Las deficiencias vitamínicas han sido históricamente problemas de salud pública que afectan a poblaciones enteras, generando brotes y endemias cuando existe una alimentación limitada o poco variada. Estas enfermedades están directamente relacionadas con determinantes sociales de la salud, como pobreza, falta de acceso a alimentos nutritivos, hábitos dietéticos y desigualdades estructurales.
La epidemiología permitió identificar que estas patologías como escorbuto, pelagra, beriberi, bocio y raquitismo tienen una causa nutricional clara, lo que llevó a desarrollar estrategias preventivas muy efectivas: fortificación de alimentos, suplementación y educación nutricional. Gracias a estas intervenciones poblacionales, muchas de estas enfermedades han disminuido casi por completo.
En síntesis, las deficiencias vitamínicas son un recordatorio de que la epidemiología no solo estudia enfermedades infecciosas, sino también condiciones prevenibles vinculadas al entorno social, y que las soluciones más eficientes proceden de políticas públicas, no de intervenciones individuales. La evidencia histórica confirma que cuando se interviene a nivel población al fortificar, educar, garantizar acceso a alimentos las enfermedades por carencias prácticamente desaparecen.