¿Cuáles son las fases de estrés metabólico por las que cursa un paciente crítico pediátrico, que adaptaciones metabólicas y hormonales caracterizan a estas y cómo influyen en el abordaje nutricional para estos pacientes?
En el paciente crítico pediátrico, la respuesta al estrés metabólico se organiza clásicamente en tres fases: ebb, flow y recuperación/anabólica, cada una definida por patrones endocrinos, inmunológicos y metabólicos específicos que condicionan el manejo nutricional.
La fase ebb, que se desarrolla en las primeras 24 a 48 horas posteriores a la agresión fisiológica como sepsis, trauma o cirugía mayor, se caracteriza por hipoperfusión sistémica, reducción del gasto energético en reposo y disminución del consumo de oxígeno. En este periodo predomina una respuesta neuroendocrina orientada a preservar la perfusión tisular, con elevación de catecolaminas, vasopresina y aldosterona. En consecuencia, la intervención nutricional debe ser prudente, priorizando la estabilización hemodinámica y evitando la administración calórica excesiva, dado que el organismo presenta capacidad limitada de utilización de sustratos.
La fase flow emerge posteriormente y constituye el periodo de mayor repercusión metabólica. Se observa un incremento sustancial del gasto energético, acompañado de resistencia a la insulina, hiperglucemia inducida por estrés y marcada proteólisis, resultado del predominio catabólico de cortisol, glucagón y catecolaminas. Esta fase se asocia con intensa gluconeogénesis, lipólisis y movilización de aminoácidos provenientes del músculo esquelético, lo que conlleva pérdidas aceleradas de masa magra. Para el abordaje nutricional, este periodo exige una estrategia equilibrada: proporcionar un aporte proteico elevado generalmente ≥1.5 g/kg/día, con incrementos según edad y gravedad clínica y ajustar las calorías de forma individualizada, idealmente mediante calorimetría indirecta, para evitar tanto la infraalimentación como la sobrealimentación, ambas asociadas a complicaciones metabólicas y mayor morbilidad.
Finalmente, la fase de recuperación se caracteriza por la disminución de la inflamación sistémica, la restitución de la sensibilidad a la insulina y el predominio de procesos anabólicos destinados a la reparación tisular y la recuperación funcional. En este contexto, el soporte nutricional debe orientarse a la optimización del anabolismo, con progresión del aporte energético y proteico según tolerancia y objetivos de rehabilitación. En suma, la comprensión detallada de las fases del estrés metabólico y de sus correlatos hormonales permite estructurar intervenciones nutricionales más precisas, seguras y eficaces, alineadas con la fisiología del paciente crítico pediátrico.
Referencias:
Mehta, N. M., & Corkins, M. R. (Eds.). (2021). The ASPEN Pediatric Nutrition Support Core Curriculum (2nd ed.). American Society for Parenteral and Enteral Nutrition.
Kleinman, R. E., & Greer, F. R. (Eds.). (2020). Pediatric Nutrition (8th ed.). American Academy of Pediatrics.
Wilmore, D. W., & Dudrick, S. J. (2019). Metabolic response to injury: From Hans Selye to the present. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition, 43(5), 563–579.