Hola compañero, tu aporte es muy relevante y claro al identificar los problemas en la piel como un efecto secundario frecuente de las terapias dirigidas, específicamente mencionando la relación con los inhibidores de la tirosina-quinasa.
Me gustaría añadir un complemento crucial sobre el mecanismo detrás de estas toxicidades dermatológicas, que es fundamental para comprender la manifestación clínica y la necesidad de apoyo psicooncológico debido al impacto en la imagen corporal:
El Factor de Crecimiento Epidérmico (EGF) y su receptor (EGFR) son
ligantes esenciales no solo para el crecimiento tumoral, sino también para el mantenimiento de la integridad del epitelio cutáneo y la función de las glándulas accesorias. Por consiguiente, las terapias que actúan como inhibidores del EGFR (anticuerpos o inhibidores de la tirosina quinasa - TK) se caracterizan por inducir xerosis (piel seca), erupciones acneiformes y una disminución de la función de defensa cutánea, lo que puede derivar en infecciones como la foliculitis bacteriana.
Adicionalmente, dado que el eje EGF/EGFR1 regula el crecimiento de las uñas y el cabello, estas terapias también inducen paroniquia (inflamación de los tejidos periungueales) y alteraciones foliculares, incluyendo alopecia. Esta toxicidad es una consecuencia directa de que el EGFR se expresa de forma constitutiva en las células epiteliales sanas (Tímár & Uhlyarik, 2022).
Referencia:
Tímár, J., & Uhlyarik, A. (2022). On-Target Side Effects of Targeted Therapeutics of Cancer. PubMed Central. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9537356/pdf/pore-28-1610694.pdf
Me gustaría añadir un complemento crucial sobre el mecanismo detrás de estas toxicidades dermatológicas, que es fundamental para comprender la manifestación clínica y la necesidad de apoyo psicooncológico debido al impacto en la imagen corporal:
El Factor de Crecimiento Epidérmico (EGF) y su receptor (EGFR) son
ligantes esenciales no solo para el crecimiento tumoral, sino también para el mantenimiento de la integridad del epitelio cutáneo y la función de las glándulas accesorias. Por consiguiente, las terapias que actúan como inhibidores del EGFR (anticuerpos o inhibidores de la tirosina quinasa - TK) se caracterizan por inducir xerosis (piel seca), erupciones acneiformes y una disminución de la función de defensa cutánea, lo que puede derivar en infecciones como la foliculitis bacteriana.
Adicionalmente, dado que el eje EGF/EGFR1 regula el crecimiento de las uñas y el cabello, estas terapias también inducen paroniquia (inflamación de los tejidos periungueales) y alteraciones foliculares, incluyendo alopecia. Esta toxicidad es una consecuencia directa de que el EGFR se expresa de forma constitutiva en las células epiteliales sanas (Tímár & Uhlyarik, 2022).
Referencia:
Tímár, J., & Uhlyarik, A. (2022). On-Target Side Effects of Targeted Therapeutics of Cancer. PubMed Central. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9537356/pdf/pore-28-1610694.pdf