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Jesucristo y aprendizajes vitales v2
Aula Base 2026-01
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Responsabilidad con la naturaleza y medio ambiente
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Introducción
La encíclica Laudato Si propone una reflexión profunda sobre el cuidado de la casa común, recordando que la naturaleza es un don de Dios que debe ser protegido y respetado por todas las personas.
Frente a la crisis ecológica global, el papa Francisco llama a desarrollar una conciencia responsable que promueva estilos de vida sostenibles, el respeto por la creación y el compromiso con el bienestar de las futuras generaciones.
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Como material base para esta unidad, se propone el resumen de una síntesis preparada por la diócesis de Vitoria (España): LAUDATO SI: UNA SÍNTESIS: https://diocesisvitoria.org/wp-content/uploads/2015/06/Laudato-Si-Sintesis.pdf
Como una segunda posibilidad, en caso de que el docente los juzgue mejor, se pone como anexo un artículo que lleva el título de “EL MEJOR RESUMEN DE LAUDATO SI”, preparado por Christopher Rice, del movimiento “Laudato Si”: https://laudatosimovement.org/es/
LAUDATO SI: UNA SÍNTESIS (resumen de una síntesis preparada por la diócesis de Vitoria: https://diocesisvitoria.org/wp-content/uploads/2015/06/Laudato-Si-Sintesis.pdf)
La Encíclica toma su nombre de la invocación de san Francisco, «Laudato si’, mi’ Signore», que en el Cántico de las creaturas que recuerda que la tierra, nuestra casa común, «es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos» (1). Nosotros mismos «somos tierra (cfr Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está formado por elementos del planeta, su aire nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura» (2).
«Esta hermana protesta por el daño que le hacemos por el uso irresponsable y el abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella» (2). Su gemido, unido al de los pobres, interpela nuestra conciencia «a reconocer los pecados contra la creación» (8).
La respuesta adecuada a esta consciencia es la que San Juan Pablo II llamaba «una conversión ecológica global» (5). En este recorrido, San Francisco de Asís «es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. […] En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.» (10).
INTRODUCCIÓN: Los seis capítulos de la encíclica “Laudato Si” del Papa Francisco.
La Encíclica Laudato si’ se desarrolla en torno al concepto de ecología integral, como paradigma capaz de articular las relaciones fundamentales de la persona: con Dios, consigo misma, con los demás seres humanos y con la creación. Como explica el Papa mismo en el n. 15, este recorrido inicia (cap. I) por la escucha de la situación a partir de los más recientes conocimientos científicos disponibles hoy, para «dejarnos interpelar en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual que sigue»: la ciencia es el instrumento privilegiado a través del que podemos escuchar el grito de la tierra.
El siguiente paso (cap. II) retoma la riqueza de la tradición judeo-cristiana, sobre todo los textos bíblicos y la elaboración teológica basada en ellos. El análisis se dirige después (cap. III) «a las raíces de la situación actual, para entender no sólo los síntomas, sino también las causas más profundas».
El objetivo es elaborar las bases de una ecología integral (cap. IV) que, en sus distintas dimensiones, comprenda «el lugar específico que el ser humano ocupa en este mundo y su relación con la realidad que lo rodea».
Sobre esta base, el Papa Francisco propone (cap. V) una serie de líneas de renovación de la política internacional, nacional y local, de los procesos de decisión en el ámbito público y de iniciativa privada, de la relación entre política y economía y entre religiones y ciencias, basadas en un diálogo transparente y honesto.
Finalmente, sobre la base de la convicción de que «todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo», el cap. VI propone «algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana».
Cada capítulo afronta una temática propia con su método específico, pero a lo largo de la Encíclica hay algunos ejes temáticos que se retoman y enriquecen constantemente: «la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida» (16).
En el centro del recorrido de la Laudato si’ encontramos este interrogante: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?” (160). El Papa Francisco prosigue: “Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario”, sino nos lleva a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y los valores que fundamentan la vida social”: ¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué vinimos a esta vida? ¿para qué trabajamos y luchamos? ¿para qué nos necesita esta tierra? Si no nos planteamos estas preguntas de fondo –dice el Pontífice– no creo que nuestras preocupaciones ecológicas obtengan efectos importantes” (160).
Está claro que después de la Laudato si’, el examen de conciencia –instrumento que la Iglesia ha recomendado siempre para orientar la propia vida a la luz de la relación con el Señor– deberá incluir una nueva dimensión que considere no sólo cómo se ha vivido la comunión con Dios, con los otros y con uno mismo, sino también con todas las creaturas y la naturaleza.
I. LO QUE LE ESTÁ PASANDO A NUESTRA CASA (17-61)
Figura 53
Laudato Si’: El cuidado de la casa común

Nota. Imagen representativa de la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco (2015), dedicada al cuidado de la creación y a la responsabilidad ética, social y espiritual frente a la crisis ecológica global. La escena integra la figura del Papa con un entorno natural, simbolizando el llamado a la conversión ecológica y al compromiso con la casa común. Imagen con fines educativos. El capítulo primero asume los más recientes descubrimientos científicos en materia ambiental como modo para escuchar el grito de la creación, “atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar” (19). Se afrontan así “varios aspectos de la actual crisis ecológica” (15).
1.Contaminación y cambio climático Contaminación, basura y cultura del descarte (20-22) El clima como bien común (23-26)
2.La cuestión del agua (27-31)
3.Pérdida de biodiversidad (32-42)
4.Deterioro de la calidad de la vida humana y decadencia social (43-47)
5.Inequidad planetaria (48-52)
6.La debilidad de las reacciones (53-59)
7.Diversidad de opiniones (60-61)
II. EL EVANGELIO DE LA CREACIÓN (62)
Para afrontar la problemática ilustrada en el capítulo anterior, el Papa Francisco relee en el capítulo segundo los relatos de la Biblia, ofrece una visión general que proviene de la tradición judeo-cristiana y articula la «tremenda responsabilidad» (90) del ser humano respecto a la creación, el lazo íntimo que existe entre todas las creaturas, y el hecho de que «el ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos» (95).
1. La luz que ofrece la fe (63-64)
2. La sabiduría de los relatos bíblicos (65-75)
3.El misterio del universo (76-83)
4. El mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado (84-88)
5. Una comunión universal (89-92)
6. Destino común de los bienes (93-95)
7. La mirada de Jesús (96-100)
La sabiduría de los relatos bíblicos: en la Biblia, el relato de la creación es central para reflexionar sobre la relación entre el ser humano y las demás creaturas, y sobre cómo el pecado rompe el equilibrio de toda la creación en su conjunto. «Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Según la Biblia, las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado» (66). La tierra es un don, no una propiedad; nos fue entregada para administrarla, no para destruirla.
Una comunión universal: «creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde» (89). Esto no significa ni divinizar la tierra, ni negar la preeminencia del ser humano en la creación. Por ello mismo «no puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos» (91).
El destino común de los bienes: «la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos» y quien posee una parte, está llamado a administrarla respetando la «hipoteca social» que pesa sobre cualquier forma de propiedad (93).
«El destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas» (99). «De ese modo, las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud» (100).
III. LA RAÍZ HUMANA DE LA CRISIS ECOLÓGICA (101)
El capítulo tercero presenta un análisis de la situación actual «de manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas» (15), en diálogo con la filosofía y las ciencias humanas.
1. La tecnología: creatividad y poder (102-105)
2. La globalización del paradigma tecnológico (106-114)
3. Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno (115-121) El relativismo práctico (122-123) La necesidad de defender el trabajo (124-129) La innovación biológica a partir de la investigación (130-136)
Figura 54
Investigación científica y cuidado de la biodiversidad

Nota. Imagen representativa de investigación biotecnológica aplicada al estudio y conservación de especies vegetales. Las manos con guantes sostienen una muestra vegetal en una placa de Petri, simbolizando el vínculo entre ciencia, innovación y responsabilidad ambiental en el cuidado de la biodiversidad. Imagen con fines educativos. La globalización del paradigma tecnológico: la mentalidad tecnológica dominante concibe toda la realidad como un objeto ilimitadamente manipulable. Es un reduccionismo que afecta a todas las dimensiones de la vida. La tecnología no es neutral. Adopta «ciertas elecciones acerca de la vida social que se quiere desarrollar» (107). El paradigma tecnocrático domina también la economía y la política; en particular «La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito. [...] Pero el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social» (109). Confiar sólo en la técnica para resolver todos los problemas supone «esconder los verdaderos y más profundos problemas del sistema mundial» (111), visto que «el avance de la ciencia y de la técnica no equivale al avance de la humanidad y de la historia» (113). Es indispensable una «valiente revolución cultural» (114) para recuperar los valores.
El relativismo práctico: es la consecuencia del antropocentrismo desviado: «todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos». Esta lógica explica «cómo se alimentan mutuamente diversas actitudes que provocan al mismo tiempo la degradación ambiental y la degradación social. [...] Cuando es la cultura la que se corrompe y ya no se reconoce alguna verdad objetiva o unos principios universalmente válidos, las leyes sólo se entenderán como imposiciones arbitrarias y como obstáculos a evitar» (122-123).
IV. UNA ECOLOGÍA INTEGRAL (137)
El núcleo de la propuesta de la Encíclica es una ecología integral como nuevo paradigma de justicia, una ecología que «incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea» (15). Porque no podemos «entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida» (139). Esto vale para todo lo que vivimos en los distintos campos: en la economía, la política, en las distintas culturas –especialmente las más amenazadas- y hasta en todo momento de nuestra vida cotidiana.
Hay un vínculo entre cuestiones ambientales y cuestiones sociales y humanas que no puede romperse. «Hoy el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma» (141); por lo tanto, es «fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental» (139).
1. Ecología ambiental, económica y social (138-142)
2. Ecología cultural (143-146)
3. Ecología de la vida cotidiana (147-155)
4. El principio del bien común (156-158)
5. La justicia entre las generaciones (159-162)
Figura 55
“Todo está conectado”: 10 años de Laudato Si’

Nota. Ilustración conmemorativa del décimo aniversario de la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco (2015–2025). La imagen integra elementos de la naturaleza, energías renovables y diversidad humana alrededor del planeta Tierra sostenido por manos, simbolizando la interconexión entre creación, humanidad y responsabilidad ecológica, en sintonía con el principio “Todo está conectado” (LS, 91). Imagen con fines educativos. Ecología ambiental, económica y social: todo está conectado. Tiempo y espacio, componentes físicos, químicos y biológicos del planeta forman una red que no terminamos de entender. Los conocimientos fragmentados y aislados deben integrarse en una visión más amplia, que considere «interacción entre los ecosistemas y entre los diversos mundos de referencia social» (141) e invierta también a nivel institucional, porque «la salud de las instituciones de una sociedad tiene consecuencias en el ambiente y en la calidad de vida humana» (142).
Ecología cultural: «la ecología también supone el cuidado de las riquezas culturales de la humanidad en su sentido más amplio» (143). Hace falta integrar la perspectiva de los derechos de los pueblos y de las culturas con el protagonismo de los actores sociales locales a partir de la propia cultura, con una «especial atención a las comunidades aborígenes» (146).
El principio del bien común: la ecología integral «es inseparable de la noción de bien común» (158); en el mundo contemporáneo, en el que «donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos», esforzarse por el bien común significa tomar decisiones solidarias basadas en «una opción preferencial por los más pobres» (158).
La justicia entre las generaciones: el bien común atañe también a las generaciones futuras: «no se puede hablar de desarrollo sostenible sin una solidaridad entre las generaciones» (159), pero sin olvidar a los pobres de hoy, a los que queda poco tiempo en esta tierra y que no pueden seguir esperando.
V. ALGUNAS LÍNEAS DE ORIENTACIÓN Y DE ACCIÓN (163)
El capítulo quinto afronta la pregunta sobre qué podemos y debemos hacer. Los análisis no bastan: se requieren propuestas «de diálogo y de acción que involucren a cada uno de nosotros y a la política internacional» (15), y «que nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo» (163). Para el Papa Francisco es imprescindible que la construcción de caminos concretos no se afronte de manera ideológica, superficial o reduccionista. Para ello es indispensable el diálogo, término presente en el título de cada sección de este capítulo: «Hay discusiones sobre cuestiones relacionadas con el ambiente, donde es difícil alcanzar consensos. [...] la Iglesia no pretende definir las cuestiones científicas ni sustituir a la política, pero invito a un debate honesto y transparente, para que las necesidades particulares o las ideologías no afecten al bien común» (188)
1. El diálogo sobre el ambiente en la política internacional (164-175)
2. El diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales (176-181)
3. Favorecer debates sinceros y honestos (182-188)
4. Política y economía en diálogo para la plenitud humana (189-198)
5. Las religiones en el diálogo con las ciencias (199-201)
Las religiones deben entrar en «un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de una red de respeto y de fraternidad» (201), así como un diálogo entre las ciencias ayuda a superar el aislamiento disciplinar. «También se vuelve necesario un diálogo abierto y amable entre los diferentes movimientos ecologistas» (201). El camino del diálogo requiere paciencia, ascesis y generosidad.
VI. EDUCACIÓN Y ESPIRITUALIDAD ECOLÓGICA (202)
Figura 56
Cuidar la casa común: responsabilidad compartida

Nota. Imagen simbólica que representa el compromiso humano con el cuidado del planeta. Las manos sostienen un globo terráqueo rodeado de hojas verdes, evocando la responsabilidad ética, social y ambiental en la protección de la biodiversidad y el desarrollo sostenible. La escena expresa la interdependencia entre humanidad y naturaleza. Imagen con fines educativos. El último capítulo va al centro de la conversión ecológica a la que invita la Encíclica. Las raíces de la crisis cultural son profundas y no es fácil rediseñar hábitos y comportamientos. La educación y la formación siguen siendo desafíos clave: «todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo» (15); esto atañe a todos los ambientes educativos, en primer lugar «la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis» (213).
1. Apostar por otro estilo de vida (203-208)
2. Educación para la alianza entre humanidad y ambiente (209-215)
3. La conversión ecológica (216-221)
4. Gozo y paz (222-227)
5. Amor civil y político (228-232)
6. Los signos sacramentales y el descanso celebrativo (233-237)
7. La Trinidad y la relación entre las criaturas (238-240)
8. La Reina de todo lo creado (241-242)
9. Más allá del sol (243-246)
Apostar por otro estilo de vida: a pesar del relativismo práctico y de la cultura consumista, «no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan [...] No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. A cada persona de este mundo le pido que no olvide esa dignidad suya que nadie tiene derecho a quitarle» (205). «Cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante en la sociedad» (208).
Amor civil y político: «Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo» (230), así como existe una dimensión civil y política del amor: «El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad» (231).
Más allá del sol: Al final nos encontraremos frente a la infinita belleza de Dios: «La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados» (243). Nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quitan el gozo de la esperanza, porque «En el corazón de este mundo sigue presente el Señor de la vida que nos ama tanto» (245) y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos. Laudato si’.
Anexo:
“El mejor resumen de Laudato Si” por Christopher Rice | Jun 15, 2022. https://laudatosimovement.org/es/
¿El mejor resumen de Laudato Si’? Hay muchas opciones.
Pero para ser claros, la mejor manera de entender completamente Laudato Si’ y las enseñanzas del Papa Francisco no es leyendo un resumen de Laudato Si’; es leyendo y estudiando la carta encíclica de 184 páginas. Para comprender realmente los mensajes del Papa Francisco, tendrás que leer Laudato Si’ más de una vez.
Pero también puede ser útil revisar un resumen de Laudato Si’ de vez en cuando y recordar cómo el Papa Francisco, basándose en miles de años de doctrina católica, nos llama a todos a vivir nuestra fe cuidando nuestra casa común.
A continuación, el Movimiento Laudato Si’ ha recopilado un puñado de útiles resúmenes de Laudato Si’ que, puestos en práctica, te ayudarán a llevar la encíclica del Papa Francisco a la vida en tu comunidad.
También compartimos nuestro propio resumen de Laudato Si’ sobre qué es la Laudato Si’, por qué esta encíclica es tan importante, y cómo podemos llevar la Laudato Si’ a la vida.
- Resumen de Laudato Si’ – ¿Qué es Laudato Si’?
Laudato Si’ es una encíclica del Papa Francisco publicada en mayo de 2015. Se centra en el cuidado del entorno natural y de todas las personas, así como en cuestiones más amplias de la relación entre Dios, los seres humanos y la Tierra. El subtítulo de la encíclica, «El cuidado de nuestra casa común», refuerza estos temas clave.
Una encíclica es una carta pública del Papa que profundiza en la doctrina católica sobre un tema, a menudo a la luz de los acontecimientos actuales. Laudato Si’ se dirige a «cada persona que habita este planeta» (LS 3). Por lo tanto, se ofrece como parte de un diálogo continuo dentro de la Iglesia Católica y entre los católicos y el mundo en general.
- ¿Qué significa Laudato Si’?
El título de una encíclica suele extraerse de las primeras palabras del documento. Es decir, las encíclicas no reciben un título temático, sino que se nombran por su frase inicial, que suele sugerir un tema principal de la obra.
Las primeras palabras de Laudato Si’ son en italiano y se traducen como «alabado seas». Forman parte de una cita del «Cántico de las criaturas» de San Francisco de Asís que abre la encíclica en la que el santo alaba a Dios meditando sobre la bondad del sol, el viento, la tierra, el agua y otras fuerzas naturales.
La elección de este pasaje para comenzar Laudato Si’ es un recordatorio de cómo las personas de fe no sólo deben respetar la Tierra, sino también alabar y honrar a Dios a través de su compromiso con la creación.
- Resumen de Laudato Si’: ¿Cuáles son las principales secciones de Laudato Si’?
Laudato Si’ está dividida en seis capítulos, cada uno de los cuales puede leerse en una sesión de 20 a 30 minutos. La encíclica completa está disponible en el sitio web del Vaticano.
El primer capítulo, «Lo que le está pasando a nuestra casa común», resume el alcance de los problemas actuales relacionados con el medio ambiente. Entre los temas tratados se encuentran la contaminación, el cambio climático, la escasez de agua, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad global.
El segundo capítulo, «El Evangelio de la Creación», se basa en la Biblia como fuente de conocimiento. Los relatos de la creación del Génesis se interpretan como una orden de cultivo responsable y protección de la naturaleza. Los intentos pasados de justificar el dominio absoluto del hombre sobre otras especies «no son una interpretación correcta de la Biblia» (LS 67). El mundo natural se presenta además como un don, un mensaje y una herencia común de todos los pueblos.
«Capítulo 3: Raíz humana de la crisis ecológica» explora las tendencias sociales y las ideologías que han causado los problemas medioambientales. Entre ellas se encuentran el uso irreflexivo de la tecnología, el impulso de manipular y controlar la naturaleza, la visión de los seres humanos como algo separado del medio ambiente, las teorías económicas de enfoque estrecho y el relativismo moral.
El «Capítulo 4: Una ecología integral» presenta la principal solución de la encíclica a los actuales problemas sociales y medioambientales. La ecología integral afirma que los seres humanos forman parte de un mundo más amplio y pide «soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales» (LS 139). Mientras que el estudio de los ecosistemas es bien conocido en la ciencia de la ecología, la ecología integral amplía este paradigma para considerar las dimensiones éticas y espirituales de cómo los seres humanos deben relacionarse entre sí y con el mundo natural, basándose en la cultura, la familia, la comunidad, la virtud, la religión y el respeto por el bien común.
«Capítulo 5: Algunas líneas de orientación y acción» aplica el concepto de ecología integral a la vida política. Pide acuerdos internacionales para proteger el medio ambiente y ayudar a los países de bajos ingresos, nuevas políticas nacionales y locales, una toma de decisiones inclusiva y transparente, y una economía ordenada al bien de todos.
Por último, el «Capítulo seis: Educación y espiritualidad ecológica» concluye la encíclica con aplicaciones a la vida personal. Recomienda un estilo de vida centrado menos en el consumismo y más en los valores intemporales y duraderos. Pide una educación medioambiental, la alegría por el entorno, el amor cívico, la recepción de los sacramentos y una «conversión ecológica» en la que el encuentro con Jesús lleva a una comunión más profunda con Dios, con los demás y con el mundo de la naturaleza.
- ¿Cómo se relaciona Laudato Si’ con la doctrina católica del pasado?
El Papa Francisco no es el primer Papa que aborda cuestiones medioambientales. El Papa Juan Pablo II enseñó en numerosas ocasiones sobre el deber de custodiar la naturaleza. Por ejemplo, en su encíclica Centesimus Annus de 1991, Juan Pablo II escribió sobre la naturaleza como un don de Dios y la necesidad de que los seres humanos cooperen con Dios para promover el florecimiento correctamente ordenado del medio ambiente (CA 37). Además, la Centesimus Annus esbozó una conexión entre la ecología natural y la «ecología humana» (CA 38), anticipando el concepto de ecología integral de la Laudato Si’. El Papa Benedicto se hizo eco de estas mismas enseñanzas durante su papado, por ejemplo, en su encíclica Caritas in Veritate de 2009 (véase CV 48-52).
Tal y como se expone en Laudato Si’, su visión de un enfoque integrado de la preocupación por todas las personas y el medio ambiente tiene sus raíces en las Escrituras y en la historia del pensamiento católico, en particular en la tradición de la Doctrina Social Católica, que se remonta a finales del siglo XIX. Además, los eruditos y activistas católicos han hablado abiertamente de la conexión entre las cuestiones sociales y medioambientales durante muchos años.
Lo singular de Laudato Si’ es que el Papa Francisco desarrolla y amplía ampliamente estos temas de forma muy destacada, dedicando toda una encíclica al tema en un momento en que el mundo entero también se está comprometiendo activamente en la búsqueda de la sostenibilidad medioambiental.
- ¿Qué dice Laudato Si’ sobre el cambio climático?
El cambio climático es uno de los temas más destacados asociados a Laudato Si’, porque la encíclica habla en detalle del imperativo moral de abordarlo y porque la amenaza de la crisis climática se ha agravado desde la publicación de la encíclica.
Laudato Si’ afirma el «consenso científico muy sólido» de que el cambio climático está ocurriendo, así como la evidencia de que la actividad humana es el principal motor de este calentamiento (LS 23). El cambio climático es «uno de los principales desafíos actuales para la humanidad» (LS 25).
Además, la encíclica subraya que los esfuerzos existentes para reducir el cambio climático han sido profundamente inadecuados. Esto se debe a que «Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas» (LS 26).
A su vez, se esbozan varias formas de abordar la emergencia climática y la crisis de la biodiversidad. Entre ellas, la reducción drástica de las emisiones de carbono y de otros gases de efecto invernadero, el desarrollo de fuentes de energía renovables y la capacidad de almacenamiento correspondiente, y la transición a métodos de producción y transporte energéticamente eficientes (LS 26). Por ejemplo, una transición del carbón y el petróleo a la energía solar y eólica encarnaría estas recomendaciones. También se habla de una mayor protección de los bosques tropicales (LS 38-39).
- ¿Qué dice Laudato Si’ sobre los pobres?
Figura 57
El grito de la Tierra es el grito de los pobres

Nota. Imagen alusiva al mensaje central de la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco (2015), que vincula la crisis ecológica con la injusticia social. La frase “El grito de la Tierra es el grito de los pobres” sintetiza la dimensión social de la ecología integral, destacando la inseparable relación entre cuidado ambiental y defensa de la dignidad humana. Imagen con fines educativos. Un tema clave de Laudato Si’ es que los esfuerzos para reducir el cambio climático y ayudar a las personas en situación de pobreza no deben enfrentarse entre sí, sino que deben perseguirse como un proyecto unificado.
Sería un error reducir las emisiones de manera que se perjudique a los marginados de la sociedad o se imponga una carga inmanejable a los países muy pobres. Como afirma la encíclica, «no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (LS 139).
Se espera que los países de bajos ingresos sufran los peores efectos del cambio climático y necesiten ayuda financiera para hacer la transición a prácticas sostenibles (LS 25). En consecuencia, los países ricos tienen el deber de tomar la iniciativa de reducir sus propias emisiones y de proporcionar fondos a los países en desarrollo que quieran hacer lo mismo (LS 170-173). Laudato Si’ también señala cómo el cambio climático provocará un aumento del número de migrantes que abandonan sus hogares destruidos por la degradación medioambiental y pide a la gente que acoja y apoye a estos refugiados medioambientales (LS 25).
- ¿Qué pide Laudato Si’ a la gente?
El capítulo seis de Laudato Si’ describe los pasos que una persona puede dar en el proceso de conversión ecológica. Entre ellos, la oración y la contemplación, el aprendizaje de la naturaleza, la observancia del día de descanso sabático y la reducción de la participación en las formas materialistas de la cultura del consumo. Un paso tan sencillo como dar las gracias a la hora de comer (LS 227) puede ser un recordatorio de la ecología integral y de la relación del individuo con Dios, la naturaleza y las demás personas.
La mayoría de los católicos tienen recuerdos y experiencias positivas de la naturaleza, pero pueden no haberlas relacionado con su fe, por lo que los consejos de esta sección pueden ser útiles para vincular la espiritualidad con la conciencia medioambiental.
Además, Laudato Si’ deja claro que muchos problemas medioambientales van más allá de los individuos y se extienden a sistemas económicos y políticos más amplios. Este es un hecho que puede ser un reto para la reflexión.
Incluso si cada lector de la encíclica se comprometiera con el medio ambiente en su mentalidad y estilo de vida personal, esto no sería suficiente para detener problemas como la crisis climática y la contaminación. Esto se debe a que las principales decisiones que afectan a la disponibilidad de energías renovables y a las prácticas sostenibles no las toman los individuos, sino los gobiernos y las grandes empresas.
Por ello, es importante que los creyentes se involucren en la política y trabajen para lograr un cambio positivo. Parte de esto puede ocurrir a nivel local mediante la formación de cooperativas de energías renovables e iniciativas similares (LS 179). Otro trabajo puede realizarse a través de grupos no gubernamentales de defensa profética, como el Movimiento Laudato Si’. Además, la encíclica pide a los católicos que entren en el terreno de la política nacional e internacional, oponiéndose al incentivo que supone para los líderes dar prioridad a las ganancias a corto plazo y alzando la voz, en cambio, por políticas que apoyen a los desfavorecidos y promuevan el bien común (LS 178).
- ¿Qué predice Laudato Si’ para el futuro?
Laudato Si’ describe un amplio espectro de posibilidades para el próximo siglo. Es un debate muy estimulante sobre las amenazas a las que se enfrentan los seres humanos y el medio ambiente.
Muchos de los problemas analizados habrían sido mucho más fáciles de abordar hace 30 o 40 años y ahora ya están causando un daño generalizado. Sin embargo, la encíclica también ofrece esperanza, tanto en las políticas específicas que recomienda como en su promesa de que la ecología integral es una perspectiva nueva y más satisfactoria para la política, la economía y la vida cotidiana.
Como afirma la encíclica, «no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales» (LS 205).
Por ello, «mientras la humanidad del período post-industrial [de las últimas décadas] quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades» (LS 165). También podemos considerar que la conversión ecológica no es un proceso puramente humano, sino un encuentro con Dios que lleva a un cambio de corazón y de mente lleno de gracia. Este es el tipo de experiencia que Laudato Si’ recomienda como una forma de que las personas de fe empiecen a avanzar hacia un mundo mejor y más solidario.
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“No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental.”
— Papa Francisco, Laudato Si’ (2015), n. 139
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