El modelo CAPM es una herramienta fundamental y un excelente punto de partida para entender la relación entre riesgo y retorno. Sin embargo, su valor reside más en proporcionar una base teórica y una guía para decisiones de inversión promedio que en ofrecer una predicción exacta, debido a que modela una realidad simplificada y estadística, no matemática.
El modelo de crecimiento de dividendos valora una acción basándose en la expectativa de dividendos futuros constantes y crecientes, ofreciendo un flujo de ingresos creciente y menos volatilidad, ideal para inversores que no les gusta el riesgo, pero requiere que la tasa de retorno sea mayor que la de crecimiento, y debe complementarse con análisis fundamental para evitar sobrevaloraciones, ya que asume un crecimiento perpetuo que no siempre se cumple.
La inversa del PER, es una métrica valiosa para entender la rentabilidad directa del beneficio, y es útil para comparar empresas del mismo sector, aunque un PER bajo puede ser una trampa de valor si los beneficios caen, siendo crucial analizar el crecimiento futuro y no usarlo aisladamente para invertir, sino junto con análisis fundamentales más profundos.
El modelo APT es una teoría que se basa en la lógica de que los inversores deben ser compensados por riesgos no diversificables, pero no especifica qué son esos riesgos, dejándolo abierto a la investigación y a la adaptación a distintos mercados (incluso cripto), lo que la convierte en una herramienta sofisticada para entender la dinámica de los precios de los activos.
Referencia
Gali; J. (2003). Guía de Valoración de Empresas. Prentice Hall.