Para incrementar el Valor Económico Agregado (EVA), es indispensable adoptar una visión integral que permita intervenir estratégicamente en cualquiera de sus tres componentes: la Utilidad Antes de Intereses y Después de Impuestos (UAIDI), el capital invertido y el Costo Promedio Ponderado del Capital (CPPC). El propósito fundamental es asegurar que la rentabilidad generada por la empresa sea superior al costo de los recursos empleados, ya que, de lo contrario, aun cuando existan utilidades contables, se estaría destruyendo valor económico.
Desde la perspectiva de la utilidad operativa (UAIDI), la estrategia debe enfocarse tanto en el crecimiento de los ingresos como en la eficiencia de los costos. El incremento de ingresos puede lograrse mediante el aumento del volumen de ventas, la incursión en nuevos mercados o una mejor gestión de precios, siempre que las condiciones del mercado lo permitan. Resulta clave priorizar aquellos productos o servicios que aportan mayor margen y rentabilidad, y replantear o eliminar los que no contribuyen de manera significativa al resultado operativo. Paralelamente, una gestión eficiente de costos y gastos operativos permite mejorar la utilidad sin necesidad de aumentar los activos, a través de la optimización de procesos, la eliminación de actividades que no agregan valor, la tercerización de funciones no estratégicas y una adecuada planificación tributaria dentro del marco legal.
En cuanto al capital invertido, la creación de valor se ve favorecida cuando la empresa logra generar las mismas utilidades utilizando menos recursos. Una gestión eficiente del capital de trabajo es fundamental para este objetivo, reduciendo el ciclo de efectivo mediante políticas más efectivas de cobranza y una administración óptima de inventarios que evite excesos de stock. Asimismo, es importante evaluar periódicamente la estructura de los activos fijos, considerando alternativas como el arrendamiento en lugar de la compra, o la venta de activos improductivos u obsoletos, con el fin de liberar capital que no está generando rentabilidad.
Finalmente, el CPPC representa el rendimiento mínimo exigido por los inversionistas y acreedores, por lo que reducirlo contribuye directamente al incremento del EVA. Esto puede lograrse a través de una estructura de financiamiento equilibrada, aprovechando el apalancamiento financiero cuando el costo de la deuda es menor que la rentabilidad de los activos, sin comprometer la estabilidad financiera de la empresa. Adicionalmente, la búsqueda de fuentes de financiamiento más eficientes, la negociación de mejores tasas de interés y el fortalecimiento del perfil crediticio de la organización permiten disminuir el costo promedio del capital.
En conclusión, la generación de valor económico no es el resultado de una acción aislada, sino de una gestión estratégica integral que combine eficiencia operativa, uso inteligente de los recursos y una estructura financiera adecuada. Solo mediante este equilibrio es posible asegurar que la empresa no solo sea rentable en términos contables, sino que también cree valor real y sostenible para sus inversionistas.
Referencias:
Stewart, G. B. (1991). The Quest for Value: A Guide for Senior Managers. Harper Business.
Ross, S. A., Westerfield, R. W., & Jordan, B. D. (2019). Fundamentals of Corporate Finance (12th ed.). McGraw-Hill Education.