enviado a través del Hijo, para llenar del amor de Dios todo cuando existe. Él se derrama sobre los seres humanos, para perdonar nuestros pecados y transmitirnos la vida y el amor de Dios; para hacernos partícipes de su misma vida y amor.
11.- LA TRINIDAD DEL ÚNICO DIOS
La fe cristiana tiene una peculiaridad; ciertamente creemos que solo hay un Dios, pero al mismo tiempo creemos que ese único Dios, infinito y eterno, es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo, como un triple modo de ser del amor de Dios.
Hubo en los primeros siglos teólogos que pensaron que el único Dios simplemente se “manifestaba” a veces como Padre, como Hijo o como Espíritu (herejía modalista). La Iglesia, como pueblo de Dios, no aceptó que el ser Padre, Hijo y Espíritu fueran simplemente tres “modos de manifestarse” el único Dios, sino afirmó que el único Dios, siendo amor infinito, “es” a la vez “Padre” que nos crea y da la vida, “Hijo” que nos salva asumiendo nuestra naturaleza humana y haciéndonos partícipes de su naturaleza divina, y “Espíritu Santo”, como la misma vida y amor de Dios, que se ha volcado hacia nosotros. La Iglesia ha expresado esto confesando un solo Dios en tres personas distintas (subsistencias o modos de ser): Padre, Hijo y Espíritu (cf. Mt 28,19). No se trata de una explicación filosófica de cómo debe ser Dios, sino de la experiencia cristiana de que el Dios que nos ha revelado Jesús es a la vez Padre, Hijo y Espíritu.
Anexo:
La fe de la Iglesia ha sido expresada en el “Símbolo Atanasiano” (escrito en las Galias, a finales del siglo V):
3. La fe católica consiste en adorar un solo Dios en la Trinidad y la Trinidad en la Unidad. 4. Sin confundir las personas, sin dividir la sustancia, 5. Ya que una es la persona de Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo. 6. Pero una es la divinidad del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, igual la gloria y coeterna la majestad. 7. Como el Padre, así el Hijo, y así el Espíritu Santo. 8. Increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo. 9. Inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo. 10. Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo; 11. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, 12. Como no son tres increados, ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. 13. Del mismo modo, es todopoderoso el Padre, todopoderoso el Hijo y todopoderoso el Espíritu Santo. 14. Y, sin embargo, no son tres todopoderosos, sino un solo todopoderoso. 15. Como el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios; 16. Y, no obstante, no son tres dioses, sino un solo Dios. 17. Como el Padre es Señor, el Hijo es Señor, y el Espíritu Santo es Señor; 18. Y, sin embargo, no son tres señores, sino un solo Señor, 19. Porque, así como la verdad cristiana nos obliga a confesar que cada Persona individualmente es Dios y Señor, del mismo modo la religión católica nos prohíbe decir que hay tres dioses y tres señores.
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Clase 10 – Dios Uno y Trino: El Padre resucita al Hijo con el poder del EspírituDescargar
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“El Padre resucitó al Hijo con el poder del Espíritu, y en esa victoria nos reveló que el amor es más fuerte que la muerte.”
— Síntesis teológica de la fe pascual cristiana
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