Cuando pensamos en prevención del cáncer, no solo hablamos de acciones biomédicas, sino de una manera de acompañar la vida antes de que la enfermedad irrumpa. La prevención y el diagnóstico temprano nos permiten mirar el cuerpo, la historia y los vínculos desde un lugar anticipatorio, donde intervenir a tiempo es también una forma de cuidado. Desde la psicooncología, estos niveles de prevención articulan no solo estrategias clínicas, sino también formas de sostener el miedo, la incertidumbre y las narrativas que emergen cuando aparece la posibilidad del cáncer.
1. Prevención primaria, secundaria y terciaria
La prevención primaria se sostiene en la idea de que el cáncer puede, en cierta medida, ser evitado. Implica intervenir antes de que la enfermedad exista: promover hábitos saludables, reducir exposición a carcinógenos, vacunar (como en el caso del VPH o la hepatitis B) y fortalecer entornos que disminuyan el riesgo. La OMS la define como el conjunto de acciones orientadas a reducir la incidencia antes de que la enfermedad aparezca (WHO, 2022).
La prevención secundaria, en cambio, reconoce que a veces la enfermedad puede estar allí sin darse a conocer. Por eso se enfoca en el diagnóstico temprano, en la capacidad de detectar lesiones premalignas o tumores en etapas iniciales, cuando el pronóstico mejora significativamente. Aquí entran la mamografía, la citología cervical, el PSA y otros tamizajes (ACS, 2023). En la práctica clínica, este nivel se transforma en esa tensión entre la incertidumbre y la oportunidad que significa llegar a tiempo.
Finalmente, la prevención terciaria trabaja con la enfermedad ya instaurada. Busca disminuir la morbilidad, evitar secuelas y mejorar la calidad de vida mediante rehabilitación, control de síntomas, manejo de efectos adversos y cuidados paliativos. Es una forma de acompañar al paciente en la trayectoria de la enfermedad, reduciendo complicaciones y favoreciendo continuidad vital (CDC, 2023).
2. Factores de riesgo no modificables
Cuando hablamos de riesgo oncológico, siempre existe ese territorio que no podemos modificar, incluso si el deseo de cambiarlo aparece. Los factores de riesgo no modificables incluyen:
- La edad, probablemente el predictor más fuerte del desarrollo de cáncer.
- El sexo biológico, que condiciona la frecuencia de ciertos tumores.
- Los antecedentes familiares y genéticos, que cargan historias de vulnerabilidad como en BRCA1/2 o el síndrome de Lynch.
- La historia personal de cáncer, que incrementa la probabilidad de nuevos tumores.
- Determinantes biológicos o raciales, descritos en ciertos cánceres como mama o próstata (NCI, 2023).
En psicooncología, estos factores nos obligan a pensar en el peso emocional de la herencia, la anticipación al riesgo y la forma en que las personas se relacionan con su historia corporal.
3. Tumores de mayor frecuencia en hombres y mujeres
La epidemiología nos recuerda que el cáncer no aparece igual en todos los cuerpos. Según GLOBOCAN (2023), los tumores más diagnosticados son:
En hombres:
- Próstata
- Pulmón
- Colon y recto
- Hígado
- Estómago
En mujeres:
- Mama
- Tiroides
- Colon y recto
- Cuello uterino
- Pulmón
Estos datos no solo orientan programas de tamizaje, sino también conversaciones clínicas delicadas sobre vulnerabilidad, temor y prevención, especialmente en poblaciones donde la inequidad dificulta el acceso a diagnósticos tempranos.
Referencias
American Cancer Society. (2023). Cancer Facts & Figures 2023.
Centers for Disease Control and Prevention. (2023). Cancer Prevention and Control.
GLOBOCAN. (2023). Global Cancer Observatory: Cancer Today. International Agency for Research on Cancer.
National Cancer Institute. (2023). Cancer Risk Factors.
World Health Organization. (2022). Guide to cancer early diagnosis.