Saludos, Sebastián. Gracias por tu aporte. Coincido en que la nutrición enteral precoz debe ser la estrategia prioritaria en el niño hospitalizado, y que la evidencia del estudio PEPaNIC obliga a ser cautelosos con el inicio rutinario de NP en pacientes críticamente enfermos. Sin embargo, un aspecto que vale la pena reforzar es que los resultados de estos ensayos no deben interpretarse de forma aislada del riesgo nutricional y de la edad del paciente.
En lactantes pequeños, neonatos y niños con desnutrición previa o enfermedades crónicas, las reservas metabólicas son limitadas y el impacto de un déficit energético-proteico temprano puede ser clínicamente relevante. Las guías internacionales más recientes enfatizan que, cuando se prevé una incapacidad para cubrir los requerimientos por vía enteral durante varios días, la NP temprana puede ser una herramienta preventiva más que una intervención reactiva, siempre que exista una monitorización estricta de complicaciones metabólicas e infecciosas.
Además, más allá del momento de inicio, la calidad de la NP (adecuado aporte proteico, progresión gradual de glucosa y lípidos, y ajuste según fase de la enfermedad) resulta determinante para evitar sobrealimentación y efectos adversos. En este sentido, la NP no debería plantearse como una dicotomía “temprana versus tardía”, sino como parte de una estrategia flexible, individualizada y reevaluada diariamente por un equipo multidisciplinario.
En conclusión, el desafío actual no es decidir si la NP es solo de rescate o precoz, sino identificar qué pacientes se benefician realmente de su uso oportuno, evitando tanto la desnutrición como la sobreintervención nutricional.
Bibliografía
ESPGHAN, ESPEN, ESPR, & CSPEN. (2018). Guidelines on pediatric parenteral nutrition. Clinical Nutrition, 37(6), 2303–2305.
Fivez, T., et al. (2016). Early versus late parenteral nutrition in critically ill children. New England Journal of Medicine, 374(12), 1111–1122.
Mehta, N. M., et al. (2017). Guidelines for nutrition support therapy in the pediatric critically ill patient. JPEN, 41(5), 706–742.
En lactantes pequeños, neonatos y niños con desnutrición previa o enfermedades crónicas, las reservas metabólicas son limitadas y el impacto de un déficit energético-proteico temprano puede ser clínicamente relevante. Las guías internacionales más recientes enfatizan que, cuando se prevé una incapacidad para cubrir los requerimientos por vía enteral durante varios días, la NP temprana puede ser una herramienta preventiva más que una intervención reactiva, siempre que exista una monitorización estricta de complicaciones metabólicas e infecciosas.
Además, más allá del momento de inicio, la calidad de la NP (adecuado aporte proteico, progresión gradual de glucosa y lípidos, y ajuste según fase de la enfermedad) resulta determinante para evitar sobrealimentación y efectos adversos. En este sentido, la NP no debería plantearse como una dicotomía “temprana versus tardía”, sino como parte de una estrategia flexible, individualizada y reevaluada diariamente por un equipo multidisciplinario.
En conclusión, el desafío actual no es decidir si la NP es solo de rescate o precoz, sino identificar qué pacientes se benefician realmente de su uso oportuno, evitando tanto la desnutrición como la sobreintervención nutricional.
Bibliografía
ESPGHAN, ESPEN, ESPR, & CSPEN. (2018). Guidelines on pediatric parenteral nutrition. Clinical Nutrition, 37(6), 2303–2305.
Fivez, T., et al. (2016). Early versus late parenteral nutrition in critically ill children. New England Journal of Medicine, 374(12), 1111–1122.
Mehta, N. M., et al. (2017). Guidelines for nutrition support therapy in the pediatric critically ill patient. JPEN, 41(5), 706–742.