1. ¿Cuál sería la actuación del psicooncólogo?
En un caso como este, la actuación del psicooncólogo consistiría en sostener un espacio clínico donde el sufrimiento pueda ser reconocido sin que la paciente sienta que pierde control. La tarea central sería acompañar el impacto emocional del diagnóstico y facilitar procesos adaptativos frente a una vivencia que amenaza identidad, vínculos y proyecto vital. Tal como plantea Die Trill (2013), el rol asistencial del psicooncólogo busca aliviar sufrimiento, optimizar calidad de vida y articular el componente emocional dentro del cuidado hospitalario.
En este escenario, no se trata únicamente de contener ansiedad o miedo, sino de trabajar con la evitación del contacto afectivo y la rigidez que se puede presentar por el rasgo narcisista como barrera al vínculo. El trabajo debería incluir a la pareja, cuya evitación frente a la información médica revela un malestar que también requiere sostén terapéutico. Rivero Burón et al. (2008) recuerdan que la psicooncología atiende tanto al paciente como a sus familiares, ya que sus respuestas emocionales influyen en el proceso de afrontamiento y adaptación a la enfermedad.
En síntesis, la actuación se orientaría a evaluar riesgo emocional, construir una alianza mínima pero significativa, promover conciencia sobre el impacto subjetivo del cáncer y ofrecer un lugar donde el miedo pueda ser nombrado y articulado con el equipo tratante.
2. ¿Qué tipo de intervención requiere?
Este caso requiere una intervención focal, flexible y orientada a acompañamiento emocional, psicoeducación y regulación afectiva. Técnicamente, sería pertinente un abordaje breve con énfasis cognitivo–afectivo: contención, clarificación de temores, normalización de reacciones, estrategias de afrontamiento y mediación comunicativa entre paciente, pareja y equipo médico. De acuerdo con Die Trill (2013), las técnicas deben adaptarse a las necesidades del paciente y sus familiares, integrando escucha activa, soporte emocional y recursos para enfrentar la enfermedad.
Dado el nivel de resistencia, rasgos desadaptativos y evitación de la información médica, esta paciente corresponde a una intervención de Nivel 3, dirigida por profesionales capacitados para evaluación del malestar psicológico e intervención clínica con técnicas estructuradas (Rojas & Gutiérrez, 2016, tabla de niveles).
Así, la derivación oportuna permite prevenir deterioro emocional, favorecer adherencia y sostener el proceso de adaptación emocional, familiar y relacional, como señalan Rivero Burón et al. (2008).
Referencias
-Die Trill, M. (2013). Intervención psico-oncológica en el ámbito hospitalario. Clínica Contemporánea, 4(2), 119–133.
-Rivero Burón, R., Piqueras Rodríguez, J., Ramos Linares, V., García López, L., Martínez González, A., & Oblitas Guadalupe, L. (2008). Psicología y cáncer. Suma Psicológica, 15(1), 171–198.
-Rojas, C., & Gutiérrez, Y. (2016). Psicooncología: Aportes a la comprensión y la terapéutica. Nueva Mirada Ediciones. (Tabla de niveles de intervención).