La oncología médica forma parte de un equipo
multidisciplinario y abarca varias áreas fundamentales. Según Molina (2016),
esta disciplina no solo se enfoca en la atención del paciente, sino que también
incluye la prevención, orientada a disminuir la aparición del cáncer en la
población; la docencia, que busca preparar adecuadamente a los futuros
especialistas; y la investigación, que analiza los factores involucrados en el
origen y desarrollo del cáncer. Sin embargo, la asistencia directa a las
personas con cáncer sigue siendo la parte con mayor impacto social y donde se
requiere mayor planificación para brindar una atención integral.
En cuanto a la clasificación del cáncer, existen distintos
sistemas de estadificación que permiten describir la extensión de la
enfermedad. Uno de los más utilizados es el sistema TNM, aunque también hay
métodos diseñados para tipos de cáncer específicos. Estos sistemas suelen
basarse en aspectos como el lugar donde se originó el tumor, su tamaño, si
comprometió ganglios linfáticos y si se ha diseminado a otras partes del
cuerpo. La estadificación es clave porque ayuda al personal médico a determinar
la gravedad del cáncer, elegir el tratamiento más adecuado y valorar la
posibilidad de incluir al paciente en estudios clínicos. Es importante recordar
que el estadio asignado al diagnóstico no cambia con el tiempo, aunque el
cáncer evolucione; simplemente se añaden notas sobre los cambios observados posteriormente
(Arbaiza et al., 2004).
En el sistema TNM, la T describe el tamaño del tumor inicial y qué tanto ha invadido los tejidos cercanos.
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TX indica que el tumor no puede ser evaluado.
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T0 significa que no se detecta un tumor primario.
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T1 a T4 muestran un aumento progresivo en el tamaño del tumor o en el grado de invasión hacia estructuras vecinas.
La N se refiere al compromiso de los ganglios linfáticos próximos al tumor.
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NX señala que los ganglios no pueden valorarse.
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N0 confirma que no hay afectación ganglionar.
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N1, N2 y N3 representan un compromiso creciente de los ganglios, según su número y localización.
La M indica si el cáncer ha alcanzado otras partes del organismo.
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MX expresa que la metástasis no puede determinarse.
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M0 muestra que no hay metástasis distante.
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M1 confirma que el cáncer sí se ha diseminado a órganos alejados del sitio original.
Con esta información, los cánceres se clasifican en cuatro grandes estadios:
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Estadio 0: presencia de células anormales limitadas al lugar donde se originaron.
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Estadio I: cáncer inicial, confinado al órgano de origen.
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Estadio II: tumor de mayor tamaño o con más invasión local.
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Estadio III: afectación de ganglios linfáticos o extensión regional más amplia.
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Estadio IV: existencia de metástasis en sitios distantes del cuerpo.
Por otro lado, la identificación de los factores de riesgo
para distintos tipos de cáncer ha sido posible principalmente gracias a
estudios epidemiológicos. Lazcano (1997) explica que, por ejemplo, la relación
entre tabaquismo y cáncer de pulmón es ampliamente conocida, así como el
vínculo entre ciertos virus y tipos específicos de cáncer, como el virus del
papiloma humano en el cáncer cervicouterino o el virus de hepatitis B en el
carcinoma hepatocelular. También se han identificado asociaciones entre parásitos
y cáncer, como la esquistosomiasis con cáncer de vejiga. Además, se reconoce la
influencia de factores genéticos, como el síndrome de Li-Fraumeni o las
mutaciones en el gen BRCA1, que incrementan el riesgo de cáncer de mama. En
personas con inmunodeficiencias, ya sean adquiridas o genéticas, la aparición
de cáncer tiende a ser más frecuente y rápida, especialmente en tumores del
sistema linfático.
Finalmente, el sistema CTCAE se utiliza para evaluar la severidad de los eventos adversos en pacientes con cáncer. Este sistema clasifica los efectos secundarios en cuatro niveles: Grado 1, cuando los síntomas son leves y pasajeros; Grado 2, cuando los síntomas son más persistentes o marcados; Grado 3, cuando representan un riesgo importante para la salud; y Grado 4, que corresponde a un desenlace fatal (Ferlay, 2015).
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