La construcción de un código de ética en nuestra organización debe trascender la mera repetición de normas morales establecidas, enfocándose en la reflexión crítica que permite la excelencia profesional. Tal como sostiene Emilio Martínez Navarro en la entrevista, la ética no sirve si se reduce a sermonear o adoctrinar, sino que debe ayudar a cada individuo a reflexionar sobre lo que hace y asumir los principios de su quehacer en libertad. Por ello, considero que las normas de conducta deben fomentar la autonomía responsable, evitando que el profesional se convierta en un trabajador rutinario que olvida el entusiasmo y el sentido vocacional de su labor hacia la sociedad.
Como primera norma de comportamiento, propongo que todo empleado se comprometa explícitamente a priorizar los bienes internos de la profesión por encima de los bienes externos. Martínez Navarro explica que los bienes internos son la razón de ser de nuestra labor, como el servicio al usuario o el bien específico que aportamos, mientras que los externos son el dinero o el prestigio. Si colocamos estos últimos por delante, caemos en la corrupción profesional y se atenta contra el sentido mismo del quehacer. Por tanto, la norma establecería que ninguna decisión operativa podrá sacrificar la calidad del servicio o el bienestar del cliente en aras de un beneficio económico inmediato, garantizando así la integridad del propósito institucional.
La segunda norma recomienda institucionalizar espacios de deliberación ética entre colegas para resolver dilemas complejos donde los principios puedan chocar. Esto retoma la sugerencia de Martínez Navarro sobre la importancia del diálogo para no actuar en solitario, y se complementa con la perspectiva de Adela Cortina, quien enfatiza que la ética en las organizaciones es clave para generar confianza y legitimidad social. Al incluir esta responsabilidad, obligamos a los empleados a sopesar las razones a favor y en contra cuando surjan conflictos de valores, fomentando una cultura de transparencia donde la credibilidad se construye colectivamente mediante buenas prácticas compartidas y no solo mediante el cumplimiento ciego de reglas.
En conclusión, adoptar estas dos normas permitirá construir un código de ética vivo y útil, que proteja la identidad de nuestra organización frente a la corrupción cortoplacista. Como bien señalan los autores, actuar éticamente puede no parecer exitoso a corto plazo, pero genera un capital de credibilidad indispensable para la sostenibilidad a largo plazo. De esta manera, no solo cumplimos con responsabilidades laborales, sino que asumimos un compromiso libre con los valores históricos de nuestra profesión, asegurando que la técnica siempre vaya de la mano con una conciencia ética atenta a todos los implicados.
Referencias
Cortina, A. (Ed.). (2001). Construir confianza: Ética de la empresa en la sociedad de la información. Madrid, España: Editorial Trotta.
Martínez Navarro, E. (2010). Ética profesional de los profesores. Bilbao, España: Desclée De Brouwer.
Martínez Navarro, E. (2008). Ética para el desarrollo de los pueblos. Madrid, España: Editorial Popular.
Núñez, J. C. Un profesional excelente combina técnica y ética: Emilio Martínez Navarro. Edición 424. Recuperado de material de clase.