Cáncer pediátrico y en adolescentes.

Cáncer pediátrico y en adolescentes.

de MAYRA MISHELL QUIñA MOSQUERA -
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Indique, ¿cuáles son los síntomas B en Linfomas?

En los linfomas, tanto de Hodgkin como no Hodgkin, se describen los llamados síntomas B, que corresponden a manifestaciones generales del organismo y reflejan una mayor actividad de la enfermedad (Connors, 2005). Su presencia es relevante porque influye en la estadificación clínica y el pronóstico del paciente. Estos síntomas incluyen:

  • Fiebre persistente de origen no infeccioso, usualmente superior a 38 °C.
  • Sudoración nocturna intesa, de carácter repetido, que puede llegar a empapar la ropa o la ropa de cama.
  • Pérdida de peso involuntaria, mayor al 10 % del peso corporal en un periodo aproximado de seis meses.

 

¿Qué síntomas y signos nos hacen sospechar un Tumor Infantil?

El cáncer infantil suele manifestarse de forma inespecífica, por lo que es fundamental identificar signos de alarma persistentes o progresivos que no se explican por causas comunes (Dommett et al., 2013). Entre los hallazgos más importantes se encuentran:


A nivel general, la presencia de fiebre prolongada sin foco, pérdida de peso, fatiga marcada, decaimiento y sudoración nocturna debe despertar sospecha clínica.


En relación con ganglios y masas, es preocupante encontrar adenopatías duras, no dolorosas y de crecimiento progresivo, así como masas abdominales palpables o distensión progresiva. En algunos casos, la presencia de tos persistente, disnea u ortopnea puede sugerir compromiso mediastínico.


Desde el punto de vista hematológico, signos como palidez, cansancio extremo, aparición de moretones o petequias sin traumatismo, sangrado fácil, infecciones frecuentes y dolor óseo persistente, especialmente nocturno, pueden orientar a enfermedades malignas de origen hematológico.


Los síntomas neurológicos también son relevantes, especialmente la cefalea progresiva (predominantemente matutina), vómitos repetidos, cambios de conducta, convulsiones o alteraciones de la marcha.


Otros hallazgos que deben considerarse incluyen leucocoria o estrabismo de inicio reciente, masas óseas o de partes blandas que aumentan de tamaño, dolor testicular indoloro y síntomas respiratorios que no responden al tratamiento habitual.


El reconocimiento oportuno de estos signos permite una evaluación precoz y una derivación adecuada, lo que impacta de manera positiva en el pronóstico del cáncer pediátrico.

 

Bibliografía

Dommett, M., Redaniel, T., Stevens, C., Martin, M., & Hamilton, W. (2013). Risk of childhood cancer with symptoms in primary care: a population-based case-control study. British Journal of General Practice63(606), e22–e29. https://doi.org/10.3399/bjgp13x660742

 

‌Connors, J. (2005). State-of-the-Art Therapeutics: Hodgkin’s Lymphoma. Journal of Clinical Oncology23(26), 6400–6408. https://doi.org/10.1200/jco.2005.05.016


En respuesta a MAYRA MISHELL QUIñA MOSQUERA

Re: Cáncer pediátrico y en adolescentes.

de XIOXMY NICOLLE ROMáN SISALIMA -
El aporte es muy completo y bien fundamentado, ya que explica claramente los síntomas B en linfomas y su relevancia para la estadificación y pronóstico. Además, integra de manera detallada los signos de alerta en tumores infantiles, abarcando aspectos generales, hematológicos, neurológicos y respiratorios, lo que refleja un enfoque integral. Me parece especialmente valioso cómo enfatiza la persistencia y progresión de los síntomas como criterio para la sospecha clínica, destacando la importancia de la evaluación temprana para mejorar el pronóstico en oncología pediátrica.