1.¿ Cuál es la solución más simple para evitar el aumento de la incidencia de la miopía?
La solución más sencilla y la que más repiten los expertos es que los niños pasen más tiempo al aire libre. No se necesita nada sofisticado: solo más recreos fuera, más juego en exteriores y menos horas encerradas viendo pantallas o haciendo actividades de cerca. Es la medida más práctica, barata y efectiva para frenar la miopía.
2.¿Qué medidas de salud pública ayudan a disminuir la “epidemia de miopía” sin exigir grandes cambios en el comportamiento infantil?
Incluir tiempo diario obligatorio al aire libre dentro de la jornada escolar como recreos más largos, clases fuera del aula y actividades deportivas es una de las medidas más efectivas. Además, los colegios pueden promover ambientes de aprendizaje que alternen tareas de cerca con pausas regulares y fomenten actividades al aire libre. También es clave organizar programas escolares de salud visual que incluyan exámenes periódicos de agudeza visual, educación sobre cuidado ocular y promoción del uso responsable de pantallas. Finalmente, se requieren políticas educativas que reconozcan el tiempo al aire libre como una necesidad de salud, integrándolo formalmente en el currículo, creando espacios adecuados y ofreciendo incentivos para que las escuelas cumplan con estas prácticas.
3. ¿Cuáles son los hipótesis de por qué el aire libre mejora la visión?
La luz natural es mucho más intensa y estimula la retina de una manera que parece proteger al ojo. Se cree que esta exposición aumenta la dopamina retinal, una sustancia que ayuda a evitar que el ojo se “alargue”, que es justamente lo que provoca la miopía. Además, cuando los niños están al aire libre tienden a mirar objetos lejanos, lo que relaja la vista y reduce el esfuerzo constante de enfocar de cerca. Y, por si fuera poco, pasar tiempo fuera simplemente disminuye las horas de pantallas y de lectura prolongada, que también contribuyen al desarrollo de la miopía.
4. ¿En qué consistió el programa todos los días 120 en Taiwán?
Fue una estrategia nacional en la que las escuelas se comprometieron a que los niños pasaran mínimo 120 minutos al día al aire libre. No era una “clase especial”, sino parte de la rutina: recreos, juegos, actividades y hasta algunas clases realizadas fuera del aula.
Después de implementarlo, la miopía dejó de crecer tan rápido y los niños mostraron una mejor evolución visual. Fue tan exitoso que varios países ahora lo están tomando como modelo.