Normas de conducta y responsabilidades

Normas de conducta y responsabilidades

by Guillermo Israel Chacón Veintimilla -
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La construcción de un código de ética en nuestra organización debe trascender la mera repetición de normas morales establecidas, enfocándose en la reflexión crítica que permite la excelencia profesional. Tal como sostiene Emilio Martínez Navarro en la entrevista, la ética no sirve si se reduce a sermonear o adoctrinar, sino que debe ayudar a cada individuo a reflexionar sobre lo que hace y asumir los principios de su quehacer en libertad. Por ello, considero que las normas de conducta deben fomentar la autonomía responsable, evitando que el profesional se convierta en un trabajador rutinario que olvida el entusiasmo y el sentido vocacional de su labor hacia la sociedad.


Como primera norma de comportamiento, propongo que todo empleado se comprometa explícitamente a priorizar los bienes internos de la profesión por encima de los bienes externos. Martínez Navarro explica que los bienes internos son la razón de ser de nuestra labor, como el servicio al usuario o el bien específico que aportamos, mientras que los externos son el dinero o el prestigio. Si colocamos estos últimos por delante, caemos en la corrupción profesional y se atenta contra el sentido mismo del quehacer. Por tanto, la norma establecería que ninguna decisión operativa podrá sacrificar la calidad del servicio o el bienestar del cliente en aras de un beneficio económico inmediato, garantizando así la integridad del propósito institucional.


La segunda norma recomienda institucionalizar espacios de deliberación ética entre colegas para resolver dilemas complejos donde los principios puedan chocar. Esto retoma la sugerencia de Martínez Navarro sobre la importancia del diálogo para no actuar en solitario, y se complementa con la perspectiva de Adela Cortina, quien enfatiza que la ética en las organizaciones es clave para generar confianza y legitimidad social. Al incluir esta responsabilidad, obligamos a los empleados a sopesar las razones a favor y en contra cuando surjan conflictos de valores, fomentando una cultura de transparencia donde la credibilidad se construye colectivamente mediante buenas prácticas compartidas y no solo mediante el cumplimiento ciego de reglas.


En conclusión, adoptar estas dos normas permitirá construir un código de ética vivo y útil, que proteja la identidad de nuestra organización frente a la corrupción cortoplacista. Como bien señalan los autores, actuar éticamente puede no parecer exitoso a corto plazo, pero genera un capital de credibilidad indispensable para la sostenibilidad a largo plazo. De esta manera, no solo cumplimos con responsabilidades laborales, sino que asumimos un compromiso libre con los valores históricos de nuestra profesión, asegurando que la técnica siempre vaya de la mano con una conciencia ética atenta a todos los implicados.


Referencias

Cortina, A. (Ed.). (2001). Construir confianza: Ética de la empresa en la sociedad de la información. Madrid, España: Editorial Trotta.

Martínez Navarro, E. (2010). Ética profesional de los profesores. Bilbao, España: Desclée De Brouwer.

Martínez Navarro, E. (2008). Ética para el desarrollo de los pueblos. Madrid, España: Editorial Popular.

Núñez, J. C. Un profesional excelente combina técnica y ética: Emilio Martínez Navarro. Edición 424. Recuperado de material de clase.

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Re: Normas de conducta y responsabilidades

by KATIUSKA JOSEFA DELGADO LóPEZ -
Compañero comparto tu planteamiento al señalar que un código de ética no debe limitarse a enumerar normas, sino promover una reflexión consciente sobre el sentido del trabajo profesional. La idea de priorizar los bienes internos de la profesión resulta especialmente relevante, ya que permite mantener el propósito social de la organización y evitar que decisiones guiadas únicamente por intereses económicos deterioren la calidad del servicio. Como sostiene Martínez Navarro, cuando los bienes externos, como el dinero o el prestigio se colocan por encima de la finalidad propia del trabajo, se produce una pérdida del sentido ético y profesional de la actividad.

Asimismo, considero muy valiosa tu propuesta de institucionalizar espacios de deliberación ética. El diálogo entre colegas permite analizar situaciones complejas desde diversas perspectivas y evita decisiones impulsivas o aisladas. En este sentido, la ética organizacional no solo se construye mediante normas escritas, sino a través de prácticas colectivas que fortalecen la confianza y la legitimidad social de la institución, tal como señala Cortina (2001). De este modo, un código de ética se convierte en una herramienta viva que orienta la acción y fomenta una cultura de responsabilidad compartida, contribuyendo a la sostenibilidad y credibilidad de la organización a largo plazo.

Bibliografía
Cortina, A. (Ed.). (2001). Construir confianza: Ética de la empresa en la sociedad de la información. Madrid, España: Trotta.
Martínez Navarro, E. (2008). Ética para el desarrollo de los pueblos. Madrid, España: Editorial Popular.
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Re: Normas de conducta y responsabilidades

by JHIMY PATRICIO TANDAZO TACURI -
Estimado Israel buenas noches, muy buen artículo.

La construcción de un Código de Ética en una organización debe ir más allá de la simple imposición de reglas o normas formales. Su verdadero propósito es promover una reflexión consciente sobre la conducta profesional, permitiendo que cada integrante de la institución comprenda el sentido de sus acciones y su impacto en la sociedad. En este contexto, la ética no se limita a señalar lo que está bien o mal, sino que busca formar profesionales capaces de actuar con responsabilidad, criterio propio y compromiso con los valores institucionales. Tal como plantea Emilio Martínez Navarro, la ética cobra sentido cuando invita a las personas a reflexionar libremente sobre su práctica profesional y a asumir sus principios con convicción, en lugar de obedecer normas de manera automática.

Desde esta perspectiva, un Código de Ética debe fomentar la autonomía responsable y el sentido vocacional del trabajo, evitando que los profesionales se conviertan en simples ejecutores de tareas rutinarias. Cuando las normas éticas se interiorizan, los trabajadores pueden actuar con mayor compromiso, creatividad y responsabilidad social, recordando que su labor tiene un impacto directo en otras personas y en el desarrollo de la organización. De esta manera, la ética organizacional contribuye no solo al cumplimiento de reglas, sino también al fortalecimiento de una cultura institucional basada en valores, motivación y excelencia profesional.

BIBLIOGRAFIA:
• Treviño, L. K., y Nelson, K. A. (2021). Gestión de la ética empresarial: Cómo hacer lo correcto en las organizaciones (8.ª ed.). John Wiley & Sons.
• Velásquez, M. G. (2017). Ética en los negocios: Conceptos y casos (8.ª ed.). Pearson.
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Re: Normas de conducta y responsabilidades

by PABLO ANDRéS FIERRO ORTEGA -
Hola Guillermo

Compañero, coincido con tu planteamiento cuando señalas que la construcción de un código de ética debe ir más allá del cumplimiento formal de normas y debe promover la reflexión crítica y la autonomía responsable en los colaboradores. Como mencionas en tu intervención, la idea de priorizar los bienes internos de la profesión sobre los bienes externos, retomando a Martínez Navarro, resulta fundamental para evitar que las decisiones organizacionales se orienten únicamente por el beneficio económico, descuidando el sentido social y profesional del trabajo. Esta perspectiva fortalece el código de ética porque orienta el comportamiento hacia el propósito de la organización y no solo hacia el cumplimiento de reglas.

Además, considero muy acertada tu propuesta de incluir espacios de deliberación ética entre colegas, ya que los dilemas organizacionales no siempre pueden resolverse mediante normas rígidas. En este sentido, la ética organizacional también requiere diálogo, participación y análisis de las consecuencias de las decisiones. En concordancia con lo que señalas, Cortina sostiene que la ética en las organizaciones se construye colectivamente y se fundamenta en la confianza, la cual surge cuando los miembros actúan con responsabilidad y justifican sus decisiones frente a los demás (Cortina, 2001). Por ello, promover la discusión ética dentro de la institución no solo ayuda a resolver conflictos, sino que fortalece la credibilidad y legitimidad de la organización.

En complemento a tu aporte, considero que estas normas también contribuyen a generar compromiso en los trabajadores, ya que cuando las personas comprenden el sentido de su labor y participan en la toma de decisiones, se incrementa su identificación con la organización y se favorece un comportamiento más ético y responsable. De esta manera, el código de ética deja de ser un documento formal y se convierte en una guía práctica para la conducta diaria, tal como lo planteas en tu análisis.

Bibliografía:
Cortina, A. (2001). Construir confianza: Ética de la empresa en la sociedad de la información. Madrid, España: Editorial Trotta.
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Re: Normas de conducta y responsabilidades

by SANTIAGO ALEXANDER CARRILLO ALVEAR -
Estimado Israel me gustaría complementar tu publicación mencionando que una popuesta ética dentro de una organización debe ir más allá de la simple imposición de reglas y convertirse en una guía que promueva la reflexión crítica y la excelencia profesional. La ética no debe limitarse a sermonear o dictar comportamientos, sino que debe incentivar que cada profesional asuma su labor con conciencia y libertad, fomentando la autonomía responsable. Este enfoque permite que los empleados mantengan la motivación y el sentido vocacional en sus funciones, evitando la rutina mecánica que podría desvirtuar el propósito de su trabajo y comprometer la calidad de sus decisiones frente a la sociedad.

Asimismo, la institucionalización de normas que prioricen los bienes internos de la profesión sobe los externos y la creación de espacios de deliberación ética fortalecen la integridad y la confianza organizacional. Martínez Navarro resalta que los bienes internos, como la calidad del servicio y el bienestar del cliente, deben guiar las decisiones, evitando que intereses económicos inmediatos comprometan la labor profesional.

Referencias
Cortina, A. (2011). Ética mínima: Introducción a la filosofía práctica. Madrid: Tecnos.