Un enfoque centrado en la persona requiere evidencias medibles que demuestren su aplicación real en la organización sanitaria. Para ello, propongo los siguientes indicadores estructurados en dimensiones de estructura, proceso y resultado.
En la dimensión estructural, el % de personal capacitado en enfoque centrado en la persona permite valorar si la institución ha desarrollado competencias en comunicación y toma de decisiones compartida. Asimismo, la existencia de políticas formales de participación del paciente garantiza que la autonomía no dependa de iniciativas individuales, sino de lineamientos institucionales. Según Avedis Donabedian (1988), la calidad de la atención se fundamenta inicialmente en la estructura organizacional que posibilita buenas prácticas.
En la dimensión de proceso, el % de consentimiento informado correctamente documentado refleja respeto por la autonomía y adecuada comunicación clínica. De igual forma, el tiempo promedio dedicado a educación del paciente evidencia el compromiso con el empoderamiento del usuario. Edward H. Wagner (1998) sostiene que los pacientes informados y activos logran mejores resultados en salud.
Finalmente, en los resultados, el índice de satisfacción del paciente y el Net Promoter Score (NPS) sanitario permiten medir la experiencia y la disposición a recomendar el servicio. El NPS, desarrollado por Fred Reichheld (2003), se utiliza como métrica sintética de lealtad y percepción positiva.
En conjunto, estos indicadores permiten evaluar de forma integral si el enfoque centrado en la persona se encuentra realmente implementado en la práctica clínica.
Regunta para el Foro: De los indicadores nombrados que indicadores escojería para aplicarlos en su organización y porqué?
Referencia Bibliográfica
Donabedian, A. (1988). The quality of care: How can it be assessed? JAMA, 260(12), 1743–1748.
Reichheld, F. F. (2003). The one number you need to grow. Harvard Business Review, 81(12), 46–54.
Wagner, E. H. (1998). Chronic disease management: What will it take to improve care for chronic illness? Effective Clinical Practice, 1(1), 2–4.*