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Jesucristo y aprendizajes vitales v2
Aula Base 2026-01
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La religión en el mundo contemporáneo
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- Situación, cantidad, sinceridad
Con estadísticas y mapas podemos hacernos una idea aproximada del número de creyentes y de su agrupación geográfica. Nos referimos a creyentes desde el punto de vista sociológico, es decir, los que por costumbre o herencia cultural pertenecen a una religión sin que haya influido en dicha pertenencia una decisión personal clara. Es, por tanto, normal que muchas de esas personas no vivan de acuerdo con todas las normas externas que su religión les marca, o que, aun cumpliendo parte de ellas, sus creencias estén poco personalizadas.
Este fenómeno se da también dentro del área que cubre el cristianismo, o sea, el llamado occidente y sus zonas de influencia, principalmente antiguas colonias. Se le puede llamar «cultural-cristianismo».
Por otra parte, las encuestas o sondeos de opinión nos pueden orientar respecto a la realidad interior o porcentaje de convencimiento personal. No se trata de comprobar la ilustración de la fe en un determinado país y momento, pero no cabe duda de que los conocimientos influyen en la personalización de las creencias.
Los siguientes datos proporcionados por World Religion Database (Institute on Culture, Religion and World Affairs – Boston University) nos pueden servir de ejemplos:
Poblaciones de las religiones del mundo en 2020
TRADICIÓN RELIGIOSAPOBLACIÓN
1.Cristianismo 2.521.460.000
2.Islam1.899.103.000
3.Hinduismo1.090.592.000
4.Agnosticismo 744.166.000
5.Budismo 530.612.000
6.Religiones populares chinas 457.672.000
7.Religiones étnicas o tribales
(principalmente en África) 288.022.000
8.Ateo 147.009.000
9.Nuevos religiosos (nuevos
movimientos religiosos en Asia) 67.463.000
10.Sijismo 29.254.000
11.Espiritismo y espiritualidad 14.805.000
12.Judaísmo 14.800.000
13.Bahāʾī 9.150.000
14.Taoísmo 8.767.000
15.Confucionismo 8.755.000
16.Jainismo 6.344.000
17.Sintoísmo 2.773.000
18 .Zoroastrismo 205.000
- Tendencias Clave:
Crecimiento del Islam: Se proyecta que el Islam crezca significativamente, acercándose al tamaño del Cristianismo para 2050.
Cambio Geográfico Cristiano: El Cristianismo se está expandiendo en el Sur Global (África, Asia, América Latina), mientras que disminuye en Europa.
Secularización: Aunque la mayoría del mundo es religiosa, hay una tendencia global hacia un mayor secularismo en algunas regiones, como Asia y Europa, aunque la religiosidad crece en América del Norte y Oceanía.
Respecto a la situación del catolicismo en América Latina, nos puede iluminar algo un estudio realizado en la Pontificia Universidad Católica del Perú, el año 2024, por Carlos Piccone Carmere, (https://idehpucp.pucp.edu.pe/boletin-eventos/el-catolicismo-en-america-latina-superando-el-desfase-entre-cifras-y-crisis-etica/)
“El catolicismo en América Latina, profundamente enraizado en la religiosidad popular, el imaginario colectivo y las prácticas culturales, enfrenta un desafío contemporáneo que trasciende las meras estadísticas de afiliación religiosa. La paradoja que surge es la siguiente: ¿cómo es posible que, a pesar de la adhesión mayoritaria a una fe basada en las enseñanzas evangélicas de Jesucristo y respaldada por una Doctrina Social de la Iglesia que promueve una opción preferencial por los pobres, centrada en principios de justicia, compasión y solidaridad, la región continúe experimentando alarmantes niveles de corrupción, desigualdad social y crisis éticas?
Según el último informe del Latinobarómetro, la afiliación católica en Perú ha experimentado una disminución notable, pasando del 90.5 % en 1995 al 66.4 % en 2023. Sin embargo, el desafío del catolicismo en América Latina no se limita a este decrecimiento estadístico, sino que radica, sobre todo, en una desconexión entre la identidad religiosa y su práctica efectiva. Los mismos datos revelan que, en 2023, solo un 8.8 % de la población se declaraba “muy practicante” y un 35.8 % se consideraba “practicante”; en otras palabras, menos de la mitad de los que se identifican como católicos participan activamente en prácticas religiosas. Este panorama no solo subraya la realidad de un fenómeno que podría describirse como “catolicismo cultural” (uno de los tipos de espiritualidad católica identificados por Manuel Marzal, SJ, a inicios del milenio), sino que también ayuda a resolver la aparente paradoja, formulada en el párrafo anterior, de cómo un continente mayoritariamente católico sigue enfrentando problemas endémicos sin vislumbrar un derrotero más esperanzador. Esta desconexión, en la que la afiliación religiosa no se traduce en un compromiso activo, limita la capacidad de la fe para desempeñar un papel transformador en contextos de crisis y desafíos sociales.”
- La moderna sociedad actual ante la religión
Mucho se ha hablado de la crisis religiosa en el mundo actual y no siempre con la debida objetividad. Sin embargo, es un hecho que ciertas características propias de nuestro mundo someten a la religión a un proceso ambivalente: unas veces la purifican y otras la ahogan.
Figura 11
Pluralismo y secularización en la sociedad contemporánea

Nota. Representación conceptual del pluralismo cultural y el proceso de secularización en la sociedad moderna, donde la religión pierde centralidad social y se privatiza. La más fácil comunicación de ideas y personas, junto con los avances de la ciencia y de la técnica, produce una creciente socialización e interdependencia incluso de países lejanos, plasmándose en una sociedad urbana de carácter pluralista y secularizada. En este contexto, problemas como la paz, la limitación de la energía, lasrelaciones norte-sur, la evolución de la pirámide de edades, la ecología, el sistema monetario internacional, etc., ocupan un amplio horizonte. Afirmar que nuestra sociedad es pluralista índica que nadie puede pretender con sentido el ordenar, dominar, estructurar o manipularlo todo. Sólo los estados totalitarios abrigan esta intención, sin conseguir no obstante sustraerse al desarrollo y diversidad del resto. Este pluralismo impide que una religión pueda cumplir, como antes, su función en una sociedad: ser cemento que cohesiona a todo el entramado social, dándole un principio de identidad para todos sus miembros y legitimando el poder. Sin embargo, aunque en un determinado país pueda haber distintas religiones, solo la que tradicionalmente ha sido propia podrá seguir cumpliendo este papel, aunque sin la efectividad de antaño. Únicamente ella formará parte de su historia anterior. Sus símbolos y sus ritos pertenecerán de algún modo a la comunidad nacional, a su patrimonio cultural irrenunciable.
Por otra parte, nos encontramos en una sociedad secularizada, entendiendo la secularización como un proceso adverso a la implantación social de la religión. Esto lleva consigo una pérdida de prestigio social de sus símbolos e instituciones y una tendencia a «privatizarla», es decir, a hacerla socialmente invisible, una vez confinada en sus ámbitos y recintos propios.
La secularización es efecto de una concepción del mundo y del hombre como seres autónomos, adultos y dominadores de la naturaleza, constructores de la historia del mundo y artífices del desarrollo de los pueblos. Todo esto es inconciliable con una concepción primitiva de dios como tapahuecos de las deficiencias humanas. Es de notar, también, que la creciente atención de los grupos religiosos por asuntos del presente, desinteresándose en cierto modo del más allá, sumada al pluralismo en materia de religión, hace que ninguna de las religiones coexistentes en una concreta sociedad pueda ya cumplir completamente el papel de integración y legitimación social que antes representaba.
La mentalidad, científica ha transmitido al hombre moderno la convicción de que sólo es verdadero lo que se puede comprobar experimentalmente. Esto puede causar cierta deshumanización al considerar exclusivamente la parte racional del hombre, ya que no sólo la experiencia religiosa, sino otras muchas son de un orden distinto, al que la ciencia experimental no puede llegar. El hombre de mentalidad cerradamente científica considerará la religión como un mero fenómeno histórico o cultural, lo cual puede dificultarle de forma notable el acceso a la fe.
Gracias a la técnica, el hombre posee una gran cantidad de poder físico capaz de acabar con su propia existencia y de controlar a la propia naturaleza. Muchos creyentes tenían una imagen de dios como explicación de los fenómenos concretos y del misterio general de las leyes cósmicas; sin embargo, el hombre técnico no necesita a Dios como explicación, lo considera algo superfluo e inútil.
Una sociedad de producción y consumo, expresión última del capitalismo, se caracteriza por la creación de nuevas necesidades que el hombre tiene que resolver creándose otras nuevas. Este proceso origina elementos contrarios a los valores que ofrece la religión. La comodidad como valor, la despersonalización, el hombre unidimensional, el materialismo, el individualismo o la incapacitación para el sacrificio en beneficio de otros, pueden ser algunos ejemplos. Así, se puede permanecer intelectualmente creyente, pero la vida cotidiana estará regida por un ateísmo materialista práctico.
- De la religiosidad al ateísmo
El hombre ateo era en las antiguas sociedades la excepción que confirmaba la regla. Hoy el panorama es distinto y se suele calificar al ateísmo como fenómeno de masas. No obstante, el resultado en sondeos y encuestas sobre este hecho da mayoría a las creencias religiosas, si bien, como advertíamos antes, no practicadas y poco personalizadas. El indiferentismo y el agnosticismo son expresión más frecuente en las sociedades industriales y urbanas. La falta de una adecuada información sobre el tema tiene también peso decisivo en la situación.
Figura 12
De la religiosidad tradicional al ateísmo contemporáneo

Nota. Esquema comparativo que muestra la transición desde sociedades mayoritariamente religiosas hacia contextos marcados por el agnosticismo, el indiferentismo y el ateísmo práctico. Tampoco podemos ignorar que las posturas tradicionalmente conservadoras de la religión y su apoyo al poder han llevado a sectores, como la juventud o los obreros, a juzgar la religión desde valores sólo exigibles a la fe cristiana. En este sentido, se puede decir que la «religión cristiana» oculta el verdadero rostro de Jesús de Nazaret en múltiples ocasiones, provocando el abandono de lo que se creía verdadero cristianismo. La dinámica de progreso y la justicia no son asumibles solamente desde Jesús, sino que constituyen parte esencial de las actitudes deducibles de su mensaje.
El contratestimomo de los propios creyentes es confesado por la misma iglesia en un documento del Concilio Vaticano II: «En esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes en Cristo que, con el descuido de la educación religiosa o con la exposición inadecuada de la doctrina y también con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión»
- Marx y Freud
El marxismo, por su presencia en el mundo como grupo sociológico ateo y por recoger sistemáticamente todas las críticas a la religión, es un elemento importante en el problema.
Simplificando al máximo, con riesgo de ser inexactos, podemos decir que para el joven Marx, la religión es el opio del pueblo. No el opio que se echa al pueblo para adormecerlo, que diría Lenin, sino el opio que se toma el pueblo para consolarse; la aspirina que sólo calma el dolor, pero no quita la infección e incluso evita que se tomen medidas para quitarla. La miseria del hombre está provocada por la mala organización social, económica y política. Cuando se muden definitivamente las relaciones y condiciones de la vida laboral práctica, la religión desaparecerá.
Para el psicoanálisis de Freud, el hombre es un animal evolucionado que tiene que liberarse de sus represiones, explotando las posibilidades que se esconden en lo más íntimo de él mismo. Una traba importante es la religión, la cual no consiste más que en una ilusión fabricada por los hombres para tener seguridad y ternura.
La negación de la trascendencia para este hombre al que se reconoce inacabado y lleno de deseos es común a Marx y Freud.
- El futuro de la religión
Hablar del futuro con pretensiones de seriedad no es fácil; por ello recurrimos a las opiniones de quienes pueden aportarnos alguna luz.
El historiador británico Arnold J. Toynbee afirma: «Estoy convencido de que ni la ciencia ni la tecnología pueden satisfacer las necesidades espirituales a que todas las posibles religiones tratan de atender, por más que consigan desacreditar algunos de los dogmas tradicionales de las llamadas grandes religiones. Visto históricamente, la religión vino primero, y la ciencia nació de la religión. La ciencia nunca ha suplido a la religión, y confío en que no la suplirá nunca... ¿Cómo podemos llegar a una paz duradera? Para una paz verdadera y permanente, es una revolución religiosa, de ello estoy seguro, conditio sine qua non. Por religión... entiendo la superación del egocentrismo, tanto en los individuos como en las colectividades, a base de entablar relación con la realidad espiritual allende del universo y poner nuestra voluntad en armonía con ella. Tengo para mí que ésta es la única clave para la paz, pero aún estamos muy lejos de tenerla en la mano y poder utilizarla, y así, hasta que lo consigamos, la supervivencia del género humano seguirá puesta en duda».
Figura 13
Perspectivas sobre el futuro de la religión

Nota. Imagen alusiva a las reflexiones de Arnold J. Toynbee y Hans Küng sobre la permanencia de la religión como factor de orientación, integración y búsqueda de sentido en la humanidad. El teólogo Hans Küng opina: «Los verdaderos expertos en sociología de la religión, desde Max Weber y Emile Durkheim hasta los contemporáneos, están de acuerdo: siempre habrá, al igual que arte, también religión. Y la religión seguirá siendo, pese a todos los cambios, de capital importancia para la humanidad: sea preferentemente como factor de integración en la sociedad, en el sentido de Durkheim (pertenencia a una comunidad); sea más como elemento de orientación y valoración racional, en el sentido de Weber (instalación en un sistema interpretativo); sea directamente en favor de las relaciones personales e interhumanas, pero con formas sacrales (Thomas Luckmann, Peter Berger); sea indirectamente en favor de las instituciones y estructuras sociales conservando sus formas sacrales (Talcott Parsons, Clifford Geertz); sea, en fin, que desempeñe una función orientadora e integradora a base de formar unas élites de avanzadilla en las sociedades pluralistas (Andrew Greenley).
Los sondeos socio-religiosos realizados se han fijado casi exclusivamente en el material estático de la asistencia a los servicios litúrgicos y otras prácticas religiosas. Innegable es, sin embargo, la persistencia del interés por la religión en capas sociales aparentemente alejadas de ella, como ha sido recientemente ratificado por el nuevo material estadístico, en contra de algunas suposiciones y prejuicios descontrolados. La religión ejerce cada vez menos influencia directa en los ámbitos de la ciencia, la educación, la política, el derecho, la medicina y el bienestar social. Pero ¿puede deducirse de ahí que el influjo de la religión en la vida del individuo y de la sociedad en general ha remitido en la misma medida? En lugar de control y tutela extensivos, puede darse un influjo moral más intensivo e indirecto».
Para la fe cristiana es esperanzador el proceso de mayor personalización que se observa, heroico en algunas ocasiones, que van adquiriendo ciertas comunidades. Se puede decir, sin sobrevalorar el dato, que la fe alienante y desencarnada está a la baja.
- ¿Para qué estamos en la tierra?
El interrogante sobre el sentido de la vida, el por qué y el para qué puede resultar teórico y por tanto prácticamente inútil para muchas personas en determinadas situaciones. Para responder de una forma comprometida es necesario que la pregunta sea vivenciada, provenga del interior de la persona y no se plantee como algo meramente exterior de carácter retórico o como entretenimiento filosófico o académico. No basta preguntarse quedándose fuera de la cuestión. Es preciso implicarse en la pregunta. Estudiar al hombre como una cosa más de las que existen es prescindir de lo más peculiar del hombre: la conciencia de sí mismo.
Hay ocasiones y modos de ser que pueden hacer fácil que la pregunta exterior llegue a ser pregunta personal e interior. La edad y la capacidad de interiorización, o determinadas experiencias límite, pueden tener mucho que ver en ello. Lo cierto es que la pregunta sólo podrá ser contestada cuando de verdad el sujeto se interroga a sí mismo. La pregunta se puede escamotear, y vivir distraídamente, pero no por ello se detiene la vida, sino que simplemente se le quita consciencia.
¿Qué sentido le estoy dando a mi vida?, ¿adónde camino de hecho?, o ¿qué sentido quiero darle a mi vida?, ¿a dónde quiero ir? son variantes de un mismo tema.
Aparecimos en la vida, nos nacieron sin ninguna decisión nuestra y de hecho seguimos viviendo, caminando, pero... ¿hacia dónde? El hombre es un ser inacabado y por tanto lleno de deseos que anda sin descanso y espera llegar, pero... ¿a dónde?
Figura 14
La pregunta por el sentido de la vida

Nota. Representación simbólica del ser humano como realidad inacabada que se interroga por el sentido, el destino y la trascendencia de su existencia. ¿De dónde sacar la contestación? ¿Qué o quién me puede ayudar a responder? ¿Cómo han llegado otros a darse contestación? ¿Existe una respuesta objetiva y evidente? ¿O realmente el hombre y su existencia es un misterio sólo abordable desde la fe y el convencimiento sin demasiados argumentos externos? ¿Creer que sí, creer que no, creer que qué sé yo»? ¿Puede ayudar la ciencia o tal vez las ideologías o quizá las religiones?
¿Es Jesús respuesta para nosotros? ¿Por qué? ¿Qué hacer? ¿Cómo aceptamos sus valores?
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A continuación, encontrarás los recursos disponibles para descargar y reforzar el aprendizaje de esta clase.
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Clase 3 – La religión en el mundo contemporáneoDescargar
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“La ciencia nunca ha suplido a la religión, y confío en que no la suplirá nunca... Para una paz verdadera y permanente es necesaria una revolución religiosa.”
— Arnold J. Toynbee
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