Cuando hablamos de Fibrosis Quística (FQ), la nutrición no es solo un "complemento" del tratamiento, sino un pilar central que dicta el pronóstico de la enfermedad.
La intervención clave: Optimización del estado nutricional y balance energético
Si tuviera que señalar la intervención más crítica, es asegurar un estado nutricional normal (medido por el IMC o peso para la talla) a través de una dieta hipercalórica e hiperproteica, apoyada por una Terapia de Reemplazo de Enzimas Pancreáticas (TREP) adecuada.
¿Por qué es tan importante?
La razón es la conexión directa y bidireccional entre los pulmones y el sistema digestivo (el famoso eje pulmón-nutrición):
- Reserva para la inflamación: Los niños con FQ viven en un estado de inflamación crónica y suelen tener infecciones pulmonares recurrentes. Estas infecciones elevan drásticamente el gasto energético. Si el niño no tiene reservas (grasa y músculo), el cuerpo entra en un estado catabólico, debilitando los músculos respiratorios.
- Función Pulmonar (FEV1): Existe una correlación científica probada: a mejor estado nutricional, mejor función pulmonar. Un niño con un IMC por debajo del percentil 50 suele mostrar un deterioro más rápido de su capacidad respiratoria.
- Malabsorción: Como la mayoría de estos pacientes presentan insuficiencia pancreática, sin las enzimas adecuadas, aunque el niño coma mucho, no absorbe los nutrientes. Esto genera un déficit calórico que acelera el deterioro clínico.
Para evitar que el niño "caiga" clínicamente, debemos:
- Aumentar la ingesta: Entre el 110% y el 200% de las recomendaciones para un niño sano de su edad.
- Controlar las grasas: Deben aportar el 35-40% de las calorías totales.
- Suplementación vitamínica: Enfoque especial en vitaminas liposolubles (A, D, E, K).
Referencia Bibliográfica
Turck, D., et al. (2016). ESPEN-ESPGHAN-ECFS guidelines on nutrition care for infants, children, and adults with cystic fibrosis. Clinical Nutrition, 35(3), 557-577. doi:10.1016/j.clnu.2016.03.004.