Nutrición enteral vs parenteral en el niño hospitalizado
En el paciente pediátrico hospitalizado, la nutrición parenteral (NP) ha sido tradicionalmente considerada una terapia de rescate, reservada para situaciones en las que la nutrición enteral (NE) no es posible o resulta insuficiente. Sin embargo, la evidencia actual sugiere que, en determinados contextos clínicos, la NP debe considerarse una intervención precoz y planificada, más que una medida tardía.
La nutrición enteral continúa siendo la vía de elección siempre que el tracto gastrointestinal sea funcional, debido a sus beneficios sobre la integridad intestinal, la modulación inmunológica y el menor riesgo de infecciones asociadas. No obstante, existen escenarios pediátricos como insuficiencia intestinal, íleo prolongado, enterocolitis necrosante grave, síndrome de intestino corto, choque séptico inestable o imposibilidad de alcanzar ≥60% de los requerimientos por vía enteral en los que retrasar la NP incrementa el riesgo de desnutrición, pérdida de masa magra y peor evolución clínica.
Las guías conjuntas de ESPGHAN/ESPEN/ESPR/CSPEN recomiendan iniciar nutrición parenteral precozmente en niños con alto riesgo nutricional cuando se prevé una ingesta enteral inadecuada por más de 3–5 días, especialmente en lactantes y pacientes críticamente enfermos, debido a sus limitadas reservas metabólicas (ESPGHAN et al., 2018). En este sentido, la NP temprana no sustituye a la NE, sino que la complementa como parte de una estrategia nutricional individualizada y dinámica.
En conclusión, la nutrición parenteral ya no debe entenderse únicamente como terapia de rescate, sino como una intervención precoz indicada en contextos clínicos específicos, con el objetivo de prevenir el deterioro nutricional y mejorar los resultados clínicos en el niño hospitalizado.
Bibliografía
ESPGHAN, ESPEN, ESPR, & CSPEN. (2018). Guidelines on pediatric parenteral nutrition. Clinical Nutrition, 37(6), 2303–2305.