La bioética la podemos definir como una ciencia multidisciplinaria fundamental que principalmente estudia la conducta humana y los dilemas éticos que encontramos en el avance del conocimiento y desarrollo científico y su poderío tecnológico; donde su objetivo principal es el garantizar la supervivencia de los seres humanos y elevar la calidad de vida de los mismos, a través de un marco ético y moral que se adapte a los estándares establecidos. (Sanchez, 2014, p2-p3) Aunque su inicio se sitúa en el ambiente liberal de Estados Unidos durante el siglo XX, su expansión a nivel global nos ha permitido que diversas regiones adapten estos principios básicos a sus propias realidades y problemas. En este sentido es que ha surgido una distinción con la bioética desarrollada en Latinoamérica, a diferencia de la que predomina en el norte del continente. Una de las discrepancias más profundas reside entre la diferencia del racionalismo sobre el empirismo. La primera que existe en la tradición europea continental y por ende Latinoamérica, considera insuficiente una ética casuística y procedimental, que es del modelo que se utiliza en Estados Unidos. En esta versión latinoamericana, lo que se busca es centrarse de manera pragmática en el “que es lo que se va a decidir”, sobre un problema, más no en el “quién lo va a realizar”. Así mismo en la bioética latinoamericana, persiste una moralidad que se centra principalmente en la virtud y en el carácter, a diferencia del enfoque de los derechos y deberes; donde en nuestra región, la actitud de la familia y el médico tiene un protagonismo esencial donde existe un modelo en la relación médico paciente que se basa principalmente en la confianza. Donde el paciente no sólo busca la aplicación de un método terapéutico o de un protocolo a seguir, sino que también valora las virtudes Morales y la confianza que le brinda el profesional de la salud que le está tratando, dónde esta conexión se convierte en el eje principal del acto médico, priorizando la empatía y los valores de las personas. Otra diferencia significativa es el trasfondo político e histórico que ha tenido Europa y Estados Unidos, donde la tradición política romana es centralizadora y estatista, lo que ha influido en que los ciudadanos españoles y latinoamericanos mantienen una mayor expectativa respecto al rol de las personas que están en el gobierno de turno, a diferencia de la tradición democrática, liberal e individualista de los Estados Unidos. Aquí en latinoamérica, se observa una mayor esperanza en la gestión del Estado, como un ente rector de la política en salud, aunque esta mentalidad es estatista, no debe ser utilizada como una excusa para marginar a los individuos y hay que fomentar y promover la participación ciudadana. Finalmente, otra de las diferencias importantes que encontramos se manifiesta como una sensibilidad hacia la justicia social, mientras que el modelo de los Estados Unidos se inclina más hacia sistemas de salud predominantemente privados que suelen ser competitivos. En Latinoamérica existe una demanda histórica por sistemas de salud, que sean financiados y gestionados por el gobierno. De esta manera se busca proteger a los sectores sociales más vulnerables, entendiendo la salud como un Derecho colectivo antes que un negocio. (Sanchez, 2014, p6-p8) A pesar de estas notables diferencias estructurales, culturales y problemáticas. Ambas corrientes convergen en un fin que es preservar la dignidad humana, la moralidad y la salud integral de todas las personas.
Referencia bibliográfica:
- Sánchez González, MA. MSP. (2014). ¿Qué es la bioética? Quito, Ecuador.: Curso introductorio de bioética para profesionales de la salud 2014. 17 pp.