En un paciente pediátrico crítico la sobrealimentación es considerada un riesgo y un mal pronóstico. Brindar alimentación completa, es decir, al 100% de los requerimientos desde el inicio en estos pacientes resulta ser perjudicial para su salud; esto se ha evidenciado en diversos ensayos de intervención nutricional y por tal motivo las guías actuales de la ESPEN recomiendan un inicio gradual y lento de la nutrición, sea enteral o parenteral.
La sobrealimentación puede explicarse mediante varios mecanismos, uno de ellos es mediante la autofagia, en la cual se menciona que la sobrenutrición provocará un “bloqueo” de la autofagia que conlleva a que se inhiba la descomposición de proteínas y demás orgánulos intracelulares dañados, prolongando así la falla orgánica y ocasionando que el paciente no mejore, aumente su morbilidad y se prolongue su estancia hospitalaria.
Una intervención nutricional adecuada debe ser individualizada, considerando la fase metabólica que está atravesando el paciente ya que cada fase (Ebb, Flow temprana, Flow tardía) tiene sus propias características y necesidades; por ejemplo, en la fase aguda del metabolismo el objetivo nutricional se centra en atenuar las pérdidas de masa magra, por lo que la proteína es clave y prioritaria frente a las calorías; de esta forma se evita un excesivo catabolismo muscular. En la fase Flow o catabólica, el paciente presenta un proceso de inflamación sistémica activa importante acompañado de hipercatabolismo proteico, aumento del gasto energético, resistencia a la insulina, incremento de gluconeogénesis endógena, que si realizamos un aporte nutricional energético excesivo (sobrealimentación) puede conllevar a complicaciones y alteraciones metabólicas. (Cehan et al., 2025; Reintam Blaser et al., 2023)
Los pacientes que reciben nutrición parenteral tienen más riesgo de sobrealimentación, primero porque la vía endovenosa no está sujeta a limitaciones mecánicas del volumen/calorías infundidas y porque pierde el factor limitante de la tolerancia enteral.(Blasco & Moreno, 2023)
Desde la experiencia clínica, es frecuente observar pacientes pediátricos críticamente enfermos que, al recibir un aporte calórico excesivo de forma precoz sin considerar su fase metabólica, desarrollan hiperglicemia persistente o intolerancia metabólica, obligando a reducir el soporte nutricional. Por ende, un enfoque individual e integral es más beneficioso en el paciente.
Como ejemplo de caso clínico de la práctica diaria tenemos un paciente que se encuentra en su postquirúrgico inmediato (24 horas) y recibe aporte energético completo precoz, sin ajustes ni enfatizar en proteínas, lo más probable es que ocasione un cuadro hiperglucémico, elevación de perfil lipídico (triglicéridos). Esto lleva retraso en recuperación, es por lo que el propósito es contar con una prescripción específica de cada paciente, que sea gradual o progresiva.
(Cehan et al., 2025; Reintam Blaser et al., 2023)
Referencias bibliográficas:
Blasco, J., & Moreno, A. (2023). Nutrición en el paciente crítico. Protocolos Diagnósticos Pediátricos. Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica. https://static.aeped.es/47_nutr_critico_f096bef6f4.pdf
Cehan, V. D., Cehan, A. R., Pui, M. C., & Lazar, A. (2025). A New Perspective on Overfeeding in the Intensive Care Unit (ICU): Challenges, Dangers and Prevention Methods. Life 2025, Vol. 15, Page 828, 15(5), 828. https://doi.org/10.3390/LIFE15050828
Reintam Blaser, A., Rooyackers, O., & Bear, D. E. (2023). How to avoid harm with feeding critically ill patients: a synthesis of viewpoints of a basic scientist, dietitian and intensivist. Critical Care 2023 27:1, 27(1), 258-. https://doi.org/10.1186/S13054-023-04543-1