En la enfermedad aguda, la albúmina suele malinterpretarse como un indicador directo del estado nutricional, cuando en realidad su comportamiento está dominado por la respuesta inflamatoria. Durante infecciones, sepsis o cualquier proceso de estrés metabólico, el cuerpo prioriza la producción de proteínas de fase aguda, disminuye la síntesis hepática de albúmina y además se modifica su distribución en el espacio intravascular. Por eso, un valor bajo de albúmina suele reflejar más la severidad del cuadro clínico que una verdadera desnutrición.
Esto explica por qué un niño puede tener reservas nutricionales adecuadas y aun así presentar hipoalbuminemia en el contexto de inflamación. Del mismo modo, una albúmina normal no descarta desnutrición cuando existen pérdidas de masa muscular o ingesta insuficiente sin inflamación marcada. Basarse únicamente en este parámetro puede llevar a errores clínicos y a decisiones nutricionales inapropiadas.
Por eso, la recomendación actual es integrar la albúmina dentro de la interpretación de la inflamación y no de malnutrición. La valoración nutricional debe apoyarse junto a otros marcadores y dentro del enfoque integral ABCD.
Referencias
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