Desde el punto de
vista epidemiológico, estos descubrimientos fueron trascendentales porque
marcaron el inicio de los ensayos clínicos controlados, la evolución del
concepto de causa en salud y el desarrollo de la medicina basado en la
evidencia, especialmente en enfermedades por déficit vitamínico como el
escorbuto, la anemia, el beriberi y el bocio, que en aquella época podían
llegar a ser mortales.
A título persona debo destacar a los siguientes: James
Lind realizó uno de los primeros ensayos clínicos controlados al demostrar que
el escorbuto se debía a la deficiencia de vitamina C.
Más adelante, William Castle descubrió que la anemia perniciosa no solo se
relacionaba con la dieta, sino también con una alteración del jugo gástrico que
impedía absorber la vitamina B12, cuyo tratamiento actual es la administración
intramuscular.
Sidney Farber comprendió que mientras las anemias se debían a un déficit en la
división celular, la leucemia era producto de una división descontrolada. Por
ello junto con otros expertos desarrollaron análogos del ácido fólico, como el
ácido teriolaspartico (sin éxito), y posteriormente utilizaron aminopterina, un
inhibidor del metabolismo del folato, logrando las primeras remisiones de
leucemia infantil.
Estos estudios demuestran con hechos que el déficit vitamínico tiene grupos sociales
predilectos y además conociendo la causa han permitido la toma de acción oportuna,
con replica internacional y perennizado en el tiempo.