El crecimiento del Valor Económico Agregado (EVA) debe tratarse de manera holística y abordarse estratégicamente junto con sus tres partes principales: el beneficio operativo después de impuestos, la cantidad de capital invertido y el costo promedio ponderado del capital.
Primero, el crecimiento del EVA se puede lograr aumentando el beneficio operativo durante un período de tiempo más largo, no necesariamente aumentando los ingresos totales, sino mejorando el margen operativo.
Esto incluiría una optimización de la estructura de costos y un intento de centrarse en líneas de negocio que tengan una mayor rentabilidad económica, aumentar la productividad de los activos de una empresa y tomar decisiones de precios basadas en la creación de valor, en lugar de simplemente la cuota de mercado.
En segundo lugar, la gestión del capital invertido es crucial para evitar la destrucción de valor. Por lo tanto, una reducción en la base sobre la cual se requiere el rendimiento mínimo a través de la optimización del capital de trabajo y la racionalización de las inversiones. Se puede justificar una mayor inversión de capital solo si el rendimiento esperado a lo largo del tiempo supera consistentemente el WACC.
Finalmente, una estrategia de reducción del WACC también está asociada con un efecto positivo en el EVA. A esto se puede añadir un modelo financiero más efectivo, prácticas efectivas de gestión de riesgos, mayor confianza en la organización de fondos y su credibilidad ante inversores e instituciones financieras, así como una política de financiamiento clara que combine deuda y capital en la mayor medida posible.
En conjunto, el EVA debe maximizarse a través de una perspectiva estratégica que reúna la toma de decisiones operativas, financieras, de inversión y estratégicas que no solo se centren en la contabilidad para generar beneficios contables, sino en generar un verdadero y duradero valor económico para los accionistas.