La investigación es esencial para el trabajo del psicólogo en el ámbito oncológico porque permite comprender de manera rigurosa la experiencia emocional, cognitiva y social que viven día a día los pacientes con cáncer. Cuando Die Trill (2013) explica que la labor investigativa es una de las funciones centrales del psicooncólogo, destaca que este campo tiene el desafío de mejorar la calidad de la investigación y evidenciar la eficacia de intervenciones de una forma en la que realmente contribuyan al bienestar de los pacientes. Esto significa que el psicólogo no solo acompaña, sino que produce conocimiento que transforma la atención oncológica.
En psicooncología, la investigación es la base principal que permite identificar necesidades reales. De hecho, se ha demostrado que los cambios corporales, el impacto del tratamiento y la carga emocional pueden afectar la autoestima, el bienestar psicológico y la calidad de vida. En un estudio con mujeres con cáncer de mama post-mastectomía se encontró que las alteraciones corporales están directamente relacionadas con la disminución de la autoestima y el deterioro del bienestar emocional (Gargantini y Casari, 2019).
A esto se suma que la evidencia científica muestra que las intervenciones psicológicas estructuradas son eficaces para reducir la ansiedad y la depresión durante el proceso oncológico. Un metaanálisis de estudios clínicos demostró que los programas basados en la terapia cognitiva conductual disminuyen de forma significativa la angustia emocional y mejoran el afrontamiento en pacientes con cáncer, especialmente en mujeres con cáncer de mama (Osborn et al., 2006). Este tipo de resultados confirma que la práctica psicológica en oncología debe estar fundamentada en evidencia empírica que permita diseñar intervenciones efectivas y sensibles a las necesidades del paciente.
La investigación también tiene un valor ético, porque gracias al exhaustivo trabajo científico que se realiza es posible detectar brechas, evaluar con precisión las necesidades biopsicosociales considerando los diversos contextos y diseñar programas culturalmente adaptados. Además, investigar permite que el psicólogo dialogue con el equipo interdisciplinario y sustente el valor clínico de sus intervenciones. En esta línea, Ang et al. (2023), demostraron en sus estudios que las intervenciones de resiliencia dirigidas a pacientes con cáncer mejoran significativamente el bienestar psicológico, reducen síntomas de ansiedad y depresión fortaleciendo la capacidad de afrontamiento, lo que evidencia la importancia de integrar la salud mental como parte esencial del tratamiento oncológico.
En definitiva, la investigación no es un complemento: es el eje que permite al psicólogo comprender, intervenir y transformar la experiencia oncológica desde un enfoque científico, humano y sensible al contexto de cada paciente.
Bibliografía
Ang, W., How, W., Cham, G., Mel, S. de, Shi, H., & Devi, M. (2023). Effectiveness of resilience interventions among cancer patients – A systematic review, meta-analysis, and meta-regression of randomised controlled trials. European Journal of Oncology Nursing, 67, 102446–102446. https://doi.org/10.1016/j.ejon.2023.102446
Die Trill, M. (2013). Intervención psico-oncológica en el ámbito hospitalario. Clínica Contemporánea, 4(2), 119–133. https://doi.org/10.5093/cc2013a10
Gargantini, A.., y Casari, L. (2019). Imagen Corporal y su Influencia en la Calidad de Vida en mujeres con mastectomía. Psicooncología, 16(1), 43-60. https://revistas.ucm.es/index.php/PSIC/article/view/63647
Osborn, R., Demoncada, A., & Feuerstein, M. (2006). Psychosocial Interventions for Depression, Anxiety, and Quality of Life in Cancer Survivors: Meta-Analyses. The International Journal of Psychiatry in Medicine, 36(1), 13–34. https://doi.org/10.2190/eufn-rv1k-y3tr-fk0l