Crear una propuesta de valor realmente disruptiva significa no hacer “más de lo mismo”, sino ofrecer algo tan diferente que cambie la forma en que funciona toda la categoría. Para lograrlo, la estrategia principal es atreverse a cuestionar lo que todos en el sector dan por hecho y construir una oferta que no solo mejore lo existente, sino que cambie las reglas del juego.
Esto implica mirar cómo funciona normalmente la industria qué hacen todas las empresas, qué creen los clientes, qué consideran “normal” y luego hacer lo contrario: eliminar cosas que parecen indispensables pero que complican o encarecen, o añadir algo nuevo que nadie ofrece y que cambia la experiencia del cliente. Así, la empresa no compite por ser “un poco mejor”, sino por ser realmente distinta.
En mi opinión, la verdadera disrupción sucede cuando una empresa se atreve a salirse de lo tradicional y presenta algo diferente que realmente genere valor y una ventaja sostenible. Eso hace que las personas prefieran la marca, se mantengan fieles y cambien sus expectativas.