La valoración psicológica no es un proceso opcional, sino un pilar del tratamiento oncológico integral. Se ha propuesto que el bienestar emocional sea considerado el sexto signo vital (Bultz & Carlson, 2006), ya que el estado mental del paciente influye directamente en su calidad de vida, en qué tan bien sigue el tratamiento médico y en su pronóstico clínico. Evaluar permite detectar a tiempo barreras como la depresión o el pánico a la recaída que podrían entorpecer la recuperación física.
Para un diagnóstico completo, se requiere una combinación de la Entrevista clínica que aporta la visión humana y flexible. Permite entender la historia personal del paciente y su entorno social. Y por otro lado los Instrumentos estandarizados que ofrecen datos objetivos y comparables sobre niveles de estrés o formas de afrontamiento (Holland et al., 2015).
Evaluar no es solo buscar problemas o trastornos. Es vital identificar la resiliencia, el apoyo social y las capacidades cognitivas del paciente. Esto permite que la terapia no se limite a "corregir lo malo", sino a potenciar las herramientas propias del individuo para enfrentar la enfermedad.
Existen cuestionarios específicos que ayudan a los especialistas a diseñar planes personalizados:
Cuestionario COPE (Carver et al., 1989): Analiza si el paciente toma un rol activo, si busca apoyo social o si utiliza la evitación. Ayuda a redirigir estrategias hacia la reestructuración cognitiva.
CAEPO (González et al., 1993): Diseñado exclusivamente para cáncer. Mide estados como la "lucha activa" frente a la "indefensión" o el "fatalismo". Es fundamental para intervenir en pacientes que se sienten rendidos ante el diagnóstico.
Escala Miller (MBSS, 1987): Divide a los pacientes entre monitores (buscan información constante) y evitadores (prefieren la distracción). Saber esto permite que el médico ajuste cuánto y cómo comunica las noticias al paciente para no saturarlo emocionalmente.
La forma en que un paciente procesa la enfermedad dicta su comportamiento terapéutico. Quienes enfrentan el cáncer con fatalismo suelen descuidar su tratamiento, mientras que un afrontamiento activo mejora los resultados (Greer, 2008). Esto guía el uso de terapias específicas como la cognitivo-conductual o el mindfulness.
Referencias
Bultz, B. D., & Carlson, L. E. (2006). Emotional distress: The sixth vital sign in cancer care. Journal of Clinical Oncology, 24(23), 1–3.
Carver, C. S., Scheier, M. F., & Weintraub, J. K. (1989). Assessing coping strategies: A theoretically based approach. Journal of Personality and Social Psychology, 56(2), 267–283.
González, J. L., et al. (1993). El cuestionario de afrontamiento al estrés para pacientes oncológicos (CAEPO). Psicooncología, 1(1), 1–10.
Greer, S. (2008). Psychological therapy for patients with cancer: A new approach. Oxford University Press.
Holland, J. C., Andersen, B., Breitbart, W. S., et al. (2015). Distress management. Journal of the National Comprehensive Cancer Network, 13(2), 190–228.
Miller, S. M. (1987). Monitoring and blunting: Validation of a questionnaire. Journal of Personality and Social Psychology, 52(2), 345–353.