Como madre soltera y empleada del sector público, un diagnóstico de cáncer en este momento de mi vida interrumpiría de forma significativa tareas fundamentales de mi día a día. En primer lugar, se vería afectada mi capacidad para cumplir con mis responsabilidades laborales, ya que los tratamientos, las citas médicas y el desgaste físico y emocional limitarían mi rendimiento y continuidad en el trabajo, poniendo en riesgo la estabilidad económica de mi hogar.
Asimismo, se alterarían mis tareas de cuidado y acompañamiento de mi hija, como atender sus necesidades emocionales, supervisar sus actividades escolares y mantener las rutinas familiares. También se verían interrumpidas actividades personales básicas, como mi cuidado personal, descanso y la poca vida social que llevo.
En conjunto, el cáncer no solo impactaría mi salud, sino que produciría una reorganización forzada de mis roles como madre, trabajadora y mujer.