La albúmina tradicionalmente se ha utilizado como un marcador nutricional, sin embargo, en el contexto de enfermedad aguda su interpretación es limitada; esta proteína, sintetizada en el hígado, cumple varias funciones, entre ellas mantener la presión oncótica y transportar sustancias, no obstante, sus niveles plasmáticos no reflejan de manera directa el estado nutricional del paciente, sino más bien refleja la respuesta inflamatoria y la gravedad clínica.
En situaciones como sepsis, trauma o quemaduras, la albúmina disminuye debido a la redistribución hacia el espacio extravascular, la fuga capilar y la reducción en su síntesis hepática, estos cambios ocurren independientemente de la ingesta de nutrientes y responden principalmente a la fisiopatología de la enfermedad. Además, su vida media es de aproximadamente 20 días, lo que impide detectar variaciones rápidas en el estado nutricional.
Por ello, las guías actuales recomiendan no utilizar la albúmina como marcador nutricional en enfermedad aguda. En su lugar, se debe recurrir a una valoración integral que incluya parámetros clínicos, antropométricos y funcionales. La albúmina puede ser útil para evaluar riesgo y pronóstico, pero no para determinar el estado nutricional en estos pacientes.
Referencia:
Garnica Camacho, C. E. (2023). Albúmina humana: indicaciones basadas en la evidencia. Medicina Interna de México, 39(6), 908–919. https://doi.org/10.24245/mim.v39i6.8208