Los modelos analizados tanto en la sesión actual en la anterior aportan herramientas complementarias para evaluar el rendimiento del accionista, cada uno desde enfoques y supuestos distintos lo que permite una visión más integral del desempeño financiero y de la creación de valor.
En los modelos centrados en indicadores contables y financieros tradicionales como la rentabilidad sobre el patrimonio ROE el beneficio por acción o los flujos de caja resultan especialmente útiles por su simplicidad, comparabilidad y facilidad de cálculo, ya que esto permite identificar de manera clara si la empresa genera utilidades suficientes en relación con los recursos aportados por los accionistas, sin embargo, su principal limitación radica en que se apoya en información histórica y contable, lo cual puede no reflejar adecuadamente el riesgo asumido ni las expectativas futuras del inversionista. Por otra parte de acuerdo al Valor Económico Agregado EVA, el rendimiento total del accionista o los modelos basados en el costo de capital, aportan una perspectiva amplia y estratégica, pues en realidad estos enfoques no solo consideran la utilidad generada sino también el costo de oportunidad del capital, el riesgo y las variaciones en el valor de mercado de la empresa, en este sentido ofrecen una medida más robusta de la validez del rendimiento del accionista ya que permiten evaluar si realmente se está creando valor económico y no solo ganancias contables.
Finalmente, y a manera de conclusión se puede manifestar que ningún modelo, por sí solo es suficiente para validar completamente el rendimiento del accionista, los modelos tradicionales son útiles como punto de partida y para análisis operativos, mientas que los modelos de valor agregado y de mercado son esenciales para una evaluación desde la perspectiva del inversionista, demostrando que la combinación de ambos enfoques fortalece la validez del cálculo del rendimiento, al integrar resultados financieros, riesgo, expectativas y sostenibilidad en el tiempo.