1) Primera infancia como ventana crítica (programación metabólica)
La primera infancia (gestación + primeros 2 años) es clave porque existe alta plasticidad biológica: se “ajustan” de forma duradera los sistemas que regulan apetito/saciedad, adipogénesis, sensibilidad a la insulina, inflamación y metabolismo lipídico. La nutrición temprana puede modificar vías hormonales, microbiota y marcas epigenéticas, estableciendo “set points” metabólicos que aumentan o disminuyen el riesgo futuro de obesidad, resistencia a la insulina, dislipidemias y, en conjunto, síndrome metabólico.
2) Lactancia materna + alimentación complementaria adecuada
Lactancia materna: se asocia con menor riesgo de obesidad infantil y mejor perfil cardiometabólico porque favorece autorregulación de la ingesta, aporta componentes bioactivos (p. ej., leptina/adiponectina y oligosacáridos), y promueve una microbiota menos proinflamatoria; todo ello puede traducirse en menor adiposidad y mejor sensibilidad a la insulina.
Alimentación complementaria adecuada (6–23 meses): iniciar a tiempo y con alimentos mínimamente procesados, sin azúcares añadidos ni ultraprocesados, con buena densidad de micronutrientes y fibra, ayuda a prevenir exceso calórico, reduce picos glucémicos (menor demanda de insulina) y favorece un perfil lipídico más saludable (menos grasas trans/saturadas, más calidad global de la dieta).
World Health Organization. (2023). WHO guideline for complementary feeding of infants and young children 6–23 months of age.
Hoffman, D. J., Reynolds, R. M., & Hardy, D. B. (2017). Developmental origins of health and disease: Current knowledge and potential mechanisms. Nutrition Reviews, 75(12), 951–970.