La nutrición parenteral (NP) ha sido tradicionalmente considerada una terapia de rescate en pacientes pediátricos que no pueden recibir nutrición enteral debido a fallo gastrointestinal, cirugía mayor o enfermedades que contraindican el tracto digestivo. Las guías clásicas priorizan la nutrición enteral precoz dentro de las primeras 24-48 horas del ingreso en la unidad de cuidados intensivos pediátricos, promoviendo mejores resultados clínicos y reducción de complicaciones infecciosas.
Además, estudios sobre nutrición óptima en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales documentan que un aporte adecuado de macronutrientes desde fases tempranas puede influir positivamente en índices de desarrollo neurológico a largo plazo en prematuros una justificación para considerar NP precoz en este subgrupo de alto riesgo.
Evidencia de ensayos clínicos aleatorizados ha mostrado que retrasar la NP por hasta una semana (esperando tolerancia enteral puede resultar en menos infecciones, estancias más cortas y mejores resultados clínicos comparado con inicio inmediato en los primeros días de ingreso. Este hallazgo sostiene la recomendación de priorizar alimentación enteral precoz y reservar NP a aquellos que realmente la necesitan o no toleran la vía enteral de manera segura.
En conclusión, la NP no debe limitarse únicamente como terapia de rescate convencional. En contextos clínicos específicos como prematuros de muy bajo peso, malabsorción severa o cirugía gastrointestinal compleja puede considerarse una intervención precoz cuidadosamente balanceada con riesgos metabólicos e infecciosos. La decisión debe basarse en criterios clínicos, tolerancia digestiva y una evaluación multidisciplinaria para optimizar resultados nutricionales y clínicos.
REFERENCIAS
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