Adaptaciones Metabólicas en pacientes críticos

Adaptaciones Metabólicas en pacientes críticos

de NORKA GABRIELA MONGE BENíTEZ -
Número de respuestas: 2

El paciente crítico pediátrico cursa por una serie de fases de estrés metabólico que reflejan la respuesta fisiológica al trauma, la infección o la falla orgánica, y que condicionan de manera determinante el abordaje nutricional. Tradicionalmente se describen dos fases principales: la fase ebb (o fase aguda temprana) y la fase flow (o fase hipermetabólica/estable), aunque en pediatría se reconoce además una fase posterior de recuperación. Durante la fase ebb, que ocurre en las primeras 24–48 horas, predominan la disminución del gasto energético, la reducción del flujo esplácnico, la hipoperfusión y un estado catabólico inicial moderado. Hormonalmente se observa un aumento de catecolaminas y cortisol, resistencia a la insulina e inhibición de la termogénesis. Esta fase tiene implicaciones clínicas importantes: el niño suele presentar intolerancia gastrointestinal y perfusión inestable, por lo que la nutrición enteral debe iniciarse de manera temprana pero cautelosa, evitando la sobrealimentación y priorizando estabilidad hemodinámica (Joosten, Kerklaan & Verbruggen, 2016).



Posteriormente, el paciente entra en la fase flow, caracterizada por un estado hipermetabólico con incremento de la gluconeogénesis, lipólisis y proteólisis acelerada. En esta etapa, la pérdida de masa muscular puede ser de hasta 2–3 % por día en UCIP, dada la mayor vulnerabilidad del niño por sus menores reservas y la alta demanda relativa de crecimiento (Orellana & Coss-Bu, 2021). Hormonalmente persisten niveles elevados de cortisol, glucagón y citocinas proinflamatorias (IL-6, TNF-α), que amplifican el catabolismo. Desde el punto de vista nutricional, esta fase exige avanzar progresivamente hacia la cobertura del 70–100 % del gasto energético, idealmente individualizado mediante calorimetría indirecta, con un énfasis prioritario en el aporte proteico para atenuar la pérdida de masa magra y mejorar la recuperación. Finalmente, en la fase de recuperación, se optimiza el anabolismo, se atenúan las respuestas inflamatorias y la terapia nutricional debe ajustarse para favorecer rehabilitación, crecimiento y restitución funcional. Comprender estas fases permite planificar una terapia nutricional más segura, oportuna y eficaz.


Referencias bibliográficas:


Joosten, K. F. M., Kerklaan, D., & Verbruggen, S. C. A. T. (2016). Nutritional support and the role of the stress response in critically ill children. Current Opinion in Clinical Nutrition and Metabolic Care, 19(3), 226–233. https://doi.org/10.1097/MCO.0000000000000268

Orellana, R. A., & Coss-Bu, J. A. (2021). Metabolic alterations in the critically ill child: A narrative review. Pediatric Medicine, 4, 8. https://doi.org/10.21037/pm-20-64


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Re: Adaptaciones Metabólicas en pacientes críticos

de ANDRéS FABIAN VALENCIA VELASCO -
Tu análisis permite profundizar en un punto que suele pasar desapercibido: la variabilidad del estrés metabólico en pediatría. Aunque las fases se describen como secuenciales, en la práctica se observa patrones mixtos. Un niño puede presentar signos típicos de fase aguda en algunos sistemas y manifestaciones catabólicas avanzadas en otros. Esta falta de linealidad obliga a adaptar la nutrición a situaciones dinámicas y no como un modelo rígido.

Otro aspecto relevante es la interacción entre la respuesta endocrina y la función inmunológica. Durante el estrés, la reducción de la masa muscular altera la disponibilidad de aminoácidos esenciales para la síntesis de proteínas inmunitarias y para la reparación tisular. La respuesta inflamatoria mantiene un consumo constante de glutamina y arginina, lo que condiciona tanto la función del enterocito como la actividad de los linfocitos T. Esto explica por qué el soporte nutricional no debe enfocarse solo en detener la pérdida de músculo, sino en sostener la respuesta inmunitaria y mantener la integridad intestinal.

También es importante considerar el papel del hígado en la regulación del metabolismo durante estas fases. La mayor carga de gluconeogénesis, la síntesis de proteínas de fase aguda y la depuración limitada de lactato generan un perfil metabólico complejo. La nutrición debe respetar esta carga funcional para evitar intervenciones que aumenten la producción de CO2, alteren la perfusión esplácnica o saturen rutas metabólicas que ya operan bajo tensión.

Finalmente, la transición hacia la fase de recuperación requiere una visión más amplia que la simple cobertura energética. La rehabilitación física, la modificación de la inflamación residual y el soporte neurocognitivo dependen de la interacción entre nutrición, movilidad y estabilidad orgánica. Esta etapa exige un ajuste continuo del aporte para favorecer la reconstrucción de masa magra y el retorno de las funciones previas a la enfermedad.
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Re: Adaptaciones Metabólicas en pacientes críticos

de MARIA ELISA PANTA VIVAR -
Estimada Norka:

Tu intervención destaca acertadamente la importancia de ajustar el soporte nutricional de forma progresiva en pacientes pediátricos críticos, considerando su gasto energético real. La calorimetría indirecta se reconoce como el método más preciso para estimar estos requerimientos, ya que permite evitar tanto el déficit como el exceso calórico, ambos asociados a complicaciones clínicas. En este contexto, el aporte proteico cobra especial relevancia, sobre todo en las fases de estabilización y recuperación, donde preservar la masa muscular y promover la síntesis proteica es prioritario. La evidencia actual respalda que un consumo proteico entre 1.5 y 2.5 g/kg/día, ajustado a la condición del paciente, se asocia con mejores desenlaces clínicos, como menor tiempo de ventilación mecánica y recuperación funcional más rápida. No obstante, durante la fase aguda inicial, el organismo activa mecanismos adaptativos como la autofagia, esenciales para la supervivencia celular. Un aporte calórico excesivo en esta etapa podría interferir con estos procesos, dificultando la reparación tisular. Por ello, la progresión hacia la cobertura total de los requerimientos debe ser gradual y adaptada a la fase metabólica y tolerancia del paciente.
En suma, tu análisis refuerza la necesidad de un enfoque nutricional individualizado, flexible y basado en evidencia, que respete la fisiología del niño críticamente enfermo.

Blasco, J., Moreno, A. (2023). Nutrición en el paciente crítico. Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica. 1, 579-594. https://staging.static.aeped.es/47_nutr_critico_f096bef6f4.pdf
Campos-Miño, S., Carrión, E., & Moscoso, P. (2024). Guía de práctica clínica: soporte nutricional, hídrico y metabólico en el niño críticamente enfermo. Metro Ciencia, 32(3), 43–49. https://doi.org/10.47464/MetroCiencia/vol32/3/2024/43-49