La dispensarización se define como un proceso dinámico, organizado y continuo de evaluación e intervención sobre el estado de salud de las personas, las familias y la comunidad. No se limita a un registro estático, sino que constituye una metodología de trabajo del equipo de salud para estratificar a la población según su situación sanitaria. Según Batista Moliner et al. (2001), este proceso permite influir activamente en la mejora de la salud mediante la planificación de acciones de promoción, prevención, curación y rehabilitación.
Grupos de Dispensarización y Ejemplos
La Dispensarización permite agrupar a los individuos para brindarles una atención diferenciada. Se identifican cuatro grupos principales:
Grupo I: Supuestamente Sano
Personas que no manifiestan ninguna condición patológica conocida, ni factores de riesgo individuales evidentes, y cuyo examen físico no revela alteraciones. Ejemplo: Un adolescente de 18 años, con peso adecuado, no consume sustancias tóxicas y no padece enfermedades crónicas.
Grupo II: Con Riesgo
Individuos expuestos a condiciones que, de no ser controladas, aumentan su vulnerabilidad a sufrir daños a la salud. Estos riesgos pueden ser biológicos, psicológicos, sociales o ambientales. Senado Dumoy (1999) destaca que factores como el tabaquismo, el sedentarismo o el aislamiento social actúan gradual y negativamente en el proceso salud-enfermedad. Ejemplo: Un adulto de 45 años, que presenta sedentarismo y sobrepeso, con antecedentes familiares de diabetes mellitus.
Grupo III: Enfermo
Personas que padecen una enfermedad diagnosticada, ya sea aguda o crónica, transmisible o no transmisible. Ejemplo: Una paciente femenina de 60 años diagnosticada con Hipertensión Arterial Esencial, que requiere tratamiento farmacológico y seguimiento periódico.
Grupo IV: Con Deficiencia o Discapacidad
Personas que presentan una disminución temporal o permanente de sus capacidades funcionales (motoras, sensoriales o psíquicas) como secuela de un problema de salud. Ejemplo: Un paciente de 70 años que, tras sufrir un Accidente Cerebrovascular (ACV), presenta hemiplejia derecha y dificultad para la marcha.
Actividades a realizar por cada grupo
Las acciones de salud se programan según la frecuencia mínima de evaluación (FME) y las necesidades de cada grupo:
Grupo I (Sano):
Promoción de salud. Se debe realizar al menos una evaluación anual (cada 12 meses) en consulta o terreno. El objetivo es reforzar estilos de vida positivos y detectar precozmente cualquier alteración.
Grupo II (Con Riesgo):
Prevención y vigilancia. La frecuencia mínima es de dos evaluaciones al año (cada 6 meses). La estrategia se centra en modificar o eliminar los factores de riesgo identificados (ej. consejería antitabáquica, planes de dieta y ejercicio) para evitar la aparición de la enfermedad.
Grupo III (Enfermo):
Tratamiento y control. Se establecen al menos tres evaluaciones al año (cada 4 meses), aunque la frecuencia se ajusta según la estabilidad de la patología. Las acciones incluyen tratamiento médico, educación sobre su enfermedad y prevención de complicaciones.
Grupo IV (Discapacidad):
Rehabilitación. Al igual que el grupo III, requiere al menos tres evaluaciones al año (cada 4 meses). El enfoque es multidisciplinario, buscando la recuperación funcional máxima posible y la reinserción social del individuo.
Referencias Bibliográficas
Batista Moliner, R., Sansó Soberats, F., & Feal Cañizares, P. (2001). La dispensarización: una vía para la evaluación del proceso salud-enfermedad. Revista Cubana de Medicina General Integral, 17(2), 109-120.
Senado Dumoy, J. (1999). Los factores de riesgo en el proceso salud-enfermedad. Revista Cubana de Medicina General Integral, 15(4), 453-460.
Tafani, R., Chiesa, G., Caminati, R., & Gaspio, N. (2013). Factores de riesgo y determinantes de la salud. Revista de Salud Pública, 17(4), 53-68.