La evaluación psicológica en psicooncología

La evaluación psicológica en psicooncología

de DANIEL NICOLAS FLORES CEVALLOS -
Número de respuestas: 1

En psicooncología, considero que la evaluación psicológica es una parte esencial del abordaje clínico, porque el cáncer no afecta únicamente al cuerpo, sino también al estado emocional, la percepción de control, la adaptación y la calidad de vida del paciente. Por eso, el malestar emocional ha sido reconocido como un “sexto signo vital”, ya que su detección temprana permite identificar necesidades psicológicas que pueden influir directamente en la evolución del tratamiento (Holland & Bultz, 2007; Ownby, 2019). Evaluar de manera adecuada no solo ayuda a conocer qué siente el paciente, sino también cómo interpreta su enfermedad, cómo la afronta y con qué recursos cuenta para sostenerse en un proceso tan demandante (Grassi et al., 2015).


Desde mi perspectiva, es importante diferenciar entre la entrevista clínica y los instrumentos de evaluación. La entrevista clínica me permite comprender de manera amplia la experiencia subjetiva del paciente, su historia, sus temores, sus preocupaciones y el significado que atribuye al diagnóstico y al tratamiento. En cambio, los instrumentos de evaluación aportan medidas más estructuradas y sistemáticas que facilitan identificar patrones de afrontamiento, niveles de malestar, estilos cognitivos y conductuales, así como fortalezas y vulnerabilidades (Grassi et al., 2015). Ambos recursos no se excluyen, sino que se complementan. La entrevista aporta profundidad clínica y los cuestionarios brindan mayor precisión en la valoración.



Además, considero que en oncología no basta con evaluar síntomas como ansiedad, depresión o angustia. También es necesario valorar los recursos de afrontamiento y los factores protectores, porque estos pueden marcar una diferencia importante en la adaptación psicológica del paciente. Un paciente puede presentar malestar, pero también puede mostrar buena capacidad de afrontamiento, apoyo familiar, esperanza o estrategias activas para enfrentar la enfermedad. Estos elementos son fundamentales para diseñar intervenciones ajustadas a las necesidades reales de cada caso y avanzar hacia una formulación clínica más amplia que un diagnóstico categorial aislado (Johnstone & Dallos, 2017).


Entre los instrumentos más utilizados para evaluar recursos de afrontamiento en pacientes oncológicos, destaco en primer lugar el Cuestionario COPE, que evalúa distintas estrategias de afrontamiento, como afrontamiento activo, planificación, búsqueda de apoyo, negación o evitación (Carver et al., 1989). En el contexto oncológico, su uso es relevante porque permite identificar si el paciente enfrenta activamente la enfermedad o si utiliza estilos desadaptativos que podrían aumentar su sufrimiento. Esta información resulta útil para planificar intervenciones dirigidas a fortalecer estrategias más funcionales.

En segundo lugar, el CAEPO es especialmente valioso porque fue diseñado para pacientes oncológicos y evalúa estrategias de afrontamiento cognitivas y conductuales frente al estrés derivado del cáncer, el tratamiento y las situaciones sociofamiliares asociadas a la enfermedad (García-Conde et al., 2016). Su relevancia radica en que explora respuestas más específicas de esta población, como lucha activa, preocupación ansiosa, resignación o evitación, lo que permite orientar mejor el plan terapéutico.

En tercer lugar, la Escala de Estilos Conductuales de Miller (MBSS) evalúa si la persona tiende a buscar información y enfrentarse activamente a la amenaza o, por el contrario, a evitarla (Miller, 1987). En oncología, esto es clave porque influye en la manera en que el paciente recibe información médica, participa en la toma de decisiones y se adhiere al tratamiento. Conocer este estilo permite ajustar la comunicación clínica y las intervenciones psicooncológicas según las características del paciente.

Finalmente, considero que evaluar el afrontamiento influye directamente en la adherencia terapéutica, porque un paciente con estrategias más adaptativas suele participar mejor en su tratamiento, comprender indicaciones y sostener conductas de autocuidado.


Referencia.

Bultz, B. D., & Groff, S. L. (2016). Why cancer care should screen for distress, the 6th vital sign. Current Oncology, 23(5), 297–298.

Carver, C. S., Scheier, M. F., & Weintraub, J. K. (1989). Assessing coping strategies: A theoretically based approach. Journal of Personality and Social Psychology, 56(2), 267–283.

García-Conde, A., Martín-García, M. T., & Jiménez, R. (2016). Propiedades psicométricas del cuestionario de afrontamiento al estrés para pacientes oncológicos (CAEPO). Psicooncología, 13(2–3), 271–284. https://doi.org/10.5209/PSIC.54436

Grassi, L., Caruso, R., Sabato, S., Massarenti, S., & Nanni, M. G. (2015). Psychosocial screening and assessment in oncology and palliative care settings. Frontiers in Psychology, 5, Article 1485. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2014.01485

Holland, J. C., & Bultz, B. D. (2007). The NCCN guideline for distress management: A case for making distress the sixth vital sign. Journal of the National Comprehensive Cancer Network, 5(1), 3–7.

Johnstone, L., & Dallos, R. (2017). Reflections on assessment, diagnosis and formulation. Journal of Health Psychology, 22(5), 562–569.

Miller, S. M. (1987). Monitoring and blunting: Validation of a questionnaire to assess styles of information seeking under threat. Journal of Personality and Social Psychology, 52(2), 345–353.

Ownby, K. K. (2019). Use of the Distress Thermometer in clinical practice. Journal of the Advanced Practitioner in Oncology, 10(2), 175–179.



En respuesta a DANIEL NICOLAS FLORES CEVALLOS

Re: La evaluación psicológica en psicooncología

de ANGIE ELIZABETH OLIVO MACíAS -
Daniel considero que el análisis presentado es pertinente al destacar la importancia de evaluar no solo los síntomas emocionales, sino también los recursos de afrontamiento del paciente oncológico. Coincido en que la entrevista clínica y los instrumentos psicométricos se complementan, ya que permiten comprender tanto la experiencia subjetiva del paciente como identificar patrones de afrontamiento relevantes para la intervención (Grassi et al., 2015).

Como complemento, podría incorporarse el Mini-Mental Adjustment to Cancer (Mini-MAC), que evalúa estilos de afrontamiento frente al cáncer como el espíritu de lucha, la preocupación ansiosa o el fatalismo (Watson et al., 1994). Este instrumento es útil para orientar intervenciones psicooncológicas y comprender actitudes que pueden influir en la adherencia al tratamiento.

No obstante, también es importante reconocer que los instrumentos tienen limitaciones, ya que pueden simplificar experiencias complejas; por ello, sus resultados deben integrarse dentro de una formulación clínica más amplia y no limitarse a un diagnóstico categorial (Johnstone & Dallos, 2017).

Referencias Bibliografica
Grassi, L., et al. (2015). Handbook of Psycho-Oncology. Oxford University Press.
Johnstone, L., & Dallos, R. (2017). Formulation in Psychology and Psychotherapy. Routledge.
Watson, M., et al. (1994). Development of the Mini-MAC. Psychological Medicine, 24(2), 365–376.