Hasta ahora los modelos de negocio que hemos construido se
pueden considerar neutros, en el sentido de que solo se concentran
en producir y entregar valor. Muchas veces la diferencia no está en qué hacen,
sino en cómo lo hacen. Todas las tiendas tienen que seleccionar los
productos, negociar con los proveedores, recibir los productos,
exhibirlos y venderlos. La diferencia puede estar en la forma de
hacer esa selección de los productos, en la cantidad que se pide de
cada uno de ellos, en cómo se paga a los proveedores, en la forma
de almacenarlo, en la forma de venderlo, en la forma de exhibirlo, o
en la forma de entregarlo.
Desde mi perspectiva, la propuesta (o promesa) de valor de una empresa refleja el compromiso que hace la empresa con sus clientes de entregarles unos productos y servicios de una manera que les genere un beneficio mayor que el que obtendrían si adquirieran esos productos y servicios (o sus equivalentes) de una empresa competidora. El cliente debe entender con claridad esa promesa que le hacemos, le debe quedar claro que se ajusta a sus necesidades, que supera la promesa de otras empresas y que su decisión de comprarnos está claramente justificada.
Referencia bibliografica:
-Villalobos, J. (2024). El modelo de negocio (Lecturas para Arquitectos de Negocio No. 2, Versión 2.2). Universidad de los Andes. ISBN 978-958-49-2393-6.