La albúmina sérica ha sido históricamente utilizada como un indicador del estado nutricional; sin embargo, la evidencia actual demuestra que no es un marcador adecuado durante la enfermedad aguda. Esto se debe principalmente a que su concentración sérica no refleja los cambios en la ingesta o reservas proteicas, sino que está fuertemente influenciada por el estado inflamatorio, la severidad de la enfermedad y los cambios hemodinámicos propios del estrés metabólico.
La albúmina es una proteína negativa de fase aguda, lo que significa que sus niveles disminuyen rápidamente ante cualquier proceso inflamatorio, independientemente del estado nutricional del paciente. Keller (2019) señala que, durante la inflamación sistémica, el hígado prioriza la síntesis de proteínas de fase aguda positivas (como PCR), dejando de producir albúmina. En consecuencia, un paciente con infección severa, trauma o sepsis puede presentar niveles muy bajos de albúmina incluso si tiene reservas nutricionales adecuadas. Esto confirma que la albúmina no evalúa malnutrición, sino la respuesta inflamatoria del organismo.
Además, la albúmina posee una vida media larga (aproximadamente 20 días), lo que impide detectar cambios nutricionales recientes. Por ello, no permite evaluar de manera oportuna la eficacia de una intervención nutricional. A esto se suma que la albúmina se ve afectada por múltiples factores no nutricionales, como deshidratación, insuficiencia hepática, pérdidas renales, quemaduras extensas y aumento de la permeabilidad capilar, lo cual dificulta interpretarla correctamente en escenarios de enfermedad aguda.
Organismos como ASPEN y ESPEN coinciden en que la albúmina no debe utilizarse para evaluar el estado nutricional, especialmente durante enfermedad aguda. ASPEN (2023) recalca que la albúmina refleja más bien la severidad de la enfermedad, el pronóstico clínico y el riesgo de complicaciones, pero no la ingesta proteico-calórica ni la composición corporal. Por ello, se recomienda utilizar otros métodos como la evaluación nutricional ABCD, herramientas de tamizaje como NRS-2002 o STRONGkids, y evaluación funcional (dinamometría), que sí se correlacionan con malnutrición real y permiten tomar decisiones más precisas.
Referencias:
Keller U. Nutritional Laboratory Markers in Malnutrition. J Clin Med. 2019;8(6):775.
American Society for Parenteral and Enteral Nutrition (ASPEN). Guidelines for the Provision of Nutrition Support Therapy in the Adult Critically Ill Patient. 2023.