La metodología startup nos enseña que el éxito es diseñable, ya que este no es cuestión de suerte, sino que puede reinventarse siguiendo un proceso correcto que se puede aprender y enseñar. Además, al tratarse de una metodología que va aprendiendo mientras se desarrolla, en caso de que alguna idea no sea viable, se puede volver a empezar sin que cueste más de lo estimado.
También, la metodología permite que el modelo de negocio evolucione de forma iterativa y flexible, integrando el aprendizaje continuo para encontrar un modelo rentable, escalable y repetible antes de convertirse en una empresa formal. Por último, existe una productividad a través del pivote y que éste no se considere un fracaso, sino una necesidad de ser productivo al encontrar una dirección más positiva basada en evidencias empíricas.