La principal ventaja de implementar una distribución técnica de costos indirectos, superando los modelos tradicionales basados únicamente en volumen, radica en la precisión estratégica. Al asignar costos basándose en las actividades reales que consumen recursos (como propone el modelo ABC), la gerencia elimina las distorsiones que suelen subsidiar productos complejos a expensas de los simples, permitiendo una fijación de precios competitiva y real (Horngren et al., 2021). Además, este nivel de detalle visibiliza las actividades que no agregan valor, transformando la contabilidad en una herramienta de gestión que impulsa la mejora continua y la eficiencia operativa (Vega Falcón et al., 2020).
Sin embargo, la desventaja crítica reside en la alta complejidad de implementación y mantenimiento. La recolección de datos para identificar los generadores de costo (cost drivers) exige una inversión significativa de tiempo y recursos financieros que no todas las organizaciones pueden justificar (Vega Falcón et al., 2020). Adicionalmente, incluso bajo metodologías avanzadas, persiste la dificultad de asignar ciertos gastos indirectos generales sin recurrir a criterios arbitrarios, lo que nos obliga como directores financieros a evaluar cuidadosamente si el incremento en la precisión de los datos compensa el costo administrativo de obtenerlos (Horngren et al., 2021).
Referencias Bibliográficas:
Horngren, C. T., Datar, S. M., & Rajan, M. V. (2021). Contabilidad de costos: Un enfoque gerencial (17.ª ed.). Pearson Educación.
Vega Falcón, V., Pinda Guanolema, B. R., & Paredes Cruz, R. E. (2020). Contabilidad de Costos y Gestión. Editorial Grupo Compás.