El apalancamiento financiero constituye una decisión estratégica dentro de la gestión financiera, ya que incide directamente en la estructura de capital, el nivel de riesgo y la rentabilidad de la empresa. Gitman y Zutter (2012) señalan que el uso de deuda puede potenciar el rendimiento del capital propio siempre que la rentabilidad de los activos supere el costo del financiamiento. En este sentido, Van Horne y Wachowicz (2010) destacan que un nivel adecuado de endeudamiento permite a las empresas financiar proyectos de inversión y acelerar su crecimiento sin depender exclusivamente de recursos propios.
No obstante, el apalancamiento también implica riesgos relevantes. Según Ross, Westerfield y Jordan (2014), a medida que aumenta el endeudamiento, se incrementa el riesgo financiero debido a la obligación de cumplir con pagos fijos, lo que puede afectar la liquidez y la estabilidad financiera en escenarios adversos. Por ello, autores como Brealey, Myers y Allen (2011) enfatizan la necesidad de mantener un equilibrio entre rentabilidad y riesgo, evaluando la capacidad de pago y la tolerancia al riesgo de la empresa para asegurar la continuidad del negocio.
No obstante, el apalancamiento también implica riesgos relevantes. Según Ross, Westerfield y Jordan (2014), a medida que aumenta el endeudamiento, se incrementa el riesgo financiero debido a la obligación de cumplir con pagos fijos, lo que puede afectar la liquidez y la estabilidad financiera en escenarios adversos. Por ello, autores como Brealey, Myers y Allen (2011) enfatizan la necesidad de mantener un equilibrio entre rentabilidad y riesgo, evaluando la capacidad de pago y la tolerancia al riesgo de la empresa para asegurar la continuidad del negocio.