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Jesucristo y aprendizajes vitales v2
Aula Base 2026-01
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El hecho religioso y el hecho cristiano
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1. El fenómeno religioso
El fenómeno religioso, como cualquier otro, puede ser estudiado científicamente. Por ello, desde las más variadas perspectivas, las diversas ciencias sociales o del hombre tratan de la religión sin cambiar para ello sus métodos. La historia, la antropología cultural, la psicología social, la sociología, etc. estudian la religión «desde fuera», de forma no comprometida, no requiriendo por tanto que sea creyente el que efectúa el estudio.
Es obvio que también se puede estudiar la religión «desde dentro», o sea, partiendo de la pertenencia a esa concreta confesión religiosa. El método, en este caso, será distinto. Así lo hace la teología.
2. Hacia una definición:
Pero ¿qué es la religión?, ¿dónde empieza y dónde acaba lo religioso? Al no conocedor del tema, la respuesta a estas preguntas le suele parecer sencillo; sin embargo, ha resultado ser una tarea hasta ahora no conseguida por los especialistas.
Dos tipos de definiciones se manejan en la actualidad: las funcionales y las filosóficas o sustantivas.
Las primeras quieren manifestar el papel que la religión juega en el funcionamiento de las sociedades humanas, el «para qué» sirve de hecho. Según esto, las religiones serían sistemas simbólicos que dan un sentido último a la vida humana, proporcionando con ello coherencia a los individuos e integración y legitimación a las sociedades. Este enfoque es útil cuando se trata de clarificar las relaciones religión- sociedad.
Figura 7
Dimensiones del fenómeno religioso

Nota. Representación esquemática de las perspectivas funcional y filosófica de la religión. Las de tipo filosófico subrayan la razón de ser de la religión y su objeto de referencia, es decir, lo absoluto, lo sagrado, Dios. Desde este punto de vista, la religión es un hecho humano específico que tiene su origen en el reconocimiento por parte del hombre de una realidad suprema, la cual confiere sentido ultimo a la propia existencia, al conjunto de la realidad y al curso de la historia.
Afirmamos, por tanto, que la religión afecta sólo a la especie humana y se refiere a una colectividad, no a un individuo aislado. La realidad suprema es concebida de formas distintas y su denominación más habitual es «Dios». Al conferir sentido a toda realidad existente, implica no sólo las ideas del fiel, sino también sus sentimientos, su ética y su concepción del mundo.
Al observar entonces la religión desde fuera del sujeto, encontramos un conjunto de creencias (doctrina) y de prácticas (culto y moral) con las que el hombre trata de expresar sus sentimientos y reajustar su conducta para hacer frente a los problemas últimos de la vida (realización total, felicidad, supervivencia, salvación).
3. Elementos esenciales de la religión.
Los elementos esenciales o imprescindibles para la existencia de la religión serían:
- Reconocimiento de una realidad independiente y superior al hombre, de la que se habla con lenguaje religioso, produciéndose así libros sagrados, doctrinas y teologías.
- Una actitud de acatamiento hacia esa realidad suprema, que se manifiesta en una vivencia interior (experiencia mística) y en un comportamiento exterior, plasmado en un culto y una ética especial.
- Una comunidad de aquellos que profesan la misma religión, que se concreta en una organización que los distingue de los demás, formándose así una sociedad, una institución (secta o iglesia).
4. Origen de la religión
No todos los hombres son religiosos, pero la religión se encuentra en toda sociedad humana conocida.
Ni la investigación histórica ni la arqueología han encontrado el punto de partida o comienzo absoluto de la religión. Esta, como el lenguaje, aparece siempre ya constituida, sin que podamos conocer el instante de su inicio.
5. Arqueología y religión.
La arqueología moderna ha descubierto que los fenómenos religiosos son de gran antigüedad y, a pesar de las evidentes dificultades, nos ha proporcionado importantes datos sobre el desarrollo religioso del hombre.
Figura 8
Manifestaciones religiosas en la prehistoria

Nota. Evidencias arqueológicas de prácticas funerarias y construcciones megalíticas. Aunque los posibles significados de objetos, pinturas y prácticas funerarias sólo podemos deducirlos, indirectamente pueden sacarse con certeza algunas conclusiones históricas, como:
- La antigüedad de la religión, que testifica la universalidad e importancia de la religión como rasgo cultural. Queda también demostrado que todas las culturas, desde el hombre de Neanderthal, han tenido inquietud por la muerte y por una continuación de la vida después de ella.
Un resumen de la situación podría ser el siguiente:
Durante el paleolítico superior, los restos de enterramientos muestran los cuerpos protegidos por losas y en posición flexionada semejante a la del feto (¿nacer a un mundo nuevo?). Los esqueletos de estos «homo sapiens» están coloreados con ocre rojo y a su alrededor se encuentran huesos de animales, así como herramientas y ornamentos (conchas marinas y pequeños discos de piedra). Los huesos de animales parecen ser restos del banquete funerario.
En el neolítico hay vestigios que apuntan a sacrificios de niños y, sobre todo, grandes construcciones megalíticas (Stonehenge, Carnac, etc.), que requirieron mucho tiempo y un inexplicable esfuerzo, lo que nos hace pensar que tenían una significación muy importante para sus constructores. Las señales de incineración, si se dan, junto con la creencia en otra vida más allá de la muerte, implican la idea de un «alma» o entidad espiritual separable del cuerpo humano.
6. Importancia de la religión
La antropóloga Annemarie de Waal escribe: «La religión es uno de los aspectos más importantes de la cultura estudiados por los antropólogos y otros científicos sociales. No sólo se encuentra en toda la sociedad humana conocida, sino que significativamente con otras instituciones culturales. Halla expresión en la cultura material, en el comportamiento humano y en los sistemas de valor, en la moral y en la ética. Interactúa con sistemas de organización de la familia, del matrimonio, de la economía, de la ley y de la política; entra en los dominios de la medicina, de la ciencia y de la tecnología. Además, ha inspirado rebeliones y guerras, así como sublimes obras de arte. Ninguna otra institución cultural presenta una gama tan amplia de expresión o implicación. Las ideas y los conceptos religiosos no son constreñidos por el entorno físico. Sus formulaciones no encuentran más limitaciones que las del espíritu inquisitivo de la mente humana misma».
Es lógico que esta influencia sea tan extensa, si tenemos en cuenta que la religión pretende contestar a las preguntas del «por qué» y del «para qué» de la vida. De la respuesta a estos interrogantes se deduce el «cómo» vivir para llegar al destino final (salvación). La salvación religiosa se presenta como la suma y absoluta felicidad, como vida más allá de la muerte. Se diferencia de la salud física y de cualesquiera otros episodios de liberación particular por su carácter definitivo y absoluto.
7. El lenguaje religioso
El lenguaje científico habla de lo que ve. Lo que dice es lo que quiere decir. No necesita ninguna interpretación. Es un lenguaje informativo, unívoco, preciso y exacto, pero con él tan sólo se puede hablar de lo que puede experimentarse objetivamente. El amor, el odio, la alegría, la esperanza no pueden expresarse con este lenguaje. Habituarse exclusivamente a él es volverse incapaz de ver toda la realidad.
El lenguaje poético es vivencial. Con metáforas, comparaciones, símbolos, etc.., se expresan, o al menos se evocan y sugieren, vivencias que directamente no se pueden decir. El poeta dice una cosa, pero quiere decir otra por medio de ella. No es exacto, es ambiguo, necesita interpretación.
El lenguaje religioso no solamente tiene un vocabulario propio, como cualquier otra área de la actividad humana, que en este caso se refiere a realidades del ámbito religioso (acciones, personas, cosas, etc.), sino que, como el poético, es un lenguaje conviccional y vivencial, con el que se intenta comunicar unas experiencias, las cuales son indecibles con lenguaje científico. Sus formas son altamente simbólicas, con abundantes analogías y antropomorfismos, ya que tanto para hablar sobre Dios de forma comprometida, como para hablar a Dios (en la invocación o la oración) o en nombre de Dios (en los textos de revelación) el lenguaje científico es claramente inadecuado.
8. La búsqueda de la verdad
Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana, que hoy como ayer conmueven su corazón: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido y qué fin tiene nuestra vida? ¿Qué es el bien y el pecado? ¿Cuál es el origen y el fin del dolor? ¿Cuál es el camino para conseguir la verdadera felicidad? ¿Qué es la muerte, el juicio y cuál la retribución después de la muerte? ¿Cuál es, finalmente, aquel último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia el cual nos dirigimos?
Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas, dotados de razón y de voluntad libre y, por tanto, enaltecidos con una responsabilidad personal, tienen la obligación moral de buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión. Están obligados asimismo a adherirse a la verdad conocida y a ordenar toda su vida según las exigencias de la verdad.
La iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella verdad que ilumina a todos los hombres
La religión intenta encontrar la verdad última que explique y dé sentido a la existencia total del hombre, del mundo y de la historia. Buscar esto en la ciencia es pedirle algo de lo que ella es incapaz
9. La esencia del cristianismo
El genuino cristianismo no es una ideología. La única definición válida del cristianismo es, a través de Cristo, percibirnos y actuar como hijos de Dios, partícipes de su misma vida (y, en consecuencia, hermanos de los demás seres humanos y cuidadores de la Naturaleza). De este modo, el espíritu de Cristo presenta una nueva y definitiva relación con Dios, con los hombres y con el universo, que permite al hombre satisfacer sus más profundos deseos de realización y felicidad. Esta es la buena noticia. Jesús es el Cristo. En él se manifiesta, se retrata Dios mismo.
Figura 9
Jesucristo como revelación plena de Dios

Nota. Representación simbólica de la centralidad de Cristo en la fe cristiana. Resumir lo que es el cristianismo en tan cortas palabras puede resultar excesivamente oscuro. Los siguientes temas van a ser una explicación más amplia de la cuestión. Vamos a estudiar la persona de Jesús y su mensaje, así como la historia de la Iglesia y proyecto de vida del cristianismo, pilar de nuestra cultura occidental y que ha tenido en su creación un papel esencial, además de su valor propio como camino de salvación.
10. De la religión heredada a la fe personal
El cristianismo se concibe como una fe religiosa; pero es importante señalar las diferencias que podemos encontrar entre la religión sociológica con sus funciones en la sociedad, por una parte, y la fe cristiana con sus repercusiones sociales, por otra.
Figura 10
De la religión sociológica a la fe personal

Nota. Esquema comparativo entre religión cultural heredada y decisión de fe consciente. El carácter personal o de opción consciente que tiene la fe es algo que la religión no requiere tan fuertemente, ya que ésta consiste más en un fenómeno propio de la colectividad que del individuo concreto. Se nace en una sociedad determinada con su propia cultura y por eso se pertenece también a una religión que da cohesión a esa sociedad. Por esta función de señalar la identidad de un pueblo, la religión será en principio tradicional y conservadora, legitimando la estructura que aglutina esa sociedad.
La fe cristiana viene definida por los evangelios como sal, luz y fermento dinamizador, y, si cabe, podría decirse que es sobre todo profética, en el sentido de crítica con respecto a la marcha de las relaciones sociales.
Para la religión, los ritos externos (que no deben ser cambiados) son cauces de identificación social. Para la fe, la vivencia interna de un espíritu (que podrá ir actualizándose también por medio de ritos auténticamente expresivos) llevará a la innovación de formas y al compromiso ético en todos los momentos de la vida particular y social.
Por otra parte, mientras que para la religión la distinción entre sagrado y profano es fundamental, para la fe cristiana esto no está excesivamente claro: todo podrá concebirse como profano, porque todo podrá ser sagrado por obra y presencia de Dios.
La fe no es solo una opinión. Lo más genuino de la fe se expresa en las palabras «creo en ti»: esta es su forma más radical, comprometida y abarcadora. De aquí que la fe no sea sólo una relación entre el hombre y las cosas, sino entre persona y persona. El verbo latino «credere» («creer») significa «cor-daré», es decir, dar el propio corazón a otro, dar totalmente la propia persona. Creyendo, en este sentido, uno se pone en manos de otro,
De ahí que creer, como acto personal, es mucho más que rellenar una vida con formulaciones de fe. Y es que la fe en las palabras, asertos o verdades tiene su fundamento en la calidad del otro, en la autoridad de su persona.
Las religiones hacen referencia a algo más allá de sí mismas, es decir, manipulan la divinidad, disponen de ella y la hacen mágica, porque tratan de agarrarla y dominarla en cualquier forma posible.
La fe, es la entrega a un Dios, absolutamente libre y personal, que se «desvela» a sí mismo, que revela sus misterios, que habla al hombre para que éste pueda oírlo. Esta revelación o descubrimiento que Dios hace de sí es, a su vez, una respuesta que él hace al hombre sobre una cuestión que éste tiene planteada acerca del «por qué», del «cómo» y del «para qué» de su propia existencia.
Ahora bien, como lo que Dios dice de sí mismo y del hombre lo dice en una persona, Jesucristo, que es su palabra; la fe, como acto personal, es una decisión de seguimiento incondicional a Jesucristo.
Desde esta realidad de decisión personal para seguir a Jesucristo en el que Dios habla, la diferencia entre creyente y no creyente no se halla en la división entre sabios y tontos, críticos y conformistas, honestos intelectuales y ciegos creyentes irracionales. La única diferencia se manifiesta entre los que se abren a la perspectiva de Dios, en la persona de Jesucristo y los que con escéptica reserva no quieren decidirse por nada ni por nadie.
La fe cristiana, en definitiva, comporta una decisión rotunda y plena a seguir a Jesucristo, hijo de Dios salvador, adhiriéndose a su pensamiento, deseos, palabras y obras, lo cual motiva una creciente presencia de Dios en el creyente, con una orientación nueva y definitiva, dentro de su vida, hacia la salvación total que el hombre anhela.
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“La religión nace de la búsqueda humana de sentido y se expresa en símbolos, ritos y comunidades; pero la fe cristiana va más allá: es la decisión personal de confiar y entregarse a Jesucristo, en quien Dios mismo se revela como respuesta última al misterio de la existencia.”
— Síntesis temática, Clase 2
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