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Jesucristo y aprendizajes vitales v2
Aula Base 2026-01
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La causa de los pobres. Los milagros y la observancia del sábado
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De entre todos los bloques literarios del Nuevo Testamento este es el que sigue suscitando hoy las reacciones más encontradas. Unos lo ven como algo tan sublime que resulta irreal, y es imposible contar con él a la hora de tomar decisiones realistas. Otros, tratando de reivindicar la tierra y la vida, se enfrentan de manera hostil a estas proclamas como si fuesen la más clara negación de los valores por ellos defendidos. De cualquier modo, el tema es interesante en sí, ya que se habla de la felicidad y todo hombre está interesado en ella.
Lo que las bienaventuranzas piden es una toma de postura. No es aceptable el convertirlas en un bello poema o en un objeto de museo que se admira y no se usa.
Por otra parte, en las bienaventuranzas se nos muestra el Dios de Jesús como especialmente diferente del dios de la filosofía o de las religiones. El Dios de la biblia interviene en la historia y toma partido en favor de los pobres. El dios de la filosofía y de las religiones, por una pretendida neutralidad que supone un efectivo y real apoyo a los poderosos, no manifiesta preferencia alguna. Es este un punto diferenciador y, como tal, de examen para que el discípulo de Jesús distinga con claridad a qué divinidad está adorando.
1.- LOS TEXTOS DE LAS BIENAVENTURANZAS.
Respecto al sermón de la montaña, es admitido que no se trata de la transcripción de un discurso de Jesús, sino que más bien son frases y palabras del Señor separados en el lugar y en el tiempo de su pronunciación y unidos después para enseñanza de los nuevos cristianos que no habían conocido físicamente a Jesús. Queda por ello en símbolo o en mero nexo literario de unión el detalle de que se pronunciasen en un monte, como dice Mateo, o en una llanura, como dice Lucas.
Figura 39
El sermón de la montaña

Nota. Representación artística de Jesús proclamando las bienaventuranzas ante sus discípulos y la multitud (Mt 5, 1-12). Imagen con fines educativos. Dos son las versiones que han llegado hasta nosotros: la de Mateo y la de Lucas. Las dos han tenido como fuente la misma tradición, pero contienen diferencias de forma y de fondo. Las comunidades a las que cada evangelista se dirigía estaban en distinta situación y sus respectivos escritos tratan de explicarlas y aplicarlas de la manera más conveniente en cada caso.
2.- LAS BIENAVENTURANZAS SEGUN SAN LUCAS
La versión que nos da Lucas es seguramente la más antigua y parece coincidir más con el estilo verbal del mismo Jesús. La proclamación habría tenido lugar en una llanura y el texto nos da cuatro bienaventuranzas seguidas de cuatro maldiciones (Lc6, 20-26). En otro lugar de su obra se incluven seis maldiciones más repartidas por igual entre fariseos y escribas (Lc11, 42-52).
En cuanto al contenido, se puede decir que la felicidad o bienaventuranza de que Lucas habla es ya presente (¡felices ahora!) y es aplicable a los pobres y perseguidos, entendiendo por tales a los que lo son físicamente: no tienen bienes materiales, tienen ham-bre de pan y son perseguidos por las autoridades de forma policial. Se habla de los que social y económicamente son pobres o indigentes en sentido material. No aparece desde luego ninguna alabanza a la pobreza, que se ve como un mal que deshumaniza al hombre. Se afirma que son felices ahora, que tienen suerte ahora y no se expresa un deseo de que la tengan o se asegura que la tendrán en el cielo o el día del juicio. No se dice tampoco que los pobres estén más capacitados para ser felices o que sean más agradecidos o éticamente mejores. Los pobres, como todos, tienen valores y contravalores. El motivo que se da es un hecho objetivo: su obreza. Es verdad que el rico fácilmente se hace materialista, olvida a sus hermanos y queda absorbido por el ídolo del tener, acumulando sin necesidad y poniendo su confianza en el dinero, pero también el pobre tiene que seguir el camino de Jesús.
Lucas no dice lo que tiene que hacer el pobre, sino que asegura que Dios desea un mundo con unas relaciones de justicia y, por ello, los que han acogido el reino, lo que creen en él, han de ponerse de parte del pobre y hacer causa común con sus justos deseos de salir de la pobreza. Los pobres están de enhorabuena, no porque la pobreza sea un bien que haya de ser conservado, sino porque los que sigan a Jesús se pondrán de su parte y les ayudarán a vencer y salir de su situación.
Se cuestiona por tanto a la comunidad de discípulos, a la iglesia, para que tenga como principal punto de compromiso la solidaridad con los pobres y perseguidos. La bienaventuranza puede quedar frustrada, no por equivocación de Jesús, sino porque sus seguidores pretendan ser cristianos sin sumarse a la causa de los pobres. Aquí tendrán un test de autenticidad.
3.- LAS BIENAVENTURANZAS SEGUN SAN MATEO
Figura 40
Las bienaventuranzas según el Evangelio de Mateo

Nota. Ilustración catequética de las nueve bienaventuranzas en el contexto del sermón de la montaña. Adaptado para uso académico. San Mateo, que nos coloca el discurso como pronunciado en un monte (¿el nuevo Sinaí?), presenta nueve bienaventuranzas (Mt 5, 3-12). En otro lugar hace constar siete maldiciones contra los escribas y fariseos (Mt 23, 13-21). Peculiar es en Mateo la coletilla que añade a la primera bienaventuranza: «pobres de espíritu». Quizá ella nos sirva para comprender mejor que Mateo no se refiere a las mismas personas que Lucas. No todos los pobres son pobres de espíritu». Las bienaventuranzas de Mateo no se refieren a unas simples situaciones objetivas externas, como en el caso de Lucas, sino que requieren una actitud interior. Desde luego que para Mateo no son pobres, y por tanto no lo pueden ser «de espíritu», ni los austeros, ni los desasidos, ni siquiera los que solidaría y fraternalmente luchan por la causa del pobre. Todo esto es positivo, pero no es el objeto de la bienaventuranza. Para ser pobre de espíritu se requiere en primer lugar ser económicamente pobre. Se requiere además una actitud de abandono en manos de Dios. Hay que evitar que a los pobres se les quite lo único que tienen en propiedad exclusiva: el nombre. Pobre es el que padece unas carencias materiales involuntariamente.
El evangelio de Mateo, que es sobre todo un manual de vida cristiana que los catequistas usaban en su función de instruir en la fe a los nuevos convertidos, da a las bienaventuranzas esta orientación catecumenal.
Para Mateo, las bienaventuranzas son señal y signo de la nueva vida de los creyentes; por ello las transforma, les da profundidad y crea otras nuevas. Pide ser pobre incluso de espíritu, no imponerse a los demás (ni económica, ni psicológica ni ideológicamente), no aprovecharse de los otros. No se habla ya aquí de los hambrientos de pan, sino de los que tienen hambre y sed de justicia, es decir, de los que desean desde lo más profundo de su interior que los hombres lleguen a su plenitud, y por tanto que este mundo, sus relaciones y estructuras caminen en esa dirección. Se entiende por justos, en este caso, a los que han amado hasta el fin a sus hermanos pequeños en la tierra. Todos éstos y los perseguidos por causa de Jesús y su justicia tienen ya el talante de la nueva sociedad.
Hay además en Mateo tres bienaventuranzas nuevas que hablan de los misericordiosos, los limpios de corazón y los constructores de la paz. El misericordioso representa al que es solidario «a fondo perdido» y perdona siempre como y porque Dios perdona. El limpio de corazón es aquel que, esforzándose por superar la religiosidad de las formas externas (Mt 23), consigue una nitidez y transparencia que se expresan como aceptación del misterio de Dios y servicio absoluto hacia los otros, mantiene los ojos abiertos al sentido de la vida y puede ser capaz de descubrir a Dios desde la tierra. El que pone los fundamentos de la paz no es el meramente pacífico, sino aquel que se empeña en edificar un mundo nuevo donde los hombres se acepten mutuamente, donde se ayude a los pequeños, donde se ofrezca a todos la posibilidad de realizarse. Esto lleva consigo un cambio de estructuras y de formas de relación y valoración.
Todas las actitudes enumeradas como facetas o ángulos distintos del talante de los que pertenecen al reino no se entienden como meros sentimientos internos, sino que requieren un compromiso práctico y eficaz con el necesitado dándole el propio ser y el propio tener, es decir, volcándose en su ayuda. Así, como el samaritano de la parábola (Lc10, 25-37), se puede llamar a los demás hombres «hermanos».
4.- EL ESPIRITU DEL SERMON DE LA MONTAÑA
En las bienaventuranzas encontramos en primer lugar una llamada a un nuevo tipo de relación interhumana mediante la superación de la agresividad. Hay en ellas también un anuncio revolucionario contra el infortunio vigente, que se juzga injusto, y una proclamación esperanzada de que la dicha vendrá con la justicia del reino. Incluyen, como se puede ver, lo que hoy se llama una «utopía». Las bienaventuranzas son también la irrupción ya presente del amor de Dios que hace justicia al pobre, no mediante la venganza, sino por medio de la acción bienhechora. Es una actuación en la misma historia que habrán de realizar los hombres y que, más allá de la historia, llevará a la consumación la intervención directa de Dios. Como exhortaciones a un talante muy determinado de solidaridad y superación de la agresividad, no se pueden entender más que desde el amor y la utopía. No se trata de ascetismo, autodominio, imperturbabilidad o paz, como podría corresponder al budismo. Tampocotienensu raízen unamística pesimista del hombre como pecador nato, que ha de sufrir para pagar sus culpas.
Las bienaventuranzas son sobre todo el rostro de la auténtica iglesia que ha de expresar en la historia el espíritu de Jesús.
5.- LOS MILAGROS EN LOS EVANGELIOS
Los milagros ocupan un lugar importante en los evangelios y forman parte esencial del anuncio del Reino de Dios realizado por Jesús. No se presentan como hechos aislados o espectaculares, sino como signos que revelan la cercanía salvadora de Dios y la liberación integral de la persona.
En el lenguaje bíblico, los milagros no se describen principalmente como rupturas de las leyes naturales, sino como signos, acciones poderosas o gestos significativos. Su finalidad no es provocar admiración, sino suscitar fe y mostrar que Dios actúa en favor del ser humano.
5.1. Los milagros en la mentalidad del tiempo de Jesús
En el mundo antiguo, enfermedad, pecado y marginación estaban estrechamente relacionados. La curación de un enfermo implicaba no solo la recuperación física, sino también la reintegración social y religiosa. Los milagros de Jesús deben entenderse desde este contexto.
Figura 41
Curación de un enfermo por Jesús

Nota. Representación artística de un milagro de curación realizado por Jesús, signo de la restauración integral de la persona (Mc 1, 40-45). Figura 42
Milagro sobre la naturaleza

Nota. Escena ilustrativa de un milagro sobre la naturaleza, que manifiesta la autoridad de Jesús sobre la creación (Mc 4, 35-41). 5.2. Tipos de milagros en los evangelios:
En los evangelios se distinguen diversos tipos de milagros:
- Curaciones de enfermos
Figura 43
Curación de un paralítico

Nota. Representación del relato evangélico de la curación del paralítico, signo de perdón y restauración social (Lc 5, 17-26). - Expulsiones de demonios
- Milagros sobre la naturaleza
- Resurrecciones
Todos ellos tienen en común la restauración de la vida y la dignidad humana.
5.3. El sentido teológico de los milagros
Los milagros no son pruebas matemáticas de la divinidad de Jesús. Son signos del Reino de Dios que ya está actuando en la historia. Revelan la compasión de Jesús, su cercanía a los pobres y excluidos, y su autoridad sobre el mal.
La fe no nace del milagro, sino que el milagro presupone la fe o la suscita. En muchos relatos evangélicos, Jesús insiste en la confianza personal como condición para la curación.
5.4. Los milagros y el seguimiento de Jesús:
Los milagros no pueden separarse del llamado a la conversión y al seguimiento. Quien reconoce en ellos la acción de Dios está invitado a cambiar de vida y a comprometerse con la causa del Reino.
Los milagros en los evangelios son signos liberadores que anuncian un mundo nuevo. Más que hechos extraordinarios, son gestos de amor que manifiestan quién es Jesús y cuál es el proyecto de Dios para la humanidad.
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Clase 8 – La causa de los pobres y los milagros de JesúsDescargar
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“Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios.”
— Evangelio según San Lucas 6, 20
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