En el paciente pediátrico hospitalizado, la evidencia de guías internacionales recientes indica que la nutrición enteral temprana (24–48 h) es la estrategia de soporte nutricional de elección y que la nutrición parenteral (NP) no debe emplearse de rutina en las primeras 48–72 h tras el ingreso crítico si la vía enteral es viable, reservándose para casos con contraindicaciones claras de la vía gastrointestinal o incapacidad de alcanzar ≥ 60% de necesidades energéticas por enteral; múltiples ensayos, incluido el de Nutrición parenteral temprana versus tardía en la unidad de cuidados intensivos pediátricos (PEPaNIC) realizado en 2018, muestran que retrasar NP hasta después de la primera semana reduce infecciones, estancia en UCIP y soporte orgánico comparado con NP precoz, sin detrimento en crecimiento o mortalidad tardía, por lo que actualmente NP suele considerarse terapia de rescate optimizada y no intervención precoz sistemática, aunque en contextos clínicos específicos como en casos de malnutrición grave, intolerancia persistente a NE o falla intestinal se justifica su inicio más temprano bajo supervisión multidisciplinaria.
Bibliografía
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