Para aumentar el Valor Económico Agregado (EVA), es indispensable actuar estratégicamente sobre uno o varios de sus componentes fundamentales: la rentabilidad operativa, el capital invertido y el costo de capital. En primer lugar, una alternativa clave consiste en mejorar la eficiencia operativa, incrementando el resultado operativo después de impuestos mediante la optimización de procesos, la reducción de costos innecesarios y el fortalecimiento de la productividad. Estas acciones permiten generar mayores beneficios sin requerir incrementos proporcionales en la inversión.
En segundo término, la gestión adecuada del capital invertido resulta determinante para el crecimiento del EVA. La racionalización de activos, la eliminación de inversiones improductivas y una administración más eficiente del capital de trabajo contribuyen a reducir el volumen de recursos empleados, lo que impacta positivamente en el valor generado por la empresa.
Finalmente, otra estrategia relevante es la disminución del costo de capital, lo cual puede lograrse a través de una estructura financiera más equilibrada, el acceso a fuentes de financiamiento más económicas y la reducción del riesgo percibido por los inversionistas. Al combinar estas estrategias de manera coherente, la organización no solo incrementa su EVA, sino que también fortalece su sostenibilidad financiera y su capacidad de creación de valor a largo plazo.
Referencia:
Stewart, G. B. (1991). The quest for value: A guide for senior managers. New York, NY: Harper Business.