Desde una perspectiva de gestión estratégica, la principal ventaja del Costeo Basado en Actividades (ABC) es su capacidad para desglosar la "caja negra" de los costos indirectos. Según Horngren, Datar y Rajan (2021), este modelo supera las limitaciones de las tasas tradicionales al establecer vínculos causales entre las actividades y el consumo de recursos, lo que permite una asignación más apropiada a productos y clientes. Esta precisión no solo perfecciona la fijación de precios, sino que, al hacer visibles las actividades que no agregan valor, se convierte en una herramienta compatible con sistemas de mejora continua y gestión del desempeño, permitiendo a la gerencia eliminar ineficiencias operativas.
Sin embargo, la implementación del ABC enfrenta barreras pragmáticas significativas que no pueden ser ignoradas. Garrison, Noreen y Brewer (2021) advierten que la recolección de datos sobre las actividades y sus generadores de costo (cost drivers) es un proceso extremadamente complejo y costoso, que demanda una inversión de tiempo que muchas organizaciones no pueden sostener a largo plazo. Adicionalmente, incluso bajo este modelo sofisticado, persiste la dificultad técnica de asignar ciertos gastos generales de infraestructura sin recurrir a criterios arbitrarios, lo que nos obliga a cuestionar si el nivel de exactitud obtenido justifica siempre el esfuerzo administrativo desplegado.
Referencias Bibliográficas:
- Garrison, R. H., Noreen, E. W., & Brewer, P. C. (2021). Contabilidad administrativa (17.ª ed.). McGraw-Hill Education.
- Horngren, C. T., Datar, S. M., & Rajan, M. V. (2021). Contabilidad de costos: Un enfoque gerencial (17.ª ed.). Pearson Educación.