Crear propuestas de valor y posicionamientos disruptivos implica desafiar las reglas establecidas de una categoría y proponer alternativas que redefinan la experiencia del cliente. La principal estrategia para lograrlo es identificar necesidades latentes del consumidor que aún no están siendo atendidas por la competencia y construir soluciones radicalmente distintas basadas en esas brechas. La disrupción no surge solo de incorporar tecnología, sino de replantear la lógica completa del valor entregado: simplificar procesos, cambiar los modelos de acceso o transformar la percepción de beneficio. De acuerdo con Christensen (1997), la innovación disruptiva se caracteriza por ofrecer una propuesta inicialmente inferior en atributos tradicionales, pero superior en nuevas dimensiones que el mercado comienza a valorar. Desde esta perspectiva, comprender profundamente al cliente —mediante investigación etnográfica, análisis de comportamiento y experimentación rápida permite introducir modelos que cuestionan los supuestos dominantes y generan ventajas competitivas sostenibles.
Referencia:
Christensen, C. M. (1997). The Innovator’s Dilemma. Harvard Business School Press.