¿Por qué no debemos usar albúmina como marcador nutricional en enfermedad aguda?

¿Por qué no debemos usar albúmina como marcador nutricional en enfermedad aguda?

by ANDRéS FABIAN VALENCIA VELASCO -
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La albúmina sérica no indica el estado nutricional en la enfermedad aguda. Su concentración refleja la respuesta inflamatoria y los cambios fisiológicos propios de la fase aguda. Durante este proceso, las citoquinas IL-6, TNF-α e IL-1β reducen la síntesis hepática de albúmina y favorecen la producción de proteínas de fase aguda positiva. También aumenta la permeabilidad capilar, lo que permite el paso de albúmina al espacio intersticial. Estos mecanismos se producen de forma independiente a la ingesta o a las reservas proteicas. Además, la albúmina desciende por hemodilución, pérdidas digestivas o renales y disfunción hepática. Por esta razón, la hipoalbuminemia en enfermedad aguda no corresponde con desnutrición proteico-calórica (Soeters et al.).

Los consensos actuales sostienen esta interpretación. La ASPEN establece que la albúmina y la prealbúmina no deben emplearse como marcadores nutricionales, ya que su variación se relaciona con inflamación y pronóstico (Evans et al.). La ESPEN también indica que las proteínas viscerales no permiten una evaluación nutricional válida (Cederholm et al.; Singer et al.). Estudios clínicos muestran que la albúmina baja se asocia con inflamación y gravedad clínica, y que su capacidad pronóstica no implica utilidad como indicador nutricional. Eckart et al. demostraron que la albúmina se relaciona con mortalidad y con marcadores inflamatorios, pero no discrimina entre pacientes desnutridos y no desnutridos.

El uso de albúmina como marcador nutricional puede producir errores diagnósticos. En la enfermedad aguda, puede sobreestimar la desnutrición en presencia de inflamación y subestimarla cuando existe pérdida de masa muscular sin respuesta inflamatoria destacada. Esto afecta la toma de decisiones y la selección del soporte nutricional.

En la práctica actual, la albúmina se utiliza como marcador de inflamación y severidad, y como parte de scores pronósticos, pero no como herramienta diagnóstica de malnutrición ni como parámetro para monitorizar intervención nutricional. La valoración nutricional debe basarse en cribados estructurados como NRS-2002 o MUST, en criterios diagnósticos GLIM, y en mediciones de composición y función muscular.

Referencias

Cederholm, T., Barazzoni, R., Austin, P., Ballmer, P., Biolo, G., Bischoff, S. C., Compher, C., Correia, I., Higashiguchi, T., Holcombe, M., Jonkers-Schuitema, C., Löser, C., Meier, R., Muscaritoli, M., Nyulasi, I., Pirlich, M., Plauth, M., Singer, P., & Schneider, S. M. (2017). ESPEN guidelines on definitions and terminology of clinical nutrition. Clinical Nutrition, 36(1), 49–64. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2016.09.004

Eckart, A., Struja, T., Kutz, A., Baumgartner, A., Baumgartner, T., Zurfluh, S., Neeser, O., Bassetti, S., Schuetz, P., & Mueller, B. (2020). Relationship of nutritional status, inflammation, and serum albumin levels during acute illness: A prospective study. The American Journal of Medicine, 133(6), 713–722.e7. https://doi.org/10.1016/j.amjmed.2019.10.031

Evans, D. C., Corkins, M. R., Malone, A., Miller, S., Mogensen, K. M., Guenter, P., & ASPEN Malnutrition Committee. (2021). The use of visceral proteins as nutrition markers: An ASPEN position paper. Nutrition in Clinical Practice, 36(1), 22–28. https://doi.org/10.1002/ncp.10587

Singer, P., Blaser, A. R., Berger, M. M., Alhazzani, W., Calder, P. C., Casaer, M. P., Hiesmayr, M., Mayer, K., Montejo, J. C., Pichard, C., Preiser, J.-C., van Zanten, A. R. H., Oczkowski, S., Szczeklik, W., & Bischoff, S. C. (2019). ESPEN guideline on clinical nutrition in the intensive care unit. Clinical Nutrition, 38(1), 48–79. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2018.08.037

Soeters, P. B., Wolfe, R. R., & Shenkin, A. (2019). Hypoalbuminemia: Pathogenesis and clinical significance. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition, 43(2), 181–193. https://doi.org/10.1002/jpen.1451

 


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Re: ¿Por qué no debemos usar albúmina como marcador nutricional en enfermedad aguda?

by MARIA CRISTINA SILVA ARREGUI -
Buenas noches Andrés, coincido con tu explicación. En la práctica clínica vemos que la albúmina baja en enfermedad aguda casi nunca refleja desnutrición, sino la intensidad de la respuesta inflamatoria. La acción de citoquinas, la mayor permeabilidad capilar y la hemodilución hacen que sus valores desciendan incluso cuando las reservas nutricionales son adecuadas. Por eso apoyarse en ella para diagnosticar malnutrición puede llevar a errores, especialmente en pacientes pediátricos con procesos infecciosos.

Las guías actuales son claras: tanto ASPEN como ESPEN indican que la albúmina no debe usarse como marcador nutricional, sino como indicador de inflamación o severidad clínica. La evaluación nutricional debe basarse en herramientas estructuradas y en criterios como GLIM, que consideran cambios en antropometría, ingesta y composición corporal, no proteínas viscerales.

Referencias :

Cederholm, T., et al. (2019). GLIM criteria for the diagnosis of malnutrition. Clinical Nutrition, 38(1), 1–9.
Evans, D. C., et al. (2021). ASPEN guidelines for nutrition assessment. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition, 45(1), 16–30.
Soeters, P. B., et al. (2017). A rational approach to nutritional assessment. Clinical Nutrition, 36(4), 1107–1114.
In reply to ANDRéS FABIAN VALENCIA VELASCO

Re: ¿Por qué no debemos usar albúmina como marcador nutricional en enfermedad aguda?

by EDGAR SEBASTIáN GUZMáN GONZALEZ -
Concuerdo con tu criterio y puedo acotar que en la enfermedad aguda, la albúmina actúa como una proteína de fase aguda negativa. Durante la respuesta inflamatoria sistémica, mediada por citocinas como la interleucina-6 (IL-6), el hígado reduce la síntesis de albúmina y prioriza la producción de proteínas de fase aguda positivas (como proteína C reactiva y fibrinógeno). Como resultado, los niveles séricos de albúmina disminuyen independientemente del estado nutricional real del paciente.
Además, la albúmina posee una vida media larga (aproximadamente 20 días), lo que la hace poco sensible a cambios nutricionales recientes. En contextos agudos, factores no nutricionales como hemodilución, aumento de la permeabilidad capilar, redistribución al espacio extravascular, pérdidas renales o gastrointestinales y disfunción hepática influyen significativamente en sus niveles plasmáticos.

Referencias
Jensen GL, Mirtallo J, Compher C, Dhaliwal R, Forbes A, Grijalba RF, et al. Adult starvation and disease-related malnutrition: A proposal for etiology-based diagnosis in the clinical practice setting from the International Consensus Guideline Committee. JPEN J Parenter Enteral Nutr. 2010;34(2):156–159. doi:10.1177/0148607110361910.